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1.4.19

Andy Goldsworthy, Hazel stick throws, 1980


To live life well is to express life poorly; if one expresses life too well, one is living it no longer.

Vivir la vida bien es expresar la vida pobremente; si uno expresa la vida muy bien, uno ya no la está viviendo.

Gaston Bachelard
Fragments of a Poetics of Fire
Fragmentos de una poética del Fuego

12.3.15

Secuencia fotográfica: César Barrio


Jamás una materia le parecerá bastante trabajada porque nunca ha terminado de soñarla.

Gaston Bachelard
El agua y los sueños

18.2.13


Acción de Vicente Pastor, 2013.



Aquí, la luz crepuscular era la esencia misma de la vida, la penumbra coloreada, el embrión de la luz y del día. Aquí estallaba el alba primera, aquí declinaba el último resplandor del ocaso, y la sombra inmemorial, de donde florecía, y luego disminuía, la vida, reflejaba el apacible y profundo silencio inmemorial.

D. H. Lawrence


La caverna espera al Sol.

Por poco que nos orientemos en la penumbra, lejos de las formas, abandonando la preocupación de las dimensiones, no podemos dejar de constatar que las imágenes de la casa, las del vientre, las de la gruta, las del huevo, las de la semilla, convergen hacia la misma imagen profunda. Cuando se escarba en un inconsciente, esas imágenes pierden poco a poco su individualidad para asumir los valores inconscientes de la cavidad perfecta.

Así pues, una casa onírica es una imagen que se vuelve, en el recuerdo y en los sueños, una fuerza de protección. No es un simple marco en que la memoria encuentra sus imágenes. En la casa que ha dejado de ser nos gusta vivir todavía porque en ella revivimos, muchas veces sin darnos cuenta, una dinámica de confortación.

Nos ha protegido, por lo tanto nos reconforta también. El acto de habitar se cubre con valores inconscientes, valores inconscientes que el inconsciente no olvida. Se puede acodar el inconsciente, no desenraizarlo.

 Gaston Bachelard
 La tierra y las ensoñaciones del reposo.

11.12.11

Recopilación inicial de textos sobre psiquismo ascensional y metamorfosis.




Vista de Toledo. El Greco (Domenikos Theotokopoulos)


Primeramente el objeto no es real, sino un buen conductor de lo real.

Benjamín Fondane


17 de diciembre. Cuando, de un modo apremiante, le preguntaron a Zenón si había algo en reposo, dijo: sí, la flecha que vuela está en reposo.

Franz Kafka
Diarios


No es como es nuestra tenebrosa morada, donde los sonidos sólo pueden compararse a los sonidos, los colores a los colores, una sustancia a su análoga; allí todo era homogéneo.
La luz daba sonidos, la melodía engendraba la luz, los colores tenían movimiento, porque estaban vivos, y los objetos eran a la vez sonoros, diáfanos y lo bastante móviles para penetrarse unos a otros y recorrer de una vez toda la extensión.

Louis-Claudel de Saint-Martin
L´Homme du désir


Sueño Triangular.

La luz se había tornado de un amarillo exageradamente lento, de un amarillo sucio de lividez. Habían crecido los intervalos entre las cosas, y los sonidos, más espaciados de una manera nueva, se producían inconexamente. Cuando se oían, terminaban de repente, como cortados. El calor, que parecía haber aumentado, parecía estar, siendo calor, frio. Por la leve rendija de las contraventanas se veía la actitud de exagerada expectativa del único árbol visible. El silencio le había entrado con el color. En la atmósfera se habían cerrado pétalos. Y en la propia composición del espacio una interrelación diferente de algo como planos había alterado y roto el modo como los sueños, las luces y los colores usan la extensión.

Fernando Pessoa
El libro del desasosiego


Así el carácter sacrificado por la psicología de la imaginación que no se ocupa más que de la constitución de las imágenes es un carácter esencial, evidente, de todos conocido: es la movilidad de las imágenes. Existe oposición -en el reino de la imaginación como en tantos otros dominios- entre la constitución y la movilidad. Y, como la descripción de la formas es más fácil que la descripciónde los movimientos, se explica que la psicología se ocupe antes de nada de la primera tarea. Sin embargo, la segunda es la más importante. Para una psicología completa, la imaginación es, sobre todo, un tipo de movilidad espiritual, el tipo de movilidad espiritual más grande, más vivaz, más viva. Por lo tanto, es preciso añadir sistemáticamente al estudio de una imágen particular el de su movilidad, su fecundidad, su vida. Tal estudio es posible porque esa movilidad no es indeterminada. Con frecuencia la movilidad de una imagen particular es una movilidad específica. Entonces una psicología de la imaginación del movimiento debería determinar directamente la movilidad de las imágenes. Debería inducir a trazar, para cada imagen, una verdadera gráfica que definiera su cinetismo.

Gaston Bachelard
El aire y los sueños


Me interesan mucho más no tanto mis ideas mientras pinto sino sus movimientos.

Pablo Picasso



Para Paul Celan, Cuaderno del artista. Anselm Kiefer


"¿Cómo leer una página ya quemada de un libro que arde -escribe Jabés- sino recurriendo a la memoria del fuego?"
Palabra que renace de sus propias cenizas para volver a arder. Incesante memoria, residuo o resto cantable: "Singbarer Rest", en expresión de Paul Celan. Pues, en definitiva, todo libro debe arder, quedar quemado, dejar sólo un residuo de fuego.

José Angel Valente
La memoria del fuego




¿No puede hacerse un film apasionante a partir del plano de París, del desarrollo en orden temporal de sus distintas configuraciones, del condensar el movimiento de sus calles, sus bulevares, sus pasajes y sus plazas a lo largo de un siglo en el espacio de una media hora?

Walter Benjamin
Obra de los pasajes



Mesa lunar, 61-65. Isamu Noguchi



Qué luna tan fuerte cuando levanto
la taza de la mesa
queda un agujero de silencio, y entonces enseguida
pongo la palma de mi mano encima
para no mirar dentro: pongo la taza en su lugar;
también la luna es un agujero en el cráneo del
universo - no mires,
es una fuerza magnética que te atrae - no mires, no
miren,
oigan lo que les digo - caerán dentro. Este vértigo
atractivo, ligero -caerás-
la luna es un pozo de mármol,
sombras que se mueven y alas mudas; y voces
misteriosas.

Yannis Ritsos
Sonata del claro de luna

5.3.11


Fotos pertenecientes a la serie Libre asociación. Vicente Pastor



La materia es el inconsciente de la forma.

El hada de las aguas, guardiana del espejismo, tiene en su mano todos los pájaros del cielo. Un charco contiene un universo. Un instante de sueño contiene un alma entera.


Gaston Bachelard
El agua y los sueños

9.1.11

El ser que tiene una forma domina los milenios. Toda forma guarda una vida. El fósil no es ya simplemente un ser que ha vivido, es un ser que vive todavía, dormido en su forma.


Gaston Bachelard

7.7.10


Jardín de Claude Monet, Giverny. Henri Cartier-Bresson, 1952.






Las ninfas o las sorpresas de un amanecer de verano



No hay Pólipo ni Camaleón que pueda cambiar de color tan a menudo como el agua.
Jean-Albert Fabricius, Théologie de l´Eau, trad. 1741


 I
 Las ninfeas son las flores del verano.Marcan el verano que nunca más engañará. Cuando la flor aparece en el estanque, los jardineros prudentes sacan los naranjos del invernadero. Y si el nenúfar se queda sin flor desde septiembre, es señal de un crudo y largo invierno. Hay que levantarse temprano y trabajar deprisa para hacer, como Claude Monet, buen acopio de belleza acuática, para contar la breve y ardiente historia de las flores fluviales.
He aquí pues a Claude en camino desde temprano. ¿Sueña al caminar hacia el rincón de las ninfeas que Mallarmé, el gran Stéphane, ha tomado al nenúfar blanco como símbolo de alguna Leda amorosamente perseguida? ¿Repite para sus adentros la página en que el poeta considera a la bella flor "como un noble huevo de cisne... que no se hincha de nada que no sea el vacío exquisito de sí...?" En efecto, entregado ya a la alegría de quien va a florear su lienzo, el pintor se pregunta, bromeando con "el modelo", en los campos como en su estudio

Quel oeuf le nénuphar a-t-il pondu la nuit?

Por anticipado sonríe de la sorpresa que le espera. Aprieta el paso. Pero

Déjà la blanche fleur est sur son coqueteir.

Y todo el estanque huele a flor fresca, a flor joven, a flor rejuvenecida por la noche.
Cuando caen las sombras -Monet lo ha visto una y mil veces- la joven flor se va a pasar la noche bajo el agua. ¿Acaso no se cuenta que la atrae su pedúnculo, retrayéndose hasta el fondo tenebroso del limo? Así, cada aurora, tras el sueño reparador de una noche de verano, la flor de la ninfea, sensitiva inmensa de las aguas, renace con la luz, flor así siempre joven, hija inmaculada del agua y del sol.
Tanta juventud recobrada, una sumisión tan fiel al ritmo del día y de la noche, una puntualidad tal para contar el instante de aurora es lo que hace de la ninfea la flor misma del impresionismo. La ninfea es un instante del mundo. Es una mañana de los ojos. Es la flor sorprendente de un amanecer de verano.
Sin duda llega el día en que la flor es demasiado fuerte, en que está demasiado abierta y demasiado consciente de su belleza para ir a ocultarse cuando cae la noche. Es bella como un seno. Su blancura ha tomado una brizna de rosa, un tono de rosa-tentación-ligerosin el cual el color blanco no podría tener conciencia de su blancura. ¿No llamaban antaño a esa flor "la rueca de Venus" (Clavus Veneris)? ¿No fue en la vida mitológica que precede a la vida de todas las cosas, Heraclión, aquella robusta ninfa muerta de celos por haber amado demasiado a Heracles?
Pero Claude Moner sonríe de esa flor de pronto permanente. Fue a ella misma a la que ayer el pincel del pintor le dio la eternidad. Monet puede así continuar la historia de la juventud del agua.


II
Sí, todo es nuevo en un agua matutina. ¡Qué vitalidad no tendrá ese río-camaleón para responder al punto al caleidoscopio de la luz joven! La sola vida del agua temblorosa renueva todas las flores. El más leve movimiento de un agua íntima es el principio de una belleza floral.
El agua que se mueve tiene en el agua latidos de flor, dice el poeta. Una flor de más complica a todo el río. Un junco más recto da ondas más hermosas. Y de ese joven iris de agua que traspasa el verde caos nenufaresco, debe el poeta contar al punto la victoria sorprendente. Helo aquí entonces, con todos los sables fuera, con todas las hojas afiladas, dejando pender desde muy alto, con ironía hiriente, su lengua sulfurosa por encima de las aguas.
Si se atreviera , algún filósofo que soñase ante un cuadro acuático de Monet desarrollaría dialécticas del iris y de la ninfea, la dialéctica de la hoja recta y de la hoja posada tranquila, mansa y pesadamente sobre el agua. ¿No es la dialéctica misma de la planta acuática? Una quiere surgir animada de quién sabe qué rebeldía contra el elemento natal, la otra es fiel a su elemento. La ninfea ha entendido la lección de calma que da el agua dormida. En su delicadeza extrema, con ese sueño dialéctico tal vez se sentiría la suave verticalidad que se manifiesta en la vida de las aguas dormidas.
Pero el pintor lo siente todo por instinto y sabe encontrar en los reflejos un principio seguro que compone en altura el tranquilo universo del agua.


III
Asíes como los árboles de la ribera viven en dos dimensiones. La sombra de su tronco ahonda la profundidad del estanque. Cerca del agua no se sueña sin fromular una dialéctica del reflejo y de la profundidad. Parecería que, desde el fondo de las aguas, quién sabe qué materia viniese a nutrir el reflejo. El limo es un alinde de espejo que trabaja. Une una tiniebla de materia a todas las sombras que se le ofrecen. Para el pintor, también el fondo del río guarda sorpresas sutiles.
A veces, desde el fondo del abismo sube una burbuja singular: en el silencio de la suerficie la burbuja balbucea, suspira la planta, el estanque gime. Y el soñador que pinta se ve solicitado por una piedad ante el infortunio cósmico. ¿Yace algún mal profundo bajoese Edén de flores? ¿Habremos de recordar, con Jules Laforgue, el mal de las Ofelias floridas?

Et des nymphéas blancs des lacs où dort Gomorrhe.

Sí, el agua más sonriente, la más florida, en la mañana más clara, esconde una gravedad.
Pero dejemos pasar esa nube de filosofía. Volvamos, con nuestro pintor, a la dinámica de la belleza.


IV
El mundo quiere ser visto: antes de que hubiera ojos para ver, el ojo del agua, el gran ojo de las aguas mansas miraba abrirse las flores. Y fue en ese reflejo -¡quién diría lo contrario!- donde el mundo cobró primero conciencia de su belleza. Así también, desde que Claude Monet miró las ninfeas, las ninfeas de Ile-de-France son más hermosas y más grandes. Flotan en nuestros ríos con más hojas, más tranquilamente, dóciles como imágenes de Lotos-niños. No sé donde leí que en los jardines de Oriente, para que las flores fueran más bellas, para que florecieran más aprisa, más equilibradamente y con una clara confianza en su belleza, se tenía el cuidado y el amor suficientes para poner ante un tallo vigoroso que llevara la promesa de una flor joven dos lámparas y un espejo. Entonces la flor puede mirarse de noche. Así tiene el placer sin fin de su esplendor.
Claude Monet habría comprendido esa inmensa caridad de lo bello, ese aliento dado por el hombre a todo lo que tiende a lo bello, él que toda su vida supo aumentar la bellezade todo lo que caía  ante sus ojos. Cuando fue rico -¡tan tardíamente!- tuvo en Giverny jardineros de agua para lavar de toda mácula las grandes hojas de los nenúfares en flor, para animar las corrientes precisas que estimulan las raíces, para doblar un poco más la rama del sauce llorón que perturba al viento el espejo del agua.
En pocas palabras, en todos los actos de su vida, en todos los esfuerzos de su arte, Claude Monet fue un servidor y un guía de las fuerzas de lo bello que mueven al mundo.



Gaston Bachelard
El derecho de soñar






Claude Monet en su 80 cumpleaños, 1920.

7.3.10

Recopilación de textos sobre el muro.


Introducción.

Basta que hablemos de un objeto para
creernos objetivos. Pero, en nuestro primer
acercamiento, el objeto nos señala más que
nosotros a él, y lo que creíamos nuestros
pensamientos fundamentales sobre el mundo,
muchas veces no son otra cosa que confidencias
sobre la juventud de nuestro espíritu.
A veces nos maravillamos ante un
objeto elegido; acumulamos hipótesis y
sueños; formamos así convicciones que tiene
la apariencia de un saber.

Gaston Bachelard
Psicoanálisis del fuego


 

Madrid,1933. Henri Cartier-Bresson.
Estudio para La adoración de los reyes magos. Leonardo da Vinci.




Todo es cuestión de óptica. Las más vivas analogías establecen relaciones vertiginosas a lo largo de las épocas por la simple eliminación del factor tiempo. A la luz de la etnografía, la antigüedad se convierte en una especie de primera juventud, la edad de piedra en un estado del espíritu, y la comprensión de la infancia es lo que aporta a los destellos del silex el fulgor de la vida.
Los graffiti que aquí presentamos han sido tomados al azar de algunos paseos por París. En 1933, y a dos pasos de la Ópera, signos semejantes a los de las grutas de Dordoña, del Valle del Nilo o del Éufrates surgieron de las paredes. La misma angustia que ha labrado un mundo caótico de grabados sobre las paredes de las cuevas, traza hoy dibujos alrededor de la palabra "Prohibir", la primera que el niño lee en las paredes.
El curioso que explora esta flora precoz busca en vano encontrar en ella el barroquismo de los dibujos de los niños. Del papel a la pared, de lo que se vigila a lo que es anónimo, el carácter de la expresión cambia. El bullir de la fantasía cede el paso al hechizo. Se produce una nueva investidura de la palabra "encantador" en su sentido original.
¡Qué dura es la piedra! ¡Qué rudimentarios son los instrumentos! ¡Mas qué importa! No se trata ya de jugar sino de dominar el frenesí del inconsciente. Estos sucintos signos no son sino el origen de la escritura; estos animales, estos monstruos, estos demonios, estos héroes, estos dioses fálicos no son sino elementos de la mitología. Elevarlos al rango de poesía o sumirlos en la trivialidad deja de tener sentido en esta región donde las leyes de la gravedad pierden su vigencia. Extraña región de las "madres" tan cara a Fausto, en la que todo está en formación, transformación, deformación y todo parece inmóvil, y donde las criaturas existentes y posibles contienen inertes toda la energía subversiva del átomo. Habiendo sido lanzado a la superficie por un violento mar de fondo, el graffiti se vuelve materia de arte, precioso útil de investigación.
(...)
Y lo que aquí se desvela bajo la transparencia cristalina de la espontaneidad es una función viva y tan impensada como la respiración o el sueño. (...)

Brassaï. De la pared de las cuevas a la pared de la fábricas.
Minotaure, n. 3-4 (diciembre 1933).




En todo este garabateo podemos ver extrañas invenciones, quiero decir que aquel que mire con atención tal o cual mancha verá en ella cabezas humanas, animales diversos, una batalla, rocas, el mar, nubes o cualquier otra cosa; es como el tañido de la campana, que le permite a uno escuchar lo que imagina.

Leonardo da Vinci.


 

1956-1958. Ampliación espacial del muro. Elías y el carro de fuego y temas próximos. Jorge Oteiza.


El muralismo prehistórico tampoco ha sido pared de la vivienda. Los que en estos años que ya han pasado, hemos tenido verdadera predilección por el muro ha sido como un corte virtual y cambiante en la arquitectura para introducirnos en una anatomía del espacio, para experimentar en él una circulación o fisiología formal, una topología nuestra.

Jorge Oteiza.




Bellas damas, 3000 a.c. Meseta de Ennedi.
Texte chamarré, 1960. Jean Dubuffet.


Fijense que los muros apenas si difieren de los suelos salvo en que los primeros son verticales. Funcionan para mí como superficie virgen abierta para proyectar en ellos lo que ocupa mi espíritu, del mismo modo que lo hacen las mesas. (...) Tengo un gusto muy acusado por la frontalidad, por todo lo que es frontal, lo que se muestra de frente a mi mirada. Siempre me ha agradado representar el paisaje dispuesto verticalmente, como una pared. El muro se me presenta como un libro, un extenso libro en el que poder escribir y leer.

Jean Dubuffet.



 

 Casa de Campins. Antoni Tápies.
Blanc avec signe rougeatre, 1963. Antoni Tápies.


Más tarde llegó "la hora de la soledad". Y en mi reducida habitación-estudio comenzaron los cuarenta días de un desierto que no sé si terminó. Con un ensañamiento desesperado y febril llevé la experimentación formal a unos grados de maniaco. Cada tela era un campo de batalla en el que las heridas se habían multiplicado cada vez más hasta el infinito. Y entonces acaeció la sorpresa. Todo aquel movimiento frenético, toda aquella gesticulación, todo aquel dinamismo inacabable, a fuerza de arañazos, de golpes, de cicatrices, de divisiones y subdivisiones que inflingía a cada milímetro, a cada centésima de milímetro de la materia, provocaron súbitamente el salto cualitativo. El ojo ya no percibía las diferencias. Todo se unía en una masa informe. Lo que fue ebullición ardiente se transformaba en silencio estático. Fue una gran lección de humildad recibida por la soberbia del desenfreno.
Y un día traté de llegar directamente al silencio con más resignación, rindiéndome a la fatalidad que gobierna toda lucha profunda. Los millones de furiosos zarpazos se convirtieron en millones de granos de polvo, de arena... Ante mí se abrió de repente un nuevo paisaje, igual que en la historia del que atraviesa el espejo, como para comunicarme la interioridad más secreta de las cosas. Toda una nueva geografía me iluminó de sorpresa en sorpresa. Sugestión de raras combinaciones y estructuras moleculares, de fenómenos atómicos, del mundo de las galaxias, de imágenes de microscopio. Simbolismo del polvo -"confundirse con el polvo, he aquí la profunda identidad, es decir, la profundidad interna entre el hombre y la naturaleza" (Tao Te King)- , de la ceniza, de la tierra de donde surgimos y a donde volvemos, de la solidaridad que brota al ver que la diferencia que hay entre nosotros es la que hay entre dos granos de arena... Y la sorpresa más sensacional fue descubrir un día de repente que mis cuadros, por primera vez en la historia, se habían convertido en muros.
(...)
¡Cuántas sugerencias pueden desprenderse de la imagen del muro y de todas sus posibles derivaciones! Separación, enclaustramiento, muro de lamentación, de cárcel, testimonio del paso del tiempo; superficies lisas, serenas, blancas; superficies torturadas, viejas, decrépitas; señales de huellas humanas, de objetos, de los elementos naturales; sensación de lucha, de esfuerzo; de destrucción, de cataclismo; o de construcción, de surgimiento, de equilibrio; restos de amor, de dolor, de asco, de desorden; prestigio romántico de las ruinas; aportación de elementos orgánicos, formas sugerentes de ritmos naturales y del movimiento espontáneo de la materia; sentido paisajístico, sugestión de la unidad primordial de todas las cosas; materia generalizada; afirmación y estimación de la cosa terrena; posibilidad de distribución variada y combinada de grandes masas, sensación de caída, de hundimiento, de expansión, de concentración; rechazo del mundo, contemplación interior, aniquilación de las pasiones, silencio, muerte; desgarramientos y torturas, cuerpos descuartizados, restos humanos; equivalencias de sonidos, rasguños, raspaduras, explosiones, tiros, golpes, martilleos, gritos, resonancias, ecos en el espacio; meditación de un tema cósmico, reflexión para la contemplación de la tierra, del magma, de la lava, de la ceniza; campo de batalla; jardín; terreno de juego; destino de lo efímero...
(...)
Qué gran sorpresa tuve, por ejemplo, al saber posteriormente que la obra de Bodhidharma, fundador del Zen, se llamó: Contemplación del muro en el Mahayana. Que los templos del Zen tenían jardines de arena formando estrías o franjas parecidas a los surcos de algunos de mis cuadros. Que los orientales ya habían definido determinados elementos o sentimientos en la obra de arte que inconscientemente afloraban entonces en mi espíritu: los ingredientes Sabi, Wabi, Aware, Yugen... Que en la meditación búdica buscan igualmente un apoyo en unas Kasinas consistentes a veces de tierra colocada en un marco, en un agujero, en una pared, en materia carbonizada...

Antoni Tápies.
Comunicación sobre el muro.




Der müde Tod, 1921. Fritz Lang.
Cretti, Gibellina. Alberto Burri.



El peso de los muros cierra todas las puertas.

Paul Éluard.
Poésie ininterrompue.



Como la puerta, como la puerta
te abres tú, siempre, en medio
de los muros.

Muros:pétreos
Párpados. Lugar
de los hombres.

¿Cuánto
tiempo, di,
yacimos ambos en la nieve?
¿Cuánto
tiempo?

Pues, ¿verdad?: nosotros permanecemos
blancos.

Paul Celan
Los poemas póstumos




Fotos de Brassaï.


El arte es el lenguaje del los signos. Cuando yo digo hombre evoco al hombre. No lo representa como podría hacerlo la fotografía. Dos agujeros son el signo de la cara, suficiente para evocarla sin representarla. Pero ¿no es extraño que se pueda hacer con medios tan sencillos? Dos agujeros son muy abstractos si se piensa en la complejidad del hombre. Lo más abstracto es quizá el colmo de la realidad.

Pablo Picasso.
Conversaciones de Brassaï con Picasso.

22.12.09

En Los secretos de la madurez I, Hans Carossa escribe: "El hombre es la única criatura de la tierra que tiene la voluntad de mirar a otra en su interior". La voluntad de mirar el interior de las cosas hace que la vista se vuelva aguda, la vista se hace penetrante. Hace de la visión una violencia; halla la fractura, la grieta, el intersticio mediante el cual se puede violar el secreto de las cosas ocultas. A partir de esa voluntad de mirar dentro de las cosas, de mirar lo que no se ve, lo que no se debe ver, se forman extrañas ensoñaciones tensas, ensoñaciones que hacen fruncir el ceño. No se trata ya entonces de una curiosidad pasiva que espera los espectáculos sorprendentes, sino en verdad de una curiosidad agresiva, etimológicamente inspectora. Y he aquí la curiosidad del niño que destruye su juguete para ver lo que hay dentro de él. Si bien esa curiosidad de fractura es verdaderamente natural para el hombre, ¿no debemos sorprendernos, por decirlo sólo de paso, de que no sepamos darle al niño un juguete de profundidad, un juguete que retribuya realmente la curiosidad profunda? Hemos puesto salvado dentro del muñeco, y nos extraña que el niño, con su voluntad de anatomía, se limite a rasgar ropas. Sólo nos queda presente la necesidad de destruir y de romper, olvidando que las fuerzas psíquicas en acción pretenden abandonar los aspectos exteriores, para ver otra cosa, ver más allá, ver por dentro, en fin, librarnos de la pasividad de la visión. Tal como me hacía observar Françoise Dolto, el juguete de celuloide, juguete superficial, juguete de la falsa consistencia, priva seguramente al niño de muchos sueños psíquicamente útiles. Para ciertos niños ávidos de intereses, ávidos de realidad, esta psicoanalista, que conoce a los niños, recomendó precisamente juguetes sólidos y con peso. El juguete que cuenta con una estructura interna daría una salida normal al ojo inquisidor , a esa voluntad de la mirada que necesita las profundidades del objeto. Pero lo que la educación no sabe hacer, la imaginación lo lleva a cabo cueste lo que cueste. Más allá del panorama que se ofrece a la visión tranquila, la voluntad de mirar forma alianza con una imaginación inventiva que prevé una perspectiva de lo oculto, una perspectiva de las tinieblas interiores de la materia. Es esa voluntad de ver en el interior de todas las cosas la que da tantos valores a las imágenes materiales de la sustancia.


Gaston Bachelard
La tierra y las ensoñaciones del reposo

23.8.09

Aislar todos los sufijos de la belleza, empeñarse en hallar, detrás de las imágenes que se muestran, las imágenes que se ocultan, ir a la raíz misma de la fuerza imaginante.
En el fondo de la materia crece una vegetación oscura; en la noche de la materia florecen flores negras. Ya traen su terciopelo y la fórmula de su perfume.

Gaston Bachelard.
El agua y los sueños.
Sufrimos por los sueños y nos curamos mediante los sueños. En la cosmogonía del sueño, los elementos materiales siguen siendo los elementos fundamentales.
Creemos, de un modo general, que la psicología de las emociones estéticas ganaría si se estudiara la zona de las ensoñaciones materiales que preceden a la contemplación. Se sueña antes de contemplar. Antes de ser un espectáculo consciente todo paisaje es una experiencia onírica. Sólo se miran con una pasión estética los paisajes que hemos visto primero en sueños. Tieck ha reconocido con toda razón en el sueño humano el preámbulo de la belleza natural. La unidad de un paisaje se ofrece como la realización de un sueño a menudo soñado, "wie die Erfüllung eines oft getraumten Traums" (L. Tieck, Werke, t. v, p. 10). Pero el paisaje onírico no es un cuadro que se colma de impresiones, sino una materia que se cosecha.

Gaston Bachelard.
El agua y los sueños.

13.5.09

Una imagen le cuesta tanto trabajo a la humanidad como un carácter nuevo a la planta.

Jacques Bousquet.