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14.1.24

Böhmen liegt am Meer (Bohemia está junto al mar), 1996. Anselm Kiefer





Bohemia está junto al mar



Si las casas son verdes aquí, entro aún en una casa.

Si los puentes están enteros aquí, camino sobre un buen suelo.

Si las penas de amor están perdidas para siempre, me gusta perderlas aquí.


Si no soy yo será alguien tan bueno como yo.


Si aquí una palabra linda conmigo, la dejo lindar.

Si bohemia está aún junto al mar, vuelvo a creer en los mares.

Y si aún creo en el mar, confiaré en la tierra.


Si soy yo, lo es cualquiera que sea como yo.

Ya no quiero nada para mí. Quiero hundirme.


Al fondo -es decir, hacia el mar, allí reencontraré Bohemia.

Si estoy en el fondo, me despierto tranquilo.

En el fondo lo sé ahora, y no estoy perdido.


Venid, vosotros, todos los bohemios, marineros, putas de puerto y barcos

sin anclar. No queréis ser bohemios, vosotros, todos los ilirios, veroneses

y venecianos. Representad las comedias que hacen reír


y que son para llorar. Y equivocáos cien veces

como yo me equivoqué y nunca pasé las pruebas,

pero las pasé, una y otra vez.


Cuando las pasó Bohemia y un buen día

hacia el mar fue perdonada y ahora está junto al agua.


Yo lindo aún con una palabra y con otro país,

yo lindo, aunque poco, con todo cada vez más,


un bohemio, un vagabundo, que no tiene nada, a quien nada retiene,

dorado sólo por el mar, que es cuestionable, para ver la tierra de mi elección.


Ingeborg Bachmann



El último poema en que la autora trabajó fue “Bohemia está junto al mar”, y se pronunció largamente sobre él en una entrevista:


“Y para mí es el poema que siempre defenderé. Se dirige a todas las personas, porque es el país de su esperanza, que no alcanzarán nunca. Y a pesar de ello han de tener esperanza, porque si no no pueden vivir. (...) Es el poema de mi vuelta a casa, no de una vuelta a casa geográfica, sino espiritual. Por eso lo llamé “Bohemia junto al mar”. (...) Y bohemios para mí no significan que son bohemios sino que todos somos bohemios. Y tenemos esperanza en este mar y en esta tierra. Y quien no tiene esperanza en este país, quien no vive y ama, para mí no es una persona. Por eso dije “Venid, vosotros, todos los bohemios”.


Ingeborg Bachmann

Últimos poemas

1.10.22

 

Anselm Kiefer. Palazzo Ducale, Venice 2022



After the visit to Venice, I thought about what to do in the Palazzo Ducale. Oddly enough, I had the Reclam booklet of Goethe´s Faust: Part II in my suitcase. I usually start the day with a stroll through the library where I almost always find the "right" book for the day there, so I felt I had packed the right travel reading. Because of the return flight I suddenly superimposed Venice and Faust: Part II in my mind. And there are a lot of correspondences, some of which are superficial. Such as the fact that Faust, before he dies, is still very active and acquires land. He tears the land from the sea the way the Venetians did by building on the sea. At first, they settled on the terra firma, and then gradually all over the world. They spread out in all directions like Faust, committing murder and manslaughter. (Because of Faust, the elderly Baucis and her husband Philemon, who are living in a modest hut on the seashore, are killed. All Faust wants to do is relocate them, but his helpers make short work of them.)


But there are a multitude of other, even deeper analogies:


Just as Venice, its architecture, is an interplay of the Orient with the occident, the Helen scene in Faust: Part II is also the synthesis of very different cultures, namely the Romantic North with the Greek Classical period. This goes so far that Helen learns from Faust to write poetry like a Nordic poet. She completes Faust´s verses in his verse style.


An aside: it was so beautiful to walk in the empty Venice during the lockdown. Venice, abused by mass tourism, was suddenly an intemerata (inviolate) just as Helen, abused by so many men, becomes a pure idea when she meets Faust, a cloud on which Faust floats away. Just as Faust summoned Helen, I now had to summon Venice with my images. What have I gotten myself into?


Just as spaces and times interpenetrate in the act of Helen, so the empty Venice, the moment, becomes eternity. No time binds the poet, the painter, just as Helen is timeless. The poet sits there like Manto in Act Two, waiting for those who are circled by Time.


The history of Venice is one of constant up and down, with victories and defeats following one another in the Middle East, in the Far East, in Crete, in Dalmatia...


In the Walpurgis Night of Faust: Part II, all kinds of mythological figures from the most diverse eras appear in a masked ball bursting at the seams.

There is no drama in the classical scene, but only parts, no casual succession, but only interplaying structures. A world is created within a world.


So, I will not give the history of Venice, the constant up and down, chronologically, but as simultaneity, (as) simultaneity of something and nothing.

Built on water, just as Venice is built on water, ever rising so that it is contemporary and it is no more.

Mephisto, the spirit who always denies, who is always the opposing voice, fits this concept very well. At the imperial court he is the mad herald of "Reason". Institutionally, he even replaces the jester there. However, for Goethe, all the confusion of the Walpurgis Night, the seemingly arbitrary stringing together of mythologies, is not nihilism, but rather a way to overcome the limits of his consciousness. Through these apparent worlds, he wants to free himself from pure appearance.

Andrea Emo´s story is completely different: for him, being is not something from whose appearance one can free oneself through reflection, as Schopenhauer did. For Andrea Emo, being is "the completely real presence of nothingness."

Hence, there is no "redemption" anymore, no "if someone makes a strenuous effort, we can redeem him," the  self is transformed into the eternal.


(You see: I would like Andrea Emo to become the reason for our exhibition).


Andrea Emo would certainly come up with the right thing to say to Goethe´s "If ever I to the moment shall say: Oh, stay! You are so beautiful..."


In the meantime, I have found the title for our exhibition:


Questi scritti, quando verranno bruciati, daranno finalmente un po´di luce

(These writings, when burned, will finally cast a little light)


Anselm Kiefer

Diaries



Tras la visita a Venecia, pensé en qué hacer en el Palacio Ducal. Curiosamente, tenía el cuaderno Reclam de Fausto de Goethe: Parte II en mi maleta. Suelo empezar el día con un paseo por la biblioteca, donde casi siempre encuentro el libro "adecuado" para el día, así que sentí que había metido en la maleta la lectura de viaje adecuada. Durante el vuelo de regreso, de repente superpuse Venecia y Fausto: Parte II en mi mente. Y hay muchas correspondencias, algunas de ellas superficiales. Como el hecho de que Fausto, antes de morir, sigue siendo muy activo y adquiere tierras. Arranca la tierra del mar de la misma manera que los venecianos lo hicieron construyendo sobre el mar. Al principio, se instalaron en tierra firme, y luego, poco a poco, en todo el mundo. Se extienden en todas las direcciones como Fausto, cometiendo asesinatos y homicidios. (Por culpa de Fausto, la anciana Baucis y su marido Filemón, que viven en una modesta cabaña a orillas del mar, son asesinados. Lo único que Fausto quiere es recolocarlos, pero sus ayudantes no se tomaron mucho tiempo con ellos).


Pero hay una multitud de otras analogías aún más profundas:


Así como Venecia, su arquitectura, es una interacción de Oriente con Occidente, la escena de Helena en Fausto: Parte II es también la síntesis de culturas muy diferentes, a saber, el norte romántico con el período clásico griego. Esto llega hasta el punto de que Helena aprende de Fausto a escribir poesía como un poeta nórdico. Ella completa los versos de Fausto en su estilo de verso.


Un apunte: fue muy bonito pasear por la Venecia vacía durante el encierro. Venecia, maltratada por el turismo de masas, era de repente una intemerata (inviolada), igual que Helena, maltratada por tantos hombres, se convierte en una idea pura cuando se encuentra con Fausto, una nube en la que Fausto se aleja flotando. Al igual que Fausto convocó a Helena, ahora tenía que convocar a Venecia con mis imágenes. ¿En qué me he metido?


Al igual que los espacios y los tiempos se interpenetran en el acto de Helena, la Venecia vacía, el momento, se convierte en eternidad. Ningún tiempo ata al poeta, al pintor, así como Helena es intemporal. El poeta se sienta allí, como Manto en el segundo acto, a la espera de aquellos que están rodeados por el tiempo.


La historia de Venecia es un constante vaivén, con victorias y derrotas que se suceden en Oriente Medio, en Extremo Oriente, en Creta, en Dalmacia...


En la Noche de Walpurgis de Fausto: Parte II, aparecen todo tipo de figuras mitológicas de las más diversas épocas en un baile de máscaras a punto de estallar.

No hay drama en la escena clásica, sino sólo partes, no hay sucesión casual, sino sólo estructuras que se entrecruzan. Se crea un mundo dentro de otro mundo.


Así que no daré la historia de Venecia, una constante ascensión y descenso, cronológicamente, sino como simultaneidad, (como) simultaneidad de algo y nada.

Construida sobre el agua, como Venecia está construida sobre el agua, siempre en ascenso para que sea contemporánea y no sea más.

Mefisto, el espíritu que siempre niega, que siempre es la voz contraria, encaja muy bien en este concepto. En la corte imperial es el heraldo loco de la "Razón". Institucionalmente, incluso sustituye allí al bufón. Sin embargo, para Goethe, toda la confusión de la Noche de Walpurgis, el encadenamiento aparentemente arbitrario de mitologías, no es nihilismo, sino una forma de superar los límites de su conciencia. A través de estos mundos aparentes, quiere liberarse de la pura apariencia.

La historia de Andrea Emo es completamente diferente: para él, el ser no es algo de cuya apariencia uno puede liberarse a través de la reflexión, como hizo Schopenhauer. Para Andrea Emo, el ser es "la presencia completamente real de la nada".

Por lo tanto, ya no hay "redención", no hay "si alguien hace un esfuerzo extenuante, podemos redimirlo", el ser se transforma en lo eterno.


(Ya ven: me gustaría que Andrea Emo se convirtiera en el motivo de nuestra exposición).


A Andrea Emo se le ocurriría, sin duda, responder a la frase de Goethe "Si alguna vez le digo al momento: ¡Oh, quédate! Eres tan hermosa..."

Mientras tanto, he encontrado el título para nuestra exposición:


Questi scritti, quando verranno bruciati, daranno finalmente un po'di luce

(Estos escritos, cuando se quemen, arrojarán finalmente un poco de luz)


Anselm Kiefer

Diarios


12.3.18

Galerie Thaddaeus Ropac Paris, 2018. Exposition «Fur Andrea Emo», Anselm Kiefer


Yo pienso en imágenes. Los poemas me ayudan. Son como boyas en el mar. Nado hacia ellas, de una a la otra; entre ellas, sin ellas, me perdería. Son los puntos de anclaje en la inmensidad infinita, donde algo se concentra a partir del polvo interestelar, un poco de materia dentro del abismo de la antimateria. A veces, los escombros de lo habido se compactan formando nuestras palabras y asociaciones.

Algunos poemas nos hacen creer que existe un sentido que, aunque no se deja describir, si puede mostrarse, de forma que incluso pueda existir un destino último.

Cuando hablamos de adentrarnos en la historia, de adentrarnos en nosotros mismos, en nuestro interior, entonces veo la mina de Heinrich von Ofterdingen y las minas de Falún frente a mí, tal como las describieron E.T.A. Hoffmann o Johann Peter Hebel.


Es curioso: en estos textos tiene lugar al mismo tiempo un ascenso y un descenso como en Fausto de Goethe (…). Novalis habla de los mineros como astrólogos inversos y E.T.A. Hoffmann dice que en la más profunda de las profundidades, bajo el débil brillo de la luz de la linterna del minero, el ojo se vuelve clarividente y sabe ver en la maravillosa piedra el reflejo de lo que permanece oculto detrás de las nubes.


Galerie Thaddaeus Ropac Paris, 2018. Exposition «Fur Andrea Emo», Anselm Kiefer


Y este espacio vacío está vacío y lleno a la vez, al igual que los edificios vacíos de una fábrica están llenos de las huellas y los sonidos del trabajo pasado. Cada teatro vacío es un espacio lleno de imágenes y de palabras comprimidas.

El vacío total es como el silencio a gritos.

¿Un espacio vacío? Aparentemente, en nuestro mundo materialista no existe el espacio vacío. En un centímetro cúbico de aire, la medida de un terrón de azúcar, se mueven animadamente unos 45 mil millones de átomos. Esta increíble abundancia es, a la vez, un vacío inabarcable. Y es que si ampliamos un átomo hasta la altura y el ancho de la catedral de Colonia, un neutrón sería de la medida de un guisante, aunque pesaría tanto como mil catedrales, y los electrones seguirían su trayectoria girando por algún lugar más arriba de la cúpula. Entre ellos está la nada. En medio sólo actúan fuerzas desconocidas. Estamos hechos de espacio vacío.

Según las leyes naturales de la conservación de la materia, nunca se pierde ni un solo átomo. Los científicos sostienen que cada uno de nosotros lleva consigo una cantidad descomunal de átomos que ya estaban presentes desde hace millones de años en materiales muy distintos y que ahora se encuentran presentes en nosotros. Somos portadores de átomos procedentes de la playa de Ostia, átomos de las piedras del desierto de Gobi, átomos de los huesos de los dinosaurios, pero también de Shakespeare, de Martín Lutero, de Einstein, de víctimas y verdugos de siglos pasados.

A través de los átomos estamos conectados de forma material los unos a losotros. Me siento conectado con personas que han sido y que ya no son, como Ingeborg Bachmann y Paul Celan, con Ernst Bloch, Jesaja y los últimos salmistas. Me siento conectado a las personas y a las piedras que existían mucho tiempo antes de que yo naciera y con las que existirán más allá de mi muerte.

Me he criado en el Rin, el rio fronterizo. Aunque, ya por aquel entonces, no era sólo un límite geográfico. Se escuchaba el chapoteo del agua contra la orilla pedregosa, se veían las luces en la otra orilla y los peligrosos remolinos dentro del río mismo. El país situado en la otra orilla no era cualquier tierra; para el niño que no podía llegar, era una promesa de futuro, una esperanza, era la tierra prometida.

Al pensar en ello hoy, son raíces que se pierden en el umbral del espacio no invadido, el espacio que de forma prodigiosa siempre permanece vacío debido a la incongruencia entre el deseo y su fruición.

Cuando era niño aún no tenía, como es natural, ninguna idea sobre aquel país que se llamaba Francia. A la otra orilla había hileras de chopos, comienzos de carretera, pero detrás estaba el vacío, un espacio que para mí todavía no estaba habitado y que podría llenarse más tarde.

Pero la frontera era fluida, no sólo porque fluyera un río, sino porque el río se llenaba en primavera con el deshielo de la nieve de los Alpes, se expandía de forma virulenta, invadiendo los antiguos afluentes del Rin e inundando las tierras y, con ellas, el sótano de nuestra casa.

¿Dónde se encontraba, entonces, la frontera? ¿En el lecho del Rin, en tiempos de calma, o en nuestro sótano? La frontera se nos metía en casa.

¿Dónde se encuentran nuestros propios límites? ¿Estamos separados del entorno, de la naturaleza, del cosmos? ¿Es que no estamos hechos de la materia del universo que nos alcanza, golpea y proyecta? ¿Estamos separados de nuestro prójimo? ¿De los pensamientos de otras personas? ¿De la influencia de los vivos y de los muertos? ¿Somos realmente individuos, únicos responsables de todo lo que hacemos?

Los poemas y los dibujos de Paul Valéry tratan en muchas ocasiones los apenas comprensibles límites del “yo”.

Yo soy por un momento yo mismo y el resto del tiempo, otra persona. Passe entre mes regards sans briser leur absence. (Paul Valéry, Interieur)

“Si aquí una palabra linda conmigo, la dejo lindar.
Si Bohemia está aún junto al mar, vuelvo a creer en los mares.
Y si aún creo en el mar, confiaré en la tierra.
Si soy yo, lo es cualquiera que sea como yo. (…)
Yo lindo aún con una palabra y con otro país,
Yo lindo, aunque poco, con todo cada vez más.”

“Yo lindo, aunque poco, con todo cada vez más”: toda frontera es una ilusión, erigida alrededor de nosotros para tranquilizarnos y hacernos creer en la existencia de un lugar fijo. Aunque sin fronteras, sin esa ilusión de las fronteras no somos capaces de vivir, ni como individuos ni en la relación de los demás.

“Yo lindo, aunque poco, con todo cada vez más”: esta maravillosa frase traspasa, supera, de forma totalmente artística, el dualismo y accede a algo totalmente distinto, más profundo, cuyo enigma me ocupa una vez y otra el pensamiento.

“Bohemia está junto al mar”, tengo más fe en esta imagen de Ingeborg Bachmann que en los mapas o en la geografía.

Hay una frontera especial, la frontera entre arte y vida, un límite que con frecuencia se desvía desplazándose sin rumbo aparente. Pero sin esa frontera no existiría el arte. Durante el proceso de la creación, el arte toma prestado el material de la vida; y aún en la obra inacabada se entrevé, a través de ella, las huellas de la vida. La distancia con la vida es al mismo tiempo la esencia, la sustancia del arte. A pesar de ello, la vida ha dejado su rastro. Y la obra de arte es tanto más interesante cuanto más marcada está por la lucha en la frontera entre el arte y la vida.

Los artistas son trabajadores fronterizos, expertos en atravesar fronteras, aunque también en establecerlas.

El happening, el Dadá o Fluxus han aumentado y radicalizado el tránsito fronterizo entre el arte y la vida: han llevado la mimesis hasta el extremo.


Galerie Thaddaeus Ropac Paris, 2018. Exposition «Fur Andrea Emo», Anselm Kiefer


¿Qué es una obra de arte? Sólo puedo describir el proceso de cómo surge un cuadro.

Comienza en la oscuridad, tras una vivencia intensa, un shock. Después se convierte en un impulso, un latido, no se sabe bien qué es, pero te empuja a trabajar. Al principio es muy vago, tiene que ser vago, de lo contrario sería una simple visualización del shock vivido.

A continuación me sumerjo en el material, en la pintura, en la arena, en el barro, sin distancia, en la oscuridad del momento (como Ernst Bloch designó a esta cercanía).

Porque en la materia reside el espíritu; en este punto diverjo completamente de las enseñanzas de Platón. Lo que sucede en esta cercanía , con la cabeza prácticamente sumergida en el color, esa vaguedad es al principio lo más preciso. Es un estado extraño de contemplación interior, un sufrimiento por la falta de claridad.

Esto cambia después, al retroceder con respecto al lienzo, después de poco tiempo, o no tan poco. Ahora tengo un referente externo, me relaciono con algo que está fuera de mí. El cuadro está allá y yo estoy allá dentro del cuadro.

Y de repente llega la decepción: falta algo. Este algo no es algo que yo no haya visto, que haya descuidado desvelar. No, no llego a encontrar lo que falta. La obra, iniciada y ahora reconocida como inacabada, sólo puede resultar si se asocia con alguna otra cosa que, igualmente, está inacabada, como es el caso de la historia, la naturaleza, la historia natural.

El cuadro convierte el mundo en su objeto, se objetiva a sí mismo. Y no es sólo una metáfora cuando digo que pido ayuda a la naturaleza. Realmente, pongo los cuadros bajo la lluvia, bajo el sol, bajo la luna…

En este momento de objetivación se han de tomar decisiones. Hay que investigar las posibilidades latentes del cuadro que va apareciendo para decidir que dirección tiene que tomar. Y aquí comienza la guerra mental: la guerra a la que quizás Heráclito se refería cuando afirmó que la guerra era la madre de todas las cosas.

Hay tantas posibilidades y cada opción despreciada es una pérdida y, al mismo tiempo, un reflejo de todas las contradicciones internas.

La guerra interna se convierte en un momento dado en una paz externa.

Porque la nostalgia, la desesperación por todas las opciones no tomadas, sólo se calmaría si la forma a la que se ha llegado se correspondiera con la proximidad inicial.

Del mismo modo en que la fruición nunca se corresponde al deseo, el resultado también es siempre algo provisional.

Sólo cuando lo interior se convierte en exterior y lo exterior en interior –cuando el ascenso en perfecta relación se corresponde con el descenso-, el cuadro podría estar acabado, finalizado. Pero, ¿durante cuánto tiempo?

Porque el proceso de creación de un cuadro que les acabo de exponer se puede repetir en un mismo objeto en cualquier momento. El decir, el cuadro objetivado que se creía acabado, puede volver a retraerse al estado de material, del momento oscuro. Y el proceso se inicia de nuevo.

“Sobre un desierto gris-negro.
Un pensamiento alto como un árbol
Modula el tono de luz: quedan aún cantos
Por cantar más allá de los hombres.”

Paul Celan
Hebras de Sol

Anselm Kiefer
16 de octubre de 2008

9.10.13


Palm Sunday, 2006. Anselm Kiefer


CRISTALES SE CONVIERTEN EN RAÍCES

Como una inmensidad tan denunciada
perdiéndose
y no llegando nunca ni siquiera
a ser lo que suplica.

Dejándose las alas en los ojos,
abriéndose,
desanudando rocas de las nubes,
cayendo por los rostros y los tiempos
y de la voz ignota a las palabras.

Lo múltiple es lo negro virginal
propagando su vaso centelleante
y los zafiros gritan,
mientras del crisantemo del espíritu
se evaden las siniestras esperanzas
de goces inauditos,
de torturas sublimes,
de aplastamientos verdes como soles.

Juan Eduardo Cirlot
Non serviam, 1972

6.9.13


Shulamite, 1990. Páginas 14-15, 22-23 y 36-37. Anselm Kiefer


Probad a situaros en el punto más alejado del mundo corporal; no sólo veréis desde allí los mismos objetos distribuidos en un orden distinto, de forma que si os queréis atener a vuestras imágenes arbitrarias anteriores, que no reencontraréis allí, estaréis totalmente desorientados, sino que además descubriréis en nuevas regiones objetos completamente nuevos.


Todo cuanto teníamos antes de levantarnos, lo que abarcábamos y lo que nos contaba con muecas y plegarias, la rutina y el sortilegio, la astucia y la contraria elevación, el porqué, el desconsuelo...

Todo.

Pero el desconsuelo también tenía valles, su musculatura apoyada en las nubes, su caracoleante caligrafía, sus zozobras, sus cepos, sus campanas, sus canciones, su río helado, su apaciguada cabellera, su remolino contagioso,

en definitiva,
lo mezclable al gemido, lo ajeno, lo complejo:
trenzar y destrenzar las iniciales
de los naufragios,

cortejo descolgado
de eso que en alta mar el fondo anhela:
lo mezclable al gemido, lo ajeno, lo complejo,
trazar linga sutil en la tronchada
rama
que en aquel nudo del desierto aguarda
que todo lo tenido por más distante

de buenas a primeras se derrame.

José Miguel Ullán
Pasiones

20.1.12


La berceuse, 2010,Rijksmuseum. Anselm Kiefer



Rinzen, XLV bienal de Venecia, 1993. Antoni Tàpies.


Y entonces uno piensa que más vale girarse de espaldas a todo y sentarse en una silla, como un día le explicó que lo había hecho en sueños su compañera; una silla flotando en medio de la blancura del espacio infinito; y mirar de repente a tierra y sentir aquella emoción, tan intensa y sublime, que la hizo llorar intensamente, al ver esparcidas algunas pocas cosas, nada, unos restos insignificantes, unas briznas de paja...

Antoni Tàpies
La práctica del arte



Del famoso “Libro del te”, nos recuerda Antoni Tàpies : “no es una simple estética, en la acepción corriente de la palabra, pues nos ayuda a expresar, uniendo estética y religión, nuestra concepción integral del hombre y de la naturaleza, al hacer de todos sus adeptos unos aristócratas del gusto”. Desde esta posición, se entiende su grito sordo en la habitación desierta, “Rinzen”, con el que nos quiere decir, “¡Despierta!”.

Pedro G. Romero
Archivo F.X.