26.8.09


Entrábamos en este momento en el Salón cuadrado. Se plantó delante de Las bodas de Caná. Con su sombrero echado hacia atrás y el abrigo colgado del brazo. Parecía extasiado.

Esto sí que es pintura. El fragmento, el conjunto de los volúmenes, los valores, la composición, la palpitación, no le falta nada... ¿No lo ves? ¡Es sorprendente!... ¿Qué es lo que somos?... Cierra los ojos, espera, no pienses en nada. Ábrelos... ¿Eh, qué tal?... Sólo se nota una gran ondulación de color, ¿eh? Una irisación, colores, una riqueza de colores. Esto es lo que ante todo nos ha de dar el cuadro, un calor armónico, un abismo por donde se precipite la mirada, una sorda germinación. Un estado de gracia coloreado. Todos estos tonos te coren por la sangre, ¿no es verdad? Fortifican. Es como nacer al mundo de verdad. Te conviertes en ti mismo, te conviertes en pintura... Para que te guste un cuadro tienes que habértelo bebido antes, así, a grandes tragos. Perder consciencia. Bajar con el pintor hasta raíces oscuras y enmarañadas de las cosas, subir después con los colores, florecer con ellos a la luz. Saber ver. Sentir... Sobre todo delante de una gran maquinaria como las que construía Veronés. Anda, que este si que se lo pasaba bien. Y logra que también se lo pasen bien todos los que le comprenden. Es un fenómeno único. Pintaba de la misma manera que nosotros miramos. Sin más esfuerzo. Bailando. Estos chorros de matices le brotaban del cerebro, igual que a mí me brota de los labios todo lo que te estoy diciendo. Hablaba en colores. ¡Qué extraño, no sé casi nada de su vida! Y tengo la sensación de haberlo conocido siempre. Veo cómo anda, cómo va y viene, cómo se enamora, por Venecia, ante sus telas, con sus amigos. Una sonrisa franca. Una mirada cálida. Un cuerpo sincero. Seres y objetos le entraban en el alma con el sol, sin que nada se los separara de la luz, sin dibujo, sin abstracciones, todo en colores. Agún día los exteriorizaba, los mismos aunque, sin que sepa la causa, vestidos de suave gloria. Dichosos como si hubiesen respirado una música misteriosa. La misma que aquí irradia, ves, de este grupo, en el centro, mientras que las mujeres y los perros la escuchan, y los hombres la acarician con sus manos vigorosas.La plenitud del pensamiento en el placer y del placer en la salud, date cuenta, creo que esto es Veronés, la plenitud de la idea en los colores. Embadurnaba sus telas con una extensa capa grisácea, sí, por esa época lo hacían todos, y así se iniciaba su primera tentativa, como un pedazo de tierra antes de que el día, el espíritu amanezca...


Joaquim Gasquet.
Paul Cézanne.