22.12.09

Vasco de Gama no debió de quedar menos maravillado cuando, en 1498, atracó en la costa de Malabar. Entonces todo cambia en el globo: aparece una naturaleza nueva; se alza el telón que desde hacía miles de siglos ocultaba una parte de la tierra: se descubre la patria del sol, el lugar de donde sale cada mañana "semejante al esposo que sale de su tálamo, se lanza alegre, como valiente, tanquam sponsus, ut gigas". Se ve desnudo ese sabio y brillante Oriente, cuya historia misteriosa se mezclaba con los viajes de Pitágoras, con las conquistas de Alejandro, con el recuerdo de las Cruzadas, y cuyos perfumes nos llegaban a través de los campos de Arabia y de los mares de Grecia. Europa le envió a un poeta para saludarlo: el cisne del Tajo hizo oír su triste y hermosa voz en las costas de la India; Camoes tomó de ellas su esplendor, su fama y su tristeza; no les dejó más que sus riquezas.


François de Chateaubriand
Memorias de ultratumba