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18.9.25

Schoenberg: Sechs kleine Klavierstücke, Op. 19: No. 6 - Sehr langsam. Maurizio Pollini





Pascale Criton: Quisiera subrayar que Schönberg hace un esfuerzo de un rigor enorme. por eso se le atribuyó una estrechez excesiva, que en realidad era necesaria para su rigor. Cuando uno lee bien lo que escribe, ve que tenía una visión de aplicación muy, muy amplia. De hecho, hablaba de tener que trabajar posteriormente con todos los constituyentes del sonido, es decir, salir del sistema de parentesco de los armónicos, no para negarlos, sino para poder reintegrarlos en algo más complejo. Y es también lo que fue trabajado a partir de allí en las maneras de pensar y de escribir la música, así como en las maneras de llevar adelante las investigaciones en acústica musical.

Por lo tanto, el hecho que tiene lugar consiste en tomar el sonido por sí mismo, tomarlo como un objeto en sí mismo. De eso hablaba hace un momento, del trabajo sobre el espectro del sonido. Y creo que a partir de allí estamos obligados a tomar en cuenta esta forma de pensar la física del sonido. Schönberg explicaba también que el hecho de tomar el sonido por sí mismo era, de una manera extrema, el hecho de tomar cada sonido como una tonalidad. Es decir, en el sentido vertical, tenía como consecuencia que cada sonido dispone su propia tonalidad, su propia cadencia, su propia resolución y sus propias contradicciones internas.


Deleuze: Esto confirmaría el primer punto de vista, es decir la desaparición de los centros, dado que cada sonido vale por sí mismo.


Pascale Criton: Sí, sí. Creo que el hecho de fabricar series donde ya no hay jerarquía de funciones es realmente hacer desaparecer el centro tonal.


Deleuze: Y eso es también una función literal...


Pascale Criton: Sí, creo que a partir de allí se ha ido en esa dirección, e incluso entre sus contemporáneos. Alguien como Webern ha instalado realmente esta especie de vida del sonido, cada sonido por sí mismo. Y solo se preocupaba la relación orgánica de los sonidos entre sí, y lo que llamaba "series de timbres" y ya no "series de alturas". Es decir, el color, la luminosidad, la densidad de un sonido valen por sí mismos. Un sonido se convierte en una masa orquestal. La serie no se aplica solamente al tratamiento de las alturas, puede aplicarse al timbre, al ritmo, puede aplicarse a formas de hacer circular reglas de composición que no refieren necesariamente a la altura de los sonidos. Por lo tanto, para mí es realmente un momento crucial para la música, y en absoluto en un sentido restrictivo.


Deleuze: Entonces, segundo punto: ¿se puede decir que ya no hay corte racional, ni centro en las series o en el interior de las series?


Pascale Criton: Sí, esto abre otros centros positivos, ya no son los mismos. Y además insisto en que esto tiene una consecuencia formal. Schoenberg explicaba bien que el movimiento tonal estaba completamente ligado a la forma de la música tonal, era absolutamente consecuente. Por lo tanto, hay un campo visible de la forma. pero también está, e insisto sobre esto, el cambio total en la forma de analizar un sonido. A partir de ese momento, hay una atención muy fuerte sobre las consecuencias constituyentes de los sonidos. ya no tenemos esa especie de línea que son las leyes armónicas, sino que se constituye otra cosa. Por lo tanto, habría que comprender que si reemplazamos, sustituimos o agregamos a los armónicos la concepción de los parciales, entramos en un nuevo mundo. Pero también habría que llegar a tomar en cuenta el análisis espectral que hoy tenemos. Creo que nos ayudaría para no decir "acá hay armónicos" y "allá no hay armónicos", sino a decir qué hay en su lugar.


Deleuze: Lo que me reprochas finalmente es que estoy centrado únicamente en la resonancia. Entonces, en lugar de decir "serial", habría que decir que lo hay. En lugar de decir "armónico", habría que decir lo que hay. Esto me interesa mucho...


Pascale Criton: Hay una cosa fundamental cuando una nota entrecortada, un sonido entrecortado, da la altura de un sonido. Es decir que, si bien hay series de armónicos que son también constituyentes de ese sonido, o que se despliegan en su duración, el sonido fundamental entregaba la frecuencia. Ahora bien, hoy en día se sabe que podemos retirar el sonido fundamental, que se puede retirar franjas enteras de armónicos, y alcanza con que haya relación, distancia entre dos o tres armónicos para que tengamos la altura. Ya no hay entonces el sentimiento del escalonamiento lógico, progresivo, fundamental, de las emanaciones desde el sonido fundamental, sino que hay un constituyente que se hace en términos de relación simultánea. No sé si es comprensible... Es incluso muy difícil de concebir. Los sonidos están constituidos por cosas que ya no son forzosamente principales. Un sonido está constituido por una multitud de cosas y no por un dato dominante. Nos hemos dado cuenta de que podíamos prescindir de esas ideas dominantes y conservar el sentimiento, la sensación del resultado.


Deleuze: Aquí es el sonido como concepto...


Pascale Criton: Sí, sí. Los parciales, por ejemplo, hacen que una misma altura, una misma frecuencia, cambie de color, de timbre, que pase a ser aguda, nasal, redonda. Por ejemplo, lo que hace que el piano suene redondo, cuando está bien afinado, son los parciales. Son frecuencias como los armónicos, pero que no se sitúan en la relación de los números enteros del período, de la vibración. Pero también son constituyentes...


Deluze: ¿Esto entra en los componentes de la afinación?


Pascale Criton: No, no de la afinación. Es una componente de los instrumentos. Por ejemplo, ciertos instrumentos que son de percusión no tienen una altura única. A veces los parciales rechazan fusionarse, mezclarse, y si una oreja no está habituada, oye alternativamente una altura, otra, otra... x. Pero no llega a producirse una síntesis de altura, puesto que no hay consonancia. Los parciales se pueden producir en un golpe de gong, o en campanadas, que son realmente instrumentos a parciales, que tienen alturas múltiples y que no se deshacen unas a otras, sino que permanecen presentes e independientes.


Deleuze: ¿Puedes volver a hablarnos un poco de esa historia de las relaciones simultáneas?


Pascale Criton: Sí. Ya no me acuerdo cómo la introduje...


Deluze: ¿Tiene relación con los parciales?


Pascale Criton: El hecho de considerar que el sonido tiene constituyentes múltiples cambia... cambia muchas cosas... ¡cambia todo! Pienso que cuando Schönberg dice "tomemos el sonido por sí mismo", nos dirigimos hacia un entendimiento de todos los constituyentes del sonido, y no del sonido regido por una función, es decir la función de los armónicos. Entramos poco a poco en esta forma de tomar el sonido por sí mismo.


Deleuze: Vamos al último punto: ¿se puede decir que una serie es susceptible de muchas variaciones y que entre estas variaciones de series puede haber lo que hemos llamado reencadenameintos? ¿Se puede decir eso, musicalmente?


Pascale Criton: Sí, completamente... funciona... Yo lo asociaría con el hecho de trabajar con los constituyentes del espectro del sonido... Yo insisto con mi línea... Es algo que está en la interpretación de los post-seriales: por ejemplo, trabajar sobre modos de ataque, trabajar mucho sobre la forma en que aparece el sonido... No es la articulación formal. Y por tanto, se llega cada vez más a mezclas y fabricaciones de sonidos más paradójicos... En fin, no casi, son completamente paradójicos: hacer ascender algo cuado desciende, hacer acelerar cosas cuando se vuelve más lento... En fin, cosas que son completamente irracionales.


Deleuze: ¡Eso es! Para mí eso responde exactamente a lo que intentamos definir como proceso de reencadenamiento. Si comparan procesos de reencadenamiento con procesos de encadenamiento, los procesos de reencadenamiento son fundamentalmente anormales.


Gilles Deleuze

CINE IV Las imágenes del pensamiento

Columna, 1972. Gego





El pensamiento no puede funcionar sin presuponer una imagen de sí mismo.


Gilles Deleuze

14.6.25

Mapas de Navegación, Indonesia

Historisk Museum, Oslo




Escribir no tiene nada que ver con el sentido. Tiene que ver con la topografía y la cartografía, incluida la cartografía de los países que están por venir.


Writing has nothing to do with meaning. It has to do with landsurveying and cartography, including the mapping of countries yet to come.


En una estructura topológica las distancias no cuentan. Ahora bien, ¿qué pasa desde este punto de vista cuando se descubre el cerebro como estructura topológica? Lo que pasa a primer plano es una relación topológica entre el afuera y el adentro. O diría también, un contacto independiente de la distancia. O si prefieren, copresencia, aplicación del adentro y el afuera, pero también del futuro y el pasado, de lo vacío y lo lleno, del derecho y el revés, del negro y el blanco, del cosmos y el cerebro. Es el cerebro-cosmos.


Hay que conversar esta fórmula de lo vacío y lo lleno. ¿Acaso hay algo más lleno que una imagen vacía en cine? Un espacio vacío de Antonioni es una imagen llena. Una imagen de cielo vacío de Godard es una imagen llena. ¿Llena de qué? Lo fundamental ya no es un eje de integración/diferenciación, sino una copresencia de un afuera absoluto y un adentro absoluto, de un vacío y un lleno, de un derecho y un revés, etc.


Gilles Deleuze

21.2.25


 


Esta es mi recta, mi segmento de recta AB. Al dividirla, la distancia entre los puntos disminuye y cae por debajo de cualquier longitud, por pequeña que sea. No hay lugar para nada. Tiene una serie infinita, compacta y convergente de puntos racionales. Ya no queda lugar.

Pero escuchen bien, miren: voy a hacer que surja un lugar. Sobre mi recta, construyo un triángulo rectángulo isósceles. Mi recta, mi segmento de recta 1, con todos estos puntos racionales señalados mediante números fraccionados, forma una serie compacta convergente infinita cuyo límite es 1. Entonces, construyo mi triángulo rectángulo isósceles. Y llamo x a los lados del triángulo. Tomo mi compás y trazo un arco de círculo. Marco el punto donde mi círculo se cruza con la recta AB. Ven que mi círculo tiene como centro A y como radio el lado del triángulo rectángulo que construí con la recta. ¿Se acuerdan del teorema de Pitágoras? Tengo 1 al cuadrado = 2x al cuadrado, es decir x al cuadrado + x al cuadrado. Este punto es un punto irracional. ¡Es algo formidable! ¡Es increíble! Yo creía que mi segmento era compacto, convergente, es decir, excluía toda laguna. Resulta que hay un punto que no forma parte de él. Es un número irracional. Con la serie de los 2/3, 3/4, 4/5, 5/6, etc, y de las cantidades cada vez más pequeñas que caían por debajo de cualquier magnitud asignable, tenían derecho a constituir una serie sin laguna. Resulta que aparece una laguna.

¿Comprenden? Hace falta que pasen muy rápido, mediante la imaginación, con vuestra mente, de una figura a la otra. Ahí tengo el segmento AB. Lo toman solo en vuestro espíritu, lo llenan entero con la serie convergente al infinito, y entonces dicen: "Uf, tengo lo continuo". Si se quedan ahí no podrán ver... Me refiero a ver mediante el ojo del espíritu, en el sentido en que Spinoza dice que las demostraciones son los ojos del alma... Si se quedan ahí, vuestro ojo del espíritu capta una continuidad perfecta. 
Pero construyen un triángulo rectángulo sobre el segmento, toman su compás, y hacen que surja una laguna. Había una laguna que vuestro ojo del espíritu no podía ver. no es un problema de imperfección de los sentidos, sino que estamos de lleno en una paradoja fundamental, que es una imperfección del espíritu como tal: no es capaz de ver una laguna sobre una línea recta.
Sienten que esto se vuelve apasionante... En fin, al menos para mí. Esa línea que trazaron está llena de agujeros, pero no en función de imperfecciones sensibles. Esa línea recta, constituida como serie compacta y convergente, en cuanto que inteligible es de hecho una línea llena de agujeros. Está llena de lagunas, y a cada una de esas lagunas le corresponde un número irracional, un número que no es ni entero ni fraccionario.
(...) Las cosas se ponen interesantes solo en la medida en que la línea recta es susceptible de una definición llamada inteligible y puramente conceptual. Esa línea, puramente conceptual, está definida por la serie compacta y convergente, que parecía dar un concepto de continuidad inatacable.Ahora ustedes van a ser capaces de mostrar que esa línea está llena de lagunas y literalmente llena de agujeros, es decir, de puntos que no son racionales, sino irracionales.
Pero a esos puntos irracionales solo pueden considerarlos como lagunas, como agujeros en la continuidad. De allí la catástrofe que consiste en que lo compacto y lo convergente, o la serie infinita de los puntos racionales, no alcanza para definir lo continuo.
¿Cómo salir de ahí? Son trabajos de mucho tiempo, investigaciones, hay mil maneras de salir de ahí más o menos bien. Pero para alcanzar la mejor manera de salir adelante habrá que esperar hasta el final del siglo XIX, a un gran matemático que se llama Dedekind, que va a relanzar el problema de lo continuo. Y su idea es muy simple, se da el siguiente esquema. Todo punto o todo número racional opera un "corte". Es decir, el primer mérito fundamental es que Dedekind no confunde las nociones. Hace un momento yo hablaba de "laguna".  Aquí hablo de otra cosa completamente distinta. Todo punto racional opera un corte sobre una recta. O, lo que es lo mismo, todo número racional entero o fraccionario constituye un corte en la sucesión infinita de los números racionales.
Segundo punto: ¿qué quiere decir un "corte"? La definición debe de ser muy estricta, ya que se trata de matemáticas. Cortar es repartir un conjunto en dos clases, una abajo y la otra arriba, o una inferior y la otra superior, o una antes y la otra después, como ustedes elijan. En cualquier caso, el corte repartirá nuestro conjunto en dos clases. Por ejemplo, si trazo un segmento vertical, digo que el punto x, como corte, reparte el conjunto AB en dos clases, una de las cuales está arriba y la otra abajo. Tienen que seguirme, ¿no? No es para nada difícil... Dedekind es muy difícil, pero lo que yo digo es muy, muy fácil.
Tercer punto: cualquier punto de la clase inferior, en este caso la de abajo, es inferior o está por debajo de cualquier punto de la clase superior.
Cuarta observación: x, el corte, forma parte de una u otra de las dos clases. Tenemos la clase A abajo, la clase B arriba. Pueden decidir que x forme parte de la clase A o de la clase B. Se pueden hacer las dos elecciones sucesivamente, por turnos. Todo lo que se puede decir es que si x pertenece a la clase A, no pertenece a la clase B, e inversamente. Pero no tenemos ninguna razón para escoger una antes que la otra.
Última observación: toda recta conlleva una infinidad de cortes. O si prefieren, la serie de los números racionales conlleva una infinidad de cortes, siendo cada número racional un corte.
(...) ¡Pero ven que es de una astucia diabólica! Está definiendo lo continuo por el corte. A partir de entonces, realiza la gran reconciliación entre el número y la magnitud. ¿Pero a qué precio? Cambiando radicalmente el concepto de número. Eso es un gran matemático. (...) Nunca se había definido el número por el corte. Nunca. ¿Cómo se definía el número? Se definía por unidad y adición. Había que darse las nociones de unidad y de adición pra engendrar el concepto de número.
(...) Todavía no se ve lo que Dedekind tiene de sorprendente. Se encuentra ante el siguiente problema. Tiene su infinidad de cortes, toda recta conlleva una infinidad de cortes. pero conlleva también una infinidad de lagunas, los números irracionales. todo número racional determina sobre la recta una repartición tal como acabamos de verla, en dos clases. Pero los números irracionales no son cortes, son lagunas. Y el problema de Dedekind será cómo darle a la laguna el estatus de corte. si logra darle a la laguna el estatus de corte, habrá ganado. es decir, habrá unificado todos los números bajo el concepto de corte. Desde entonces, el género del número será el corte. Aritméticamente es una especie de revolución. ¿Cómo lo hará?
(...) En todo corte racional, o bien la clase inferior no tiene un máximo, o bien la clase superior tiene un mínimo. es lo que define un corte racional. 2 es un corte racional porque la clase inferior tiene un máximo, el propio 2, o bien porque la clase superior tiene un mínimo, el propio 2.
¿Qué será un corte irracional? Resulta que un número irracional efectua una repartición. √2 efectúa una repartición sobre la recta, tal como los números racionales, es decir, una distribución de dos clases. Solo que no forma parte ni de una ni de otra, de modo que ni una tiene final, ni la otra tiene comienzo. En otros términos, ya no hay laguna, hay corte. Una vez dicho que hay dos tipos de cortes. Se llamará corte racional al que efectúa una repartición en dos series tal que una de las series es un final y la otra es un comienzo. Entonces el corte forma parte de una de las dos series. Se llamará corte irracional a una repartición tal que el corte no forma parte de ninguna de las dos series. Y diremos que lo continuo es el conjunto de los cortes racionales e irracionales. Habrán definido la propia continuidad por el corte.
Desde entonces el número se reconcilia, de hecho, con lo continuo. ¿Bajo qué condición? Bajo la condición de cambiar el concepto: el género del número es el corte. Si el concepto de número es el corte, se produce la reconciliación entre la continuidad de magnitudes y la discontinuidad de los números, discontinuidad que no era llenada por el conjunto de los números racionales, ya que los números irracionales les ponían lagunas.
¿Qué pasa en el viejo cine, en el cine de preguerra? Hay cortes... Incluso es un término cinematográfico. Hay cortes entre dos imágenes o entre dos series de imágenes. Estos cortes son de varios tipos. Pueden ser fundidos, fundido a negro o encadenado, pueden ser un montaje cut, es decir, un corte óptico, puramente óptico, o bien pueden ser falsos raccords, que implican un refinamiento que ya encuentran en Eisenstein, en casos espléndidos. Ese cine ya conoce todo. ¿No se podría decir, sin forzar demasiado la analogía, que opera por cortes racionales?
Desde el comienzo estamos buscando un poco lo que podríamos llamar rasgos nuevos del cine de posguerra. ¿Cuál es la novedad de Bresson en este aspecto? ¿Cuál es la novedad de la nouvelle vague en este aspecto? Es la llegada a la imagen cinematográfica de un tipo de corte completamente nuevo. El corte conserva siempre su definición: efectuar una repartición entre dos series de imágenes. Solo que yo diría, a grandes rasgos, que el cine moderno efectúa o inventa una concepción completamente nueva del corte. (...) Con el criterio que hemos tomado de Dedekind, el corte ya no forma parte de ninguna de las dos series que reparte, como sucedía en el fundido a negro o en el fundido encadenado. Puede ser imperceptible. Es decir, el falso raccord adquiere una dimensión absolutamente nueva. Ya existía antes, pero solo era una laguna. Ahora cambia de estatus. El falso raccord comienza a valer por sí mismo. Ya no es una laguna en las series de las imágenes, sino un corte irracional entre dos imágenes y, en cuanto que tal, no forma parte ni de una ni de otra.
(...) Mientras que, a mi modo de ver, el montaje del viejo cine, del cine de preguerra, era un montaje siempre concebido según relaciones de conmensurabilidad.
(...) Burch dice que en cierto momento, en el cine experimental, la pantalla blanca o negra comienzan a valer por sí mismas, es decir, adquieren lo que Burch llama un valor estructural. Yo diría que eso solo es posible cuando la pantalla blanca o negra valen como presentación del corte irracional.
(...) Comprendan que incluso podríamos ir más lejos. Yo decía que la mutación del pensamiento, que he buscado en Blanchot o en Foucault, tenía dos grandes caracteres. Era el pensamiento del Afuera, un pensamiento que reivindicaba esa instancia misteriosa, el Afuera, que vimos que no era el mundo exterior, que estaba más allá del mundo exterior. Decía que es un pensamiento del Afuera que se revela en el pensamiento como intersticio. El intersticio comienza a valer por sí mismo.
No diría que la imagen cinematográfica verifica, pero sí que inventa por su cuenta una mutación completamente análoga, en la medida en que el falso raccord, en el cine moderno, se ha vuelto un corte irracional. Eso es el intersticio. El falso raccord ya no forma parte de ninguna de las dos series de imágenes que separa. En ese sentido es un corte irracional. Segunda noción, la presentación del intersticio ampliado: la pantalla blanca o negra, que llamaré la presentación del Afuera de la imagen, o de un Afuera de la imagen, o de un reverso de la imagen.
De modo tal que los dos caracteres fundamentales que habíamos encontrado en el nivel de la imagen del pensamiento, el Afuera y el intersticio, el Afuera que se presenta en el intersticio, encuentra su correlato en la imagen cinematográfica: el falso raccord y el intersticio, su desarrollo en la pantalla negra o blanca, y la correlación de la pantalla negra o blanca con el falso raccord concebido como intersticio, es decir, como corte irracional. Si esto fuera así, funcionaría completamente.
(...) Todo sucede como si las lagunas ya no estuvieran subordinadas al encadenamiento de las imágenes, sino al revés: el encadenamiento de las imágenes está subordinado a las lagunas. De modo que solo subsiste de encadenamiento lo que permiten las lagunas.
(...) Solo subsistirán los encadenamientos que los cortes permitan.
(...) El intersticio deja de estar subordinado a la asociación de las imágenes. Esto es lo que me parece muy importante. Cuando el intersticio comienza a valer por sí mismo, el encadenamiento de las imágenes pasa a un segundo plano. Las imágenes se desencadenan realmente, o no quedan más que encadenamientos locales cuya ley habría que buscar.
Para los que conocen un poco, adelanto que hay una palabra en física, en matemáticas, en cálculo de las probabilidades: son encadenamientos semifortuitos. Es algo muy especial, es lo que se llama cadenas de Markov, por un célebre autor que estudió este tipo de encadenamientos. Son particiones reencadenadas. el encadenamiento nunca es directo. Hay operaciones de reencadenamiento mediante el corte. Y eso es lo que explica la inversión de las relaciones. Son exactamente particiones reencadenadas. No hay encadenamiento, sino reencadenamiento.
(...) Cuando Godard tiene una imagen , se pregunta con qué otra imagen la va a poner en relación. ¿Pero qué quiere decir esto? ¿Otra imagen semejante? Para nada. En otros términos, lo primero es la diferencia. Es muy de su época, recuerden los grandes textos de Levi-Strauss: "Siempre creímos que la semejanza era primera respecto de la diferencia, pero la diferencia es primera respecto de la semejanza; una estructura es una distribución de diferencias", etc., etc. Dada una imagen, Godard se pregunta con qué otra imagen va a ponerla en relación, pero las condiciones no son ni las de contigüidad ni las de semejanza.
¿Cuáles son entonces las condiciones, si no son la contigüidad ni la semejanza, es decir, las asociaciones que dije que formaban parte de la antigua imagen de pensamiento? Será algo muy diferente, serán condiciones que en física se llamarían de disparidad. Es decir, elegir otra imagen no semejante, lejana, pero de tal manera que pase algo entre las dos. (...) para seguir hablando como un físico, que se produzca un fenómeno de resonancia.

El cerebro nos va a poner en presencia de un adentro absoluto  y un afuera absoluto. ¿Qué quiere decir "en presencia"? Quiere decir en contacto sin distancia. Es por eso que lo externo y lo interno ya no son relativos. (...) El cerebro va a poner en contacto un afuera más profundo que todos los mundos externos y un adentro más profundo que los medios internos.
¿Cómo hace este contacto sin distancia del adentro y del afuera? ¿Qué quiere decir un contacto sin distancia? Es lo que explica Simondon en páginas muy bellas: quiere decir que el cerebro tiene una estructura topológica. El cerebro tiene una estructura topológica que asegura la copresencia de un afuera y un adentro absolutos.
(...) Finalmente, como dice Simondon, el cerebro no tiene interpretación euclidiana. El cerebro no se interpreta en espacio euclidiano. La integración/diferenciación, sí; el medio relativo interno/externo, sí; pero el cerebro implica un espacio topológico.
Cito un texto interesante. "El desarrollo del neopalio en las especies superiores se produce esencialmente por un plegamiento del córtex: es una solución topológica, no una solución euclidiana". (...) "En rigor, no habría que hablar de proyección para el córtex, aunque haya, en el sentido geométrico del término, proyección para pequeñas regiones; habría que decir: conversión del espacio euclidiano en espacio topológico". "Las estructuras funcionales de base son topológicas; el esquema corporal convierte esas estructuras topológicas en estructuras euclidianas a través de un sistema mediato". Es decir, a través de la mediación entre medio interno y medio externo relativos.
¿Pero qué quiere decir esto? Quiere decir poner en contacto o en copresencia un adentro más profundo que todos los medios internos relativos y un afuera más profundo que todos los medios externos relativos. Esa seria la función topológica del cerebro.
(...) Esto es incluso lo que distingue a lo viviente del cristal. ¿Qué cuenta cuando crece un cristal? Que las capas moleculares son relativamente internas  y externas, es decir, que la capa molecular ya constituida será llamada interna y la capa molecular en vías de constitución será llamada externa. Pueden vaciar el cristal de la mayor parte de su sustancia interna y eso no cambia nada, no le impide crecer. Por el contrario, en un organismo no hay chance de vaciarlo de su sustancia interna. Su sustancia interna  concentra, condensa todo su pasado y es todo su pasado. Y el Todo de ese pasado está en contacto inmediato, es decir, topológico, está en vecindad -como se diría en topología- independientemente de toda distancia, con el afuera absoluto, es decir, con el horizonte del mundo exterior.
(...) Podría decir  que el cerebro, en cuanto que interpretado topológicamente -y así debe interpretarse-, se presentará como el contacto sin distancia o la copresencia del afuera y del adentro, de lo vacío y lo lleno, del pasado y del futuro, del derecho y el revés, etc.
Hay que conservar esta fórmula de lo vacío y lo lleno. Sientan que ya tengo ahí una segunda intención cinematográfica. ¿Acaso hay algo más lleno que una imagen vacía en cine? Un espacio vacío de Antonioni es una imagen llena. Una imagen de cielo vacío de Godard es una imagen llena.
(...) Durante mucho tiempo la imagen clásica del cerebro dijo que todo eso formaba una red continua. Pero bastante rápidamente se han dado cuenta de que esa red no era continua, en el sentido clásico de la palabra sino que estaba llena de cortes. (...) Entre la terminación del axón de la célula A y la dendrita de la célula B hay corte. La red no es continua. (...) Diré que mientras en el caso de las sinápsis eléctricas nos encontramos frente a puntos-cortes racionales, en el caso de las sinapsis químicas nos encontramos frente a puntos-cortes irracionales.
¿Y entonces? La totalidad del cerebro entra en un régimen literalmente probabilístico.
(...) El cerebro promueve un espacio topológico y envuelve un espacio probabilístico. Por lo tanto, sustituimos el eje vertical integración/diferenciación por el contacto topológico entre el afuera y el adentro, y sustituimos el eje horizontal  sensorio-motor por el carácter probabilístico de los encadenamientos, ya que los encadenamientos son interrumpidos por puntos-cortes irracionales.
De estas dos maneras -pasemos ahora a la vida- ya no podemos vivir nuestro cerebro como un árbol. Ya no tenemos un árbol en la cabeza. Se acabó. Encontrarán mucha información sobre la sinapsis, por ejemplo, en el conocido libro de Jean-Pierre Changeux, El hombre neuronal. Encontrarán también información que insiste más sobre el aspecto probabilístico del cerebro en un neurobiólogo británico que se llama Steven Rose, en el libro El cerebro consciente.
En el libro de Steven Rose hay una metáfora que es muy interesante. (...) Dice: "Es exactamente como cuando la enredadera se enrolla alrededor de la zarza". (...) La enredadera, como saben es mala hierba. La zarza es exactamente la dendrita con sus espinas. Resulta que esta dendrita particularmente extraña se enrolla alrededor del axón de la neurona precedente. En cada contacto de espina, hay una sinapsis. Por lo tanto, la dendrita es la zarza y el axón es como la enredadera que se enrolla alrededor de la zarza. ¡Qué lejos estamos del modelo del árbol! Estamos en otro dominio.
En otros términos: lo que tenemos en la cabeza no es un árbol, es hierba.
(...)¿Qué quiere decir todo esto? Que, de cierta manera, ya tenemos nuestra solución. ¿A qué nos lleva todo esto? Si hiciera falta intentar dar una fórmula filosófica, no científica, de las cadenas de Markov, diría que es un conjunto de re-encadenamientos sin encadenamiento previo. Todo el resto me importa poco, era para llegar a esto, para llegar a esta cosa que para mí es un misterio: ¿cómo es posible que haya re-encadenamientos sin que haya encadenamientos? Supongan que algunos encadenamientos se hacen al azar, pero los re-encadenamientos no son al azar, Yo diría que eso es una cadena de Markov. Ya no hay encadenamiento, solo hay re-encadenamientos. Es decir, se re-encadenan temas independientes entre sí, en lugar de que haya encadenamiento de temas dependientes. Hay una primacía del re-encadenamiento sobre el encadenamiento. Y las cadenas de Markov nos dan la estructura matemática de tal acontecimiento.
Esto me aporta mucho, ya que es mi respuesta a: ¿cómo se produce la transmisión en el cerebro? La transmisión en el cerebro se produce por re-encadenamiento entre series independientes. Estaría mucho más cerca de las cadenas de Markov que de una transmisión eléctrica. De allí la idea de un cerebro probabilístico.
Entonces ya tenemos todo. Paso al último aspecto, que solamente anuncio: ¿qué quiere decir todo esto para el cine? ¿No se podrá decir también que hay regímenes de la imagen muy diferentes desde este punto de vista? Hubo un régimen de encadenamiento de las imágenes que inspiró la concepción clásica del montaje y que era un encadenamiento sensorio-motor de las imágenes. Pero, ¿no nos propondrá el cine moderno estructuras muy diferentes, que serían re-encadenamientos de imágenes independientes?


Gilles Deleuze
CINE IV. Las imágenes del pensamiento

27.9.24

Musée de Grenoble, Grenoble, France. Giuseppe Penone





¿De dónde viene ese espacio-tiempo? Digo que la imagen del pensamiento es el espacio-tiempo que él presupone, en el cual evoluciona. Es lo que llenará el método. Este espacio-tiempo es muy concreto. Es como una especie de pequeña novela filosófica. No pueden encontrarlo en el texto de los filósofos, ya que está presupuesto por todo lo que dicen. Y sin embargo, todo lo que dicen lo evoca, lo hace vivir.

Tomo tres ejemplos. Supongamos que Platón, Descartes y Kant quieren la verdad. Constato que la persiguen con tres métodos muy diferentes. Constato que Platón, entre otras cosas, nos expone largamente un método que llama "dialéctico", que consiste en dividir el concepto en dos mitades, en dos partes, en escoger la parte buena según el problema considerado, parte que volverá a dividir, etcétera. Constato que Descartes procede con un método completamente distinto para alcanzar la verdad que también desea. Se sirve de un método que presenta como "analítico". Esta vez se trata de partir de la percepción clara y distinta de algo para elevarse a la percepción clara y distinta de la causa de ese algo. El encadenamiento de las percepciones claras y distintas formará el orden de las razones. Cada uno inventa su método. Constato que Kant invoca un tercer método, al que llama "trascendental". Consiste en partir de una cosa preguntándose bajo qué condiciones la cosa es posible. Esta vez se trata de remontarse desde una cosa hacia las condiciones que la vuelven posible. Es un nuevo método, que erige ante todo la búsqueda de las condiciones de posibilidad de algo como principio metodológico: ¿en qué condiciones esto es posible, en qué condiciones son posibles las matemáticas? Bueno, todo esto es muy abstracto. Ellos quieren la verdad valiéndose de tres métodos.




Foglia, 1990. Giuseppe Penone



¿Qué hace nuestro cerebro moderno? ¿Cómo vive vuestro cerebro? Vuestro cerebro parpadea, re-encadena, y hace bucles. Esto es muy importante, cambia mucho. el cerebro de nuestros padres no hacía eso... El cerebro de nuestros padres integraba, diferenciaba, encadenaba. Nosotros no hacemos eso, nos hemos vuelto topológicos, semi-fortuitos y re-encadenantes. Esto nos da otra relación con la salud, con la enfermedad... No es lo mismo.




Foglia, 1990. Giuseppe Penone



Durante un tiempo, lo que dominó en el estudio del cerebro fue cierta concepción según un eje de integración y diferenciación. La última vez vimos cómo el proceso de integración y diferenciación podía en suma definir una totalidad y una circulación en el Todo. Y yo decía que, cada vez más, una estructura de integración y diferenciación era sustituida... -"sustituida" no es un buen término... hay que corregir, poner matices todo el tiempo, yo no los pongo-. Tiende a ser sustituida por consideraciones de un nuevo tipo concernientes a una estructura topológica del cerebro.

Y ustedes saben que, por definición, en una estructura topológica las distancias no cuentan. Insisto en que no es necesario que sepan muy bien qué es una estructura topológica... Queda en ustedes indagar. Ahora bien, ¿qué pasa desde este punto de vista cuando se descubre el cerebro como estructura topológica? Lo que pasa a primer plano es una relación topológica entre el afuera y el adentro. O diría también, un contacto independiente de la distancia. o si prefieren, copresencia, aplicación del adentro y del afuera, pero también del futuro y el pasado, de lo vacío y lo lleno, del derecho y el revés, del negro y el blanco, del cosmos y el cerebro. Es el cerebro-cosmos. (...)

Y yo aclaraba que, cuando hablo de una copresencia o de una aplicación del adentro y del afuera, se trata de un afuera más lejano que todo el mundo exterior y de un adentro más profundo que todo el mundo interior.


Gilles Deleuze

CINE 4. Las imágenes del pensamiento.

1.7.24




Deleuze en Nietzsche, considera la filosofía como “una nueva forma de pensar”; y, dice que, cuando alguien nos pregunte para qué sirve la filosofía, debe recibir una respuesta agresiva: “Ella no sirve a nadie en el poder. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene éste uso: denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas."
La filosofía debe “… exponer todo tipo de ficciones, sin las cuales las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Desenmascarar el bulo como una mezcla de bajeza y estupidez, a lo que también contribuye la asombrosa complicidad de víctimas y verdugos (autores).
Finalmente, la filosofía, “… transforma el pensamiento en algo agresivo, activo y afirmativo. Hacer libres a las personas, es decir, no mezclar los objetivos de la cultura con los beneficios del Estado, la moral y la religión. Lucha contra el rencor y la mala conciencia, que reemplazan nuestros pensamientos. Derrota lo negativo y su falso encanto. ¿A quién, si no a un filósofo, le interesa todo esto?”.
Por muy grandes que fueran la estupidez y la bajeza, habrían sido aún mayores si no hubiera habido una pequeña fracción de la filosofía –dice Deleuze- en cualquier época, impidiéndoles llegar tan lejos como quisieran, prohibiéndoles… a ser, por tanto, tan estúpida y tan vil como a cada una le gustaría por su parte. Ciertos extremos les están prohibidos, pero ¿quién, sino la filosofía, prohíbe estos extremos? ¿Quién les obliga a disfrazarse, a adoptar apariencias nobles e inteligentes, apariencias de pensadores?
Y, si la filosofía no hace lo señalado, empieza su mistificación; y, “…la mistificación de la filosofía comienza desde el momento en que ésta renuncia a su papel... de desmitificadora y se une a los que están en el poder: cuando se niega a dañar la estupidez, a exponer la bajeza. Es cierto, dice Nietzsche, hoy los filósofos son como los cometas. Pero debemos observar estos cometas, desde Lucrecio hasta los filósofos del siglo XVIII, y si es posible seguirlos, recorriendo así el camino fantástico. Los filósofos cometas lograron hacer del pluralismo un arte de pensamiento, un arte crítico. Pudieron contarle a la gente lo que hay detrás de ellos, al pueblo, con mala conciencia y rencor. Pudieron contrastar los valores establecidos y los que estaban en el poder con al menos la imagen de una persona libre.
Para Deleuze, “… la filosofía debe ser renovada y reanimada, necesita encontrar un nuevo campo de actividad. Si la labor crítica de la filosofía no se renueva activamente en cada época, entonces la filosofía morirá, y con ella morirán la imagen del filósofo y la imagen del hombre libre. La estupidez y la bajeza crean constantemente nuevas aleaciones. La estupidez y la bajeza son siempre la estupidez y la bajeza de nuestro tiempo, de nuestros contemporáneos...
Una cadena de filósofos no es una cadena eterna de sabios, ni mucho menos un encadenamiento de acontecimientos históricos, sino una secuencia rota de cometas, su discontinuidad, su repetición, que no puede reducirse ni a la eternidad del cielo que atraviesan, ni a la la historicidad de la tierra sobre la que sobrevuelan. No hay filosofía eterna ni histórica…: la filosofía es siempre intempestiva, intempestiva en cada época.
Por ello, Nietzsche le ofrece al pensamiento una nueva mirada. Consiste en el hecho que el pensamiento nunca actúa como una aplicación natural de una determinada habilidad. El pensamiento nunca piensa completamente solo y por sí solo; y su paz nunca se ve perturbada por fuerzas que permanecen externas a ella. El pensamiento depende de las fuerzas que se apoderan del pensamiento. Mientras nuestro pensamiento sea capturado por fuerzas reactivas, mientras encuentre en ellas su significado, debemos ciertamente admitir que todavía no estamos pensando... Si Heidegger declara: “todavía no pensamos”, entonces la fuente de este tema debería buscarse en Nietzsche. Esperamos fuerzas capaces de hacer del pensamiento algo activo, absolutamente activo, elevándolo al nivel de la afirmación. Pensar como actividad es siempre pensamiento de segundo grado, no una aplicación natural de alguna habilidad, sino un acontecimiento extraordinario en el pensamiento mismo, para el pensamiento mismo. Pensar es el enésimo grado de pensamiento. El pensamiento todavía necesita ser elevado a este grado, el pensamiento necesita volverse “ligero”, “afirmativo”, “danzante”. Sin embargo, ella nunca llegará a este nivel a menos que las fuerzas cometan violencia contra ella. Es necesario que se ejerza algún tipo de violencia sobre él como pensamiento, es necesario que alguna fuerza lo obligue a pensar, lo lance al devenir-actividad. Esa compulsión, esa formación es lo que Nietzsche llama “Cultura”. La cultura, según Nietzsche, es, en esencia, formación y selección. Expresa la violencia de las fuerzas que se apoderan del pensamiento para transformarlo en algo activo, afirmando que este concepto de cultura sólo puede entenderse cuando se comprenden todas las formas en que se opone al método. El método presupone siempre la buena voluntad del pensador, una “decisión reflexiva”. La cultura, por el contrario, es violencia perpetrada contra el pensamiento, formación del pensamiento bajo la influencia de fuerzas que realizan la selección, formación que involucra todo el inconsciente del pensador. Los griegos no hablaban de método, sino de paideia; sabían que el pensamiento no piensa por libre albedrío, sino bajo la influencia de fuerzas que se le aplican para obligarlo a pensar. Incluso Platón distinguió también lo que hace pensar de lo que deja el pensamiento inactivo; y, en el mito de la cueva, hizo depender la paideia de la violencia soportada por el prisionero, a veces para salir de la cueva, a veces para regresar allí. Es esta idea griega de la violencia selectiva de la cultura la que Nietzsche redescubre en textos famosos. "Que examinen nuestro antiguo derecho penal y comprendan las dificultades que conlleva la formación de un pueblo de pensadores en la tierra...": para ello es necesaria incluso la tortura. “Enseñar a pensar, en nuestras escuelas han perdido por completo incluso el concepto de esto...” “Por extraño que parezca, todo lo que existe y ha existido en la tierra (esto se refiere a la libertad, la gracia, el coraje, la danza y la seguridad proporcionada por las autoridades) no podrían haber florecido en absoluto excepto bajo la tiranía de leyes arbitrarias."
Y, sin duda, hay ironía en estos textos: el “pueblo de pensadores” del que habla Nietzsche no es el pueblo griego, sino el pueblo alemán. Sin embargo, ¿dónde está la ironía? No en la idea que los pensamientos sólo se piensan bajo la influencia de fuerzas que los violan. No me gusta la idea de la cultura como entrenamiento forzado. Más bien, la ironía se manifiesta en la duda sobre la formación de la cultura. Por ello, si “…no vemos “contra quién” se dirigen los conceptos básicos de la enseñanza de Nietzsche, entonces significa que entendemos mal toda su obra en su conjunto. Los temas hegelianos en esta obra aparecen como los enemigos con los que lucha”.

 

22.4.20

Roma, 1972. Federico Fellini



¿Qué es Roma? Literalmente, jamás veremos Roma. Veremos la lista de todas las maneras de entrar en Roma según Fellini. Entrada histórica: se puede entrar a Roma por la historia. Entrada arqueológica: se puede entrar a Roma por los frescos. Entrada urbana: se puede entrar a Roma por lo periférico. Entrada memorial: se puede entrar a Roma por recuerdos de infancia. En ocasiones dos entradas se mezclan. El paso del Rubicón es presentado bajo la forma del pequeño arroyuelo ridículo que franquea un compañero llevado por un cura: recuerdo de infancia. Dos entradas se han contaminado. Está la entrada por lo periférico, la entrada por los frescos, la entrada por todo lo que quieran. Y el film Roma está hecho de todas estas entradas. Roma es la transversal de todas las entradas a Roma y de todas las maneras de entrar a Roma.

Gilles Deleuze
Cine III. Verdad y tiempo, potencias de lo falso.

7.3.19

The lady from Shanghai, 1974. Orson Welles


Materia y memoria es de 1899... no, no sé... ya no me acuerdo... es de fines del siglo XIX o principios del XX; y que la psicología todavía se mantenía en la idea de que no hay estado psicológico inconsciente, e incluso de que la idea de estado psicológico inconsciente era un sinsentido. En esa época Freud comenzaba a atacar violentamente esta concepción de la psicología. Pero Bergson, en la misma época, lo hacía con igual violencia.
Y me interesa ese principio del capítulo 3 de Materia y memoria, donde Bergson dice así como así, imaginando y reflexionando, escribe mientras reflexiona, que es extraño que se admita corrientemente que los objetos percibidos existen fuera de nuestra percepción. Ven el problema que plantea. Todo el mundo admite espontáneamente que los objetos percibidos existen fuera de nuestra percepción, bajo una forma u otra, pero no se admite que los estados psíquicos existan fuera de nuestra conciencia. Ven el problema, ¿no? "Todo el mundo admite eso", dice. "Por ejemplo -dice él mismo- estoy en una habitación. Percibo. Pero en ningún momento dudo de la existencia de un fondo detrás de mí, tampoco dudo de que hay un pasillo que no percibo, que después del pasillo hay un pequeño patio abierto, y que si salgo está la calle, etc.". No dudo de que los objetos de mi percepción se extienden -retengan la expresión "se extienden"- fuera de mi percepción. Y extrañamente, dudo de que mis estados psíquicos se extiendan fuera de mi conciencia. "¿Pero por qué?", se pregunta. Es muy curioso. ¿Por qué? Ustedes ven el problema. En efecto, estoy ahí, en esa habitación, y me digo: "¡Ah!, sí, está la habitación, y luego está el pasillo, y luego la calle, y luego está el mundo". Pero en cambio, estoy pensando en algo y tengo la impresión de que eso está en mi conciencia. "No es normal", dice Bergson. "Habría que explicar esta creencia extraña. Quizás tengamos razón al creer eso, pero ¿por qué?".
Y dice que finalmente es por una razón muy simple: porque se ha escindido la existencia, o lo existente, en dos partes bien distintas. Él no habla así, pero nosotros podríamos decir que se ha escindido lo existente en dos partes bien distintas. Una a la que vamos a llamar lo real. Y definimos lo real como las conexiones legales y causales a las cuales uno está llamado a obedecer. Lo que va a definir lo real es la conexión causal y legal. Es decir: si estoy en una habitación, hizo falta que entre. Es la conexión causal. Hizo falta que entre, es decir que un pasillo me conduzca a ella. Hizo falta que ese pasillo parta de un lugar. El lugar de donde parte el pasillo puede perfectamente ser otro pasillo, pero a fuerza de ir por los pasillo se acabará por llegar afuera. Conexiones legales y causales. Y eso va a definir lo real.
por el contrario, ¿cómo definimos lo imaginario? Lo definimos por el capricho y lo discontinuo. "¡Oh, se me cruza una idea por la cabeza!". Capricho y discontinuidad. Y luego olvido. Me viene un recuerdo. Pero el recuerdo no me viene siguiendo conexiones legales y causales. Por ejemplo, de repente tengo un recuerdo de mi infancia. Dura tres segundos y después vuelvo a lo que hacía. Todo ese mundo de los caprichoso discontinuo sin duda existe, pero no bajo la forma real. (...)
Después de este paréntesis, Bergson continúa. Dice que, si lo pensamos bien, no sucede de esa manera, en absoluto. Pensemos bien esta cuestión de las percepciones: "el objeto se prolonga y se continúa fuera de la percepción que tengo". Habría que decir que si y que no. Pues es verdad, el objeto se prolonga fuera de la percepción que tengo de él. No veo el pasillo, pero la habitación que capto se prolonga en el pasillo. Seguramente. Pero ese pasillo que no percibo, ¿es extraño a toda percepción? ¿Hay que decir que los objetos se prolongan fuera de la percepción que tengo de ellos? "No, no, es mucho más complicado que eso", dice Bergson. Pues esos objetos que se prolongan fuera de la percepción que tengo de ellos, son percepciones posibles. Más aún, son percepciones efectuadas por otros. Llegado el caso, esto puede complicarse: percibo, en la sala donde estoy, alguien cuya mirada esta puesta en el pasillo. Tengo razones para inferir que otro prolonga en percepciones las percepciones que yo tengo. por tanto, el objeto que no percibo no se distingue radicalmente de todas las percepciones. Se puede decir incluso, que, de cierta manera, las cosas son percepciones. (...) Y si uno habla de objetos que no existen independientemente de las percepciones que tengas de ellos, uno está forzado finalmente a hablar de percepciones inconscientes. Pero Bergson no insiste mucho en eso. Son sugerencias que está haciendo.
Y dice que de repente, si uno se da cuenta de que entre el objeto percibido y la percepción no hay una diferencia de naturaleza -de modo que cuando el objeto se prolonga independientemente de la percepción que tengo de él, todavía la percepción consciente se prolonga en percepciones posibles o percepciones inconscientes-, si estoy obligado a decir eso, desde ese momento ya no tendré ninguna dificultad para decir que, del otro lado, lo imaginario también se prolonga más allá de la conciencia que tengo de él. Y que mis recuerdos se prolongan infinitamente por fuera de la consciencia que tengo de ellos cuando los actualizo.
En otros términos, se dirá que tanto los objetos reales como los estados imaginados tienen una amplia franja de indistinción, tal que lo real se prolonga fuera de mi conciencia al igual que lo imaginario se prolonga fuera de mi conciencia. Hay una franja de indistinción.
(...)
Último punto de Bergson, y a esto quiero llegar. ¿De dónde viene la ilusión? ¿De dónde viene el hecho de que uno no vea y no se instale en esta especie de indistinción cristalina? (...)
Bergson nos dice: "¿Saben de dónde  viene esta ilusión que les hace creer que los estados de lo imaginario no se prolongan fuera de vuestra conciencia, mientras que creen que los estados de lo real se prolongan fuera de vuestra percepción? ¿Saben de dónde viene?". Aquí aparece el gran Bergson, el resto eran pequeñas observaciones: "Es que ustedes y todo el mundo cree, todos creemos y vivimos sobre una idea de locos, sobre la siguiente idea loca: que el espacio sería la forma de la conservación, es decir que las cosas se conservan en el espacio -lo cual no quiere decir estrictamente nada, pero estamos convencidos de ello- mientras que el tiempo destruye". Se piensa que el espacio conserva y que el tiempo destruye. Desde entonces, se considera que los estados psíquicos, que son temporales, no existen fuera de la conciencia, y que los objetos de la percepción, que están en el espacio, existen independientemente de la percepción. Pero esta idea de que el espacio conservaría y el tiempo destruiría es la idea más extraña. Allí Bergson toca algo que, hasta donde conozco, sólo él supo decir. Es realmente una idea rara.
Este es el texto: Para desenmascarar la ilusión, habría que ir a buscar en su origen, y seguir a través de todos sus rodeos, el doble movimiento por el cual llegamos a plantear realidades objetivas sin relación con la conciencia y estados de conciencia sin realidad objetiva, pareciendo entonces -y la ilusión es esto- que el espacio conserva indefinidamente cosas que se yuxtaponen en él, mientras que el tiempo destruiría, poco a poco, estados que se suceden en él.
Eso es lo que me interesa, esta especie de ilusión demente. La que hace que, después, todo el problema de la memoria esté completamente trastornado, puesto que uno va a preguntarse: "Dado que el pasado es lo que ya no está, ¿cómo se lo puede reconstituir?". Se sabe que es lo que ya no está, puesto que el tiempo es fundamentalmente destructor, puesto que solo está el presente. bueno, uno se encontrará ante todo tipo de problemas. ¿Pero de dónde viene esta idea prefabricada que damos por supuesta: el espacio conserva indefinidamente las cosas que se yuxtaponen en él, el tiempo destruye los estados que se suceden en él?
(...) ¿y si el tiempo no destruyera nada? En ese caso, sería normal que nuestros estados psíquicos subsistan fuera de nuestra conciencia.
¿Pero por qué tiene uno esa idea? Y bien, la respuesta de Bergson es siempre la misma, pero la fórmula es espléndida. Es a causa de las exigencias prácticas, de las exigencias de la acción. Es que finalmente lo que nos interesa es el presente, porque es en el presente que uno actúa. ¿En qué consiste entonces todo nuestro impulso? La bellísima fórmula de Bergson: "ante nosotros abrimos indefinidamente el espacio, mientras que detrás nuestro cerramos el tiempo que transcurre". Y nos dice que es en el mismo movimiento. Pero hay que vivirlo físicamente: avanzo, avanzo, cabeza dura... pum, pum, pum; y cuando avanzo, es como si abriera ante mí el espacio, pero bajo la condición de cerrar detrás de mí el tiempo. ¡Qué extraño andar! Y eso es avanzar. Por eso es preferible no avanzar demasiado. Avanzar es una operación demente, completamente demente: abro el espacio a condición de cerrar el tiempo.
Puede ser que me dé cuenta de que es al revés, de que el tiempo es fundamentalmente abierto y el espacio fundamentalmente cerrado.
(...)
La memoria del mundo y el tiempo son lo mismo. El tiempo no es algo que destruye, es algo que conserva. La forma en la que el tiempo conserva es la memoria del mundo.

Gilles Deleuze
Cine III. Verdad y tiempo, potencias de lo falso.

16.4.16

Painting, 1946. Francis Bacon


Para terminar con lo que tenía que decir sobre el ejemplo mismo de Bacon, hay un texto suyo que me parece muy bello. Les muestro una pintura más... Pero no verán nada, así que esto no sirve (risas). Para aquellos que no ven, les cuento que hay un paraguas. Espero que no vayan a contradecirme. Igual como no ven nada, puedo decir lo que quiero (risas). De la cabeza de este hombre bajo el paraguas no vemos más que la mitad inferior del rostro, con una boca muy inquietante, una boca dentada. Y esa boca y toda esa mitas inferior ascienden. A mi modo de ver, eso asciende. Imposible hacerlo descendente. Está como sorbido por el paraguas, asciende en el paraguas como para huir por una punta. Y luego, arriba, un gran pedazo de carne. Más los colores lisos que constantemente encontramos en Bacon.
En las entrevistas, en relación a este cuadro que se titula Peinture, 1946, Bacon dice una cosa simple: Yo tenía una intención, era pintar un pájaro que se posaba en un campo. Ustedes me siguen, un pájaro que se posaba en un campo puede venir al espíritu de un pintor. Es un buen tema un pájaro que se posa en el campo. Y Bacon dice: "He comenzado y, poco a poco, se ha impuesto otra cosa. Y he hecho este hombre en el paraguas, esta figura bajo el paraguas".
Afortunadamente, la primera reacción que tiene el tipo que lo entrevista, que justamente interpreta el papel de la primera reacción, nos ayuda mucho. La primera reacción sería decir: "Ah sí, comprendo, en lugar de la forma-pájaro, hizo la forma-paraguas". En efecto, si ven el paraguas, es como una especie de gran murciélago. Lo que me interesa es que cuando su entrevistador le dice: "¿Usted quiere decir que el pájaro a devenido paraguas?", Bacon responde: "En absoluto, en absoluto. No quiero decir eso" -en otros términos: "Usted no entendió nada"-; "lo que hay que poner en relación con el pájaro que quería hacer es el conjunto que me ha venido de golpe". Cito casi exactamente, resumo un poco para ir más rápido: "es el conjunto que me ha venido de golpe o la serie que he hecho progresivamente".
Eso me interesa para comprender cómo procede un pintor. Es desde ya muy extraño. La respuesta de Bacon es de una gran confusión, porque a fin de cuentas dice: "No hay que poner en relación mi intención de pájaro y el paraguas. Hay que poner en relación mi intención de pájaro y el conjunto dado de una vez, es decir, la serie gradual". ¿Es lo uno o lo otro? Una serie gradual y un conjunto dado de una vez suenan perfectamente contradictorios. Entonces, si Bacon quiere decir algo -y tenemos todas las razones para pensar que quiere-, lo que quiere decir es que se sitúa en un punto de vista en el que la diferencia entre "serie gradual" y "conjunto dado de una vez" ya no tiene importancia. Quiere decir que de cualquier manera se trata del todo del cuadro, considerado espacial y temporalmente. Considerado temporalmente en la serie gradual, considerado espacialmente es el cuadro tal como se nos presenta, como conjunto dado de una vez.
Bien, de acuerdo, Bacon dice que lo que hay que poner en relación con la forma intencional "pájaro" es toda la serie o todo el conjunto. ¿Qué es toda la serie o todo el conjunto? Si comprendemos lo que dice, puedo definir la serie de arriba a abajo como: pedazo de carne, paraguas, hombre con rostro carcomido por el paraguas y con la boca abierta. Eso forma mi serie. Lo que Bacon no quiere es que haya simplemente una relación de analogía entre la forma-pájaro y la forma-paraguas. "No es así como procedo", dice. En efecto, eso sería solo una transformación: ¿cómo un pájaro se transforma en paraguas? No tendría mucho interés. En última instancia, resultaría en una especie de vago surrealismo. él dice que no se trata de eso. En cambio, hay una analogía entre la forma-pájaro y el conjunto del cuadro.
En otros términos -y es la primera vez que vamos a encontrar lo siguiente, que quedará por verificar más tarde-: ¿no habría dos formas de analogía diferentes? Puedo hablar de una primera forma de analogía en tanto existe analogía entre la forma-pájaro y la forma-paraguas. ¿Qué diría en ese caso? Diría que existe un transporte de relaciones, es decir, se encuentran las mismas relaciones entre los elementos del pájaro en la forma I y los elementos del paraguas en la forma II. Hay un transporte de relaciones idénticas, hay identidad de relaciones. Relaciones dadas se transportan de una forma a la otra. Pero quizás haya una analogía estética que no tiene ninguna relación con eso, que es completamente diferente. ¿Qué sería la analogía estética?
Y bien, recuperemos el cuadro de nuestro confuso recuerdo. Está el pedazo de carne que tiene como dos brazos en los cuales está suspendido como por cruces de carnicero. No es un pedazo de carne que se sostiene así como así, está el tema de los brazos. La carne va a descender de estos dos brazos señalados. En otros términos, ¿en que ha devenido la relación propia del pájaro y el ala que se abra? Ha devenido el equivalente, se ha transformado... No encuentro mis palabras... Es la relación misma la que se ha transformado en una relación completamente distinta, en la relación huesos-carne: la carne desciende de los huesos; hay pequeños brazos de la carne que son como huesos de los cuales la carne cae, desciende.
Lo que evoca muy vagamente el pájaro es ese movimiento de brazo en la carne que cae, que evoca muy vagamente una apertura de alas. La carne cae de estos dos pequeños brazos, cae literalmente. Digamos que es como una especie de cascada de carne. Cae de los huesos. Ustedes ven que estoy hablando, en otros términos, del hecho pictórico. La carne desciende de los huesos es la primera connotación con el pájaro que abre sus alas. La carne cae sobre el paraguas, chorrea sobre el paraguas. Segunda connotación con el pájaro: esta vez el paraguas funciona como alas que se cierran. Tercera connotación: sólo es visible la parte baja del rostro de la figura, una extraña boca caída y dentada, como un pico dentado.
En otros términos, el pájaro está completamente disperso en el conjunto o en la serie, al punto que ya no existe en absoluto figurativamente. Podríamos decir, como máximo, que el cuadro contiene... ¿cómo llamarlo?... trazos de "pajaridad". Primer trazo de pajaridad: los pequeños brazos que se elevan de la carne. Segundo trazo de pajaridad: los cantos del paraguas. Tercer trazo de pajaridad: la boca dentada de la figura. Trazos de pajaridad completamente dispersados por el cuadro. Pero las relaciones constituyentes del cuadro son la de la carne que cae con el paraguas sobre el que cae y la de la figura que está atrapada por el paraguas. En otros términos, el hecho pictórico es producido por relaciones completamente distintas.
Si ustedes quieren, habría entonces dos tipos de analogías: una que procede por semejanza que se transporta y otra que procede de un modo completamente distinto, que procede al contrario por ruptura de semejanza.

Gilles Deleuze
Pintura

31.10.15

Des oursins á marée basse, 2001. Miquel Barceló


Partir, evadirse, es trazar una línea. El objeto supremo de la literatura, según Lawrence: "Partir, partir, evadirse..., atravesar el horizonte, penetrar en otra vida... Así es como Melville aparece sin darse cuenta en medio del Pacífico. Verdaderamente ha rebasado la línea del horizonte..." La línea de fuga es una desterritorialización. Los franceses no saben muy bien lo que es eso. Por supuesto, como todo el mundo, huyen, pero piensan que huir, o bien es escaparse del mundo, mística o arte, o bien es una especie de cobardía, una manera de eludir los compromisos y las responsabilidades. Pero huir no significa, ni muchísimo menos, renunciar a la acción, no hay nada más activo que una huida. Huir es lo contrario de lo imaginario. Huir es hacer huir, no necesariamente a los demás, sino hacer que algo huya, hacer huir un sistema como se agujerea un tubo. George Jackson escribe desde la cárcel: "Es posible que me fugue, pero mientras dure mi huida, buscaré un arma." Y Lawrence: "Las viejas armas ya no sirven, rehacedlas y apuntad bien." Huir es trazar una línea, líneas, toda una cartografía. Sólo hay una manera de descubrir mundos: a través de una larga fuga quebrada.

Huir no es exactamente viajar, ni tan siquiera moverse. El gran error, el único error, sería creer que una línea de fuga consiste en huir de la vida, evadirse en lo imaginario o en el arte. Al contrario, huir es producir lo real, crear vida, encontrar un arma.

Los mapas son mapas de intensidades; la geografía, además de ser física en movimiento, es algo mental y corporal.

Fitzgerald lo dice aún más claro: "Comprendí que los que habían sobrevivido eran los que habían realizado una verdadera ruptura. Ruptura significa mucho, pero no tiene que ver con una ruptura de cadena, pues si así fuera uno estaría destinado a encontrar otra o a volver a la antigua. La célebre Evasión es una excursión a una trampa, incluso si la trampa incluye los Mares del Sur, que sólo están hechos para los que quieren navegar por ellos o pintarlos. Una verdadera ruptura es algo sobre lo que no se puede volver, algo que es irremisible porque hace que el pasado deje de existir."

Escribir no tiene otra función: ser un flujo que se conjuga con otros flujos -todos los devenires minoritarios del mundo-. Un flujo es algo intensivo, instantáneo y mutante, entre una creación y una destrucción. Sólo cuando un flujo está desterritorializado logra hacer su conjunción con otros flujos, que a su vez lo desterritorializan, y a la inversa. La línea de fuga crea esos devenires. Las líneas de fuga no tienen territorio.

Gilles Deleuze - Claire Parnet
Diálogos


Ya no miro a los ojos de la mujer que estrecho en mis brazos, los atravieso a nado, mi cabeza, brazos y piernas también, y observo que detrás de las órbitas de esos ojos se extiende un mundo inexplorado, un mundo de cosas futuras, un mundo carente de lógica... El ojo, liberado del yo, ya no revela ni elimina nada, se desplaza a lo largo de la línea del horizonte, viajero ignorante y eterno... He quebrado el muro que crea el nacimiento y el trazado de mi viaje es curvo y cerrado, sin ruptura... Mi cuerpo entero debe devenir un rayo perpetuo de luz cada vez más intenso... Aprieto mis oídos, mis ojos y mis labios. Antes de que vuelva a ser hombre, probablemente existiré como parque...

Henry Miller
Trópico de Capricornio

17.5.14


With my tongue in my cheek, 1959. Marcel Duchamp.


Este fondo, esta unidad rítmica de los sentidos, sólo puede describirse superando el organismo. La hipótesis fenomenológica es quizá insuficiente, porque solamente invoca el cuerpo vivido. Pero el cuerpo vivido es muy poco todavía en comparación con una Potencia más profunda y casi no vivible. La unidad del ritmo, en efecto, sólo podemos buscarla allí donde el propio ritmo sumerge en el caos, en la noche, y donde las diferencias de nivel están perpetuamente batidas con violencia.
Más allá del organismo, pero también como límite del cuerpo vivido, hay eso que Artaud ha descubierto y nombrado: cuerpo sin órganos. "El cuerpo es el cuerpo Está solo Y no precisa órganos El cuerpo no es nunca un organismo Los organismos son los enemigos del cuerpo". El cuerpo sin órganos se opone menos a los órganos que a esa organización de los órganos que s llama organismo. Es un cuerpo intenso, intensivo. Está recorrido por una onda que traza en el cuerpo niveles o umbrales según las variaciones de su amplitud. Así pues, el cuerpo no tiene órganos, pero si umbrales o niveles. De manera que la sensación no es cualitativa ni está cualificada, no tiene más que una realidad intensiva que ya no determina en ella datos representativos, sino variaciones alotrópicas. La sensación es vibración. Se sabe que el huevo presenta justamente ese estado del cuerpo "anterior a" la representación orgánica: ejes y vectores, gradientes, zonas, movimientos cinemáticos y tendencias dinámicas, en relación con las cuales las formas son contingentes y accesorias. "No boca. No lengua. No dientes. No laringe. No esófago. No estómago. No vientre. No ano". Toda una vida no orgánica, porque el organismo no es la vida, la aprisiona. El cuerpo está perfectamente vivo, y con todo no es orgánico. También la sensación, cuando alcanza el cuerpo a través del organismo, adopta un paso excesivo y espasmódico, rompe los límites de la actividad orgánica. En plena carne, es directamente llevada sobre la onda nerviosa o la emoción vital. (...) La Figura es precisamente el cuerpo sin órganos (deshacer el organismo en provecho del cuerpo, el rostro en provecho de la cabeza); el cuerpo sin órganos es carne y nervio: lo recorre una onda que traza en él niveles; la sensación es como el encuentro de la onda con Fuerzas que actúan sobre el cuerpo, "atletismo afectivo", grito-soplido; cuando está así relacionada con el cuerpo la sensación deja de ser representativa, deviene real; y la crueldad estará cada vez menos ligada a la representación de algo horrible, solamente será la acción de fuerzas sobre el cuerpo, o la sensación (lo contrario de lo sensacional). "El rostro humano no ha encontrado todavía su cara..."

Gilles Deleuze
Francis Bacon. Lógica de la sensación.

17.3.14


Confusion des Nerfs, 1956. Henri Michaux


En el 67 hubo una exposición de pinturas de Michaux, y en ese momento apareció un texto de Jean Grenier sobre esas pinturas. Y el título del texto de Jean Grenier, que es un texto muy corto que no dice gran cosa, es Un abismo ordenado. No me interesa nada más que la expresión. De cierta manera, una pintura que no comprende su propio abismo, que no comprende un abismo, que no pasa por un abismo, que no instaura en la tela un abismo, no es una pintura.

Gilles Deleuze
Pintura. El concepto de diagrama.

13.2.13


Andrei Rublev, 1966. Andrei Tarkovski


-¡Aquí lo tenéis! -exclamó el anciano, con el cabello en desorden, el rostro inflamado por una excitación sobrenatural, los ojos chispeantes y jadeando como un joven ebrio de amor-. ¿Verdad que no os esperabais tanta perfección? Estáis ante una mujer y buscáis un cuadro. Hay tanta profundidad en este lienzo, el aire es tan auténtico que no podéis distinguirlo del que nos rodea. ¿Dónde está el arte? ¡Perdido, desaparecido! Tenéis las formas de una muchacha. ¿No he captado bien el color, la vivacidad de la línea que parece delimitar el cuerpo? ¿No es el mismo fenómeno que nos presentan los objetos que están en la atmosfera como los peces en el agua? Observad cómo destacan los contornos sobre el fondo. ¿Acaso no parece que podáis acariciar esta espalda? Cierto que llevo siete años estudiando los efectos de la fusión de la luz con los objetos. ¿Y no inunda la luz esos cabellos? Pero creo que ha respirado... ¡Ah! ¿Quién no estaría dispuesto a postrarse a sus pies? La carne palpita. Va a levantarse, aguardad.
-¿Veis algo? -preguntó Poussin a Porbus.
-No. ¿Y vos?
-Nada.
Los dos pintores dejaron al anciano sumido en su éxtasis y comprobaron si la luz, al caer a plomo sobre el lienzo que les mostraba, no neutralizaba todos sus efectos. Examinaron entonces la pintura, poniéndose a la derecha, a la izquierda, de frente, agachándose y levantándose una y otra vez.
-Sí, sí, es un lienzo -les decía Frenhofer, malinterpretando el objeto de tan escrupuloso examen-. Ved, esto es el marco, esto el caballete, y aquí están mis colores y mis pinceles.
Y, tomando un pincel, lo enseño con gesto pueril.
-El viejo lansquenete nos está tomando el pelo -dijo Poussin, volviendo a acercarse al supuesto cuadro-. No veo aquí más que un amasijo de colores, prisioneros de una multitud de extrañas lineas que forman un muro de pintura.
-Nos engañamos. Mirad -replicó Porbus.
Al acercarse, divisaron en un ángulo del lienzo la punta de un pie desnudo que sobresalía entre aquel caos de colores, tonos, matices fluctuantes, una suerte de niebla sin forma. ¡Pero un pie delicioso, un pie vivo! Se quedaron petrificados de admiración ante aquel fragmento que había escapado de una increíble, lenta y progresiva destrucción. Aparecía allí aquel pie como el busto de alguna Venus de mármol de Paros, surgido entre los escombros de una ciudad incendiada.
-Ahí debajo hay una mujer -exclamó Porbus, señalando a Poussin las distintas capas de pintura que el anciano pintor había superpuesto sucesivamente, convencido de que así perfeccionaba su cuadro.
Ambos pintores se volvieron espontáneamente hacia Frenhofer, comenzando a explicarse, aunque de manera vaga, el éxtasis en que esté vivía.
-Él obra de buena fe -dijo Porbus.
Sí, amigo mío -contestó el anciano, volviendo a la realidad-, hace falta buena fe, fe en el arte, para realizar una obra semejante. Algunas de estas sombras me han costado infinitos sudores.. Mirad, en la mejilla, debajo de los ojos, hay una leve penumbra que, si la observáis en la naturaleza, os parecerá casi irreproducible. Pues bien, creedme si os digo que reproducir ese efecto me ha costado ímprobos esfuerzos. Es más, mi querido Porbus, observa atentamente mi trabajo, y comprenderás mejor lo que te decía sobre el modo de tratar el modelado y los contornos, observa la luz del seno y comprobarás cómo, mediante una serie de toques y resaltes muy empastados, he logrado captar la auténtica luz y combinarla con la blancura refulgente de los tonos iluminados; y cómo, por un proceso inverso, difuminando los relieves y el grano de la pasta, he conseguido, a fuerza de suavizar el contorno de la figura, bañada en tonos intermedios, eliminar incluso la idea de dibujo y de artificios y conferirle el aspecto y la plenitud de la naturaleza. Acercaos, y veréis mejor el trabajo. De lejos, desaparece. ¿Veis? Creo que aquí es muy notable.
Y con la punta del pincel señalaba a los dos pintores un empaste de color claro.
Porbus dio un golpecito en el hombro al anciano, al tiempo que se volvía hacia Poussin.
-¿Sabéis que estamos ante un gran pintor? -dijo.
-Es más poeta que pintor -contestó muy serio Poussin.
-Aquí -replicó Porbus, tocando el lienzo- acaba nuestro arte en la tierra
-Y desde aquí va a perderse en los cielos -dijo Poussin.
-¡Cuántos goces en este pedazo de lienzo! -exclamó Porbus.
El anciano, absorto, no los escuchaba y sonreía a aquella mujer imaginaria.

Honoré de Balzac.
La obra maestra desconocida.


Observen que siempre habrá un problema que atravesará toda la historia de la pintura: ¿qué hacer con la carne cuando somos coloristas? Es incluso en esto que, extrañamente, la pintura y los fenomenólogos se han encontrado tanto, por el hecho de que unos y otros están tan animados por el tema de la carne, del cuerpo encarnado. Merleau-Ponty encontró la pintura a partir de la carne. ¿Qué hacer con la carne?
He marcado una muy bella frase de Goethe, sólo para mezclar todo: Para la carne el color debe estar absolutamente liberado de su estado elemental.

Gilles Deleuze
Pintura. El concepto de diagrama.


Dice Frenhofer al pobre Porbus: No profundizáis lo bastante en la intimidad de la forma… Pero ¿qué es la forma? Es, responderá resumiendo Frenhofer, una fertilidad imperceptible de los pliegues. Lo visible sería como una inmensa y profusa topología de los pliegues, un laminar peculiar generalizado, en el que el intersticio sería en cierto modo el lugar de la diferencia, del sentido.
Frenhofer, enigmático nombre propio inventado por Balzac, no deja de tener afinidades con una idea de un mundo visible inestable, en el que toda forma deberá su existencia casi al azar de una concreción espectral. Poussin y Porbus forman parte de la historia “verdadera” del arte, pero ¿de qué historia forma parte ese genio desconocido llamado Frenhofer? De una historia mítica, evidentemente, una invención balzaquiana, pero también de la historia de lo diáfano, precisamente. Cinco años antes de la redacción de La obra de arte desconocida, moría en plena gloria el óptico Fraunhofer, autor de una Teoría de los halos, de una memoria sobre las alteraciones de la luz, y sobre todo célebre fundador de la espectroscopia: había sido el primer físico en poner en evidencia la naturaleza espectral de la luz solar (utilizando para ello la fuerza dispersiva de los prismas): el rayo de luz pura aparecía constituido por quinientas setenta y seis películas o líneas (llamadas “líneas de Fraunhofer”) cuya disposición se suponía que quería decir algo sobre la naturaleza material del astro solar  (la suposición se confirmó; Fraunhofer estableció por lo demás una auténtica clasificación espectrográfica de las estrellas). El sabio Fraunhofer había por tanto penetrado en la intimidad de los cuerpos celestes mediante el análisis de sus espectros, de sus diáfanas emanaciones peculiares. Podemos imaginar de hecho que el hiper-pintor Frenhofer intentara lo mismo con los cuerpos de carne.

Sin embargo, semejante “exigencia de la forma” está en principio expuesta al mayor de los peligros. Ya que se inscribe en una especie de juego cruel, un mortal quien-gana-pierde (que nos recuerda por supuesto La piel de zapa) donde la ley estaría constituida por una especie de hiperfísica (la palabra es, entre otros de Nadar), una hiperfísica de la mimesis. Hiperfísica, y no metafísica: la mímesis aparece aquí pensada en efecto como una materia, evidentemente sutil, pero a pesar de todo es una materia, “una sustancia madre”, escribe Balzac, un tejido de entrañas. Es por lo tanto una hiperfísica del pliegue y de la vibración, como una diaphanés generalizada, casi orgánica. La presentación corporal, pero también el pensamiento, provendrían de ella. Y lo mismo el sonido y la luz, según un principio de equivalencia generalizado y sutil: “El sonido es la luz bajo una forma distinta: uno y otra proceden por vibraciones que llegan al hombre y que él transforma en pensamiento en sus centros nerviosos. La música, lo mismo que la pintura, utiliza cuerpos que tienen la facultad de separar tal o cual propiedad de la sustancia madre, para componer cuadros”, explica Balzac por boca de ese otro genio desconocido, Gambara. El cuadro es, por lo tanto, no solamente un tópico, sino una dinámica y una energética de lo vivo (lo diáfano pensado como una biología de lo sensible). Y Balzac concluye que, como la pintura, “la música es un arte tejido en las entrañas mismas de la Naturaleza”.

Tejido en las entrañas, admirable fórmula. En fín, se comprenderá que el cuadro (tela, tejido) no es una superficie como lo son el color, la piel o ese principio “laminado” de lo visible que Balzac sugiere aquí. El cuadro es en sí mismo una estructura del pliegue, del intersticio. Pero ¿qué estructura exactamente?, esa es la cuestión. Frenhofer la buscaba, levantando “capa a capa los cuadros de Tiziano”, a fin de progresar en la sapiencia. El cuadro sería como un lecho del pliegue. Tal vez ahí se encuentra la señal de su estatuto más materialmente operatorio. La hipótesis balzaquiana de una hiperfísica pelicular constituiría aquí la esplendida parábola. Que basta con tener en cuenta el problema que examinamos, el del encarnado, nos damos cuenta por la continua exigencia de una conversación topológica del plano en cuanto tal en un efecto de piel; su forma reticular, de intersticio, de exudación, de tránsito (vicisitudes de la apíphasis y de la aphánisis). Aquí nos encontramos sin duda “en el plano” de un fantasma relativo a los medios de la pintura. Sin embargo, precisamente, el fantasma no es un “plano”. Su relación con su objeto es más bien estructural, un punzón (dice Lacan), o sea, una triple función de la penetración, del trenzado estructural y del procedimiento de impresión.

Que la vieja noción de superficie (subjectile) sea un verdadero nudo (pertinencia y dificultad) en esta problemática es algo que no sorprenderá a nadie. Debemos a Jean Clay su reinstauración teórica, al mismo tiempo en que la descubre precisamente en lo más novedoso de las prácticas pictóricas del siglo XIX: allí donde, “mediante trenzados, desbordamientos, encabalgamientos”, la pintura “tiende a sobrepasar la problemática de la superficie a fin de alcanzar (…) la categoría del laminado, de la capa, del espesor. Que haya trenza, pliegue, intersticio, “aleteo de espacio” mediante el cual los fondos “remontan, atraviesan, forman superficie”, eso significa en principio que el cuadro funciona como una aporía de la proyección, de la proyección-proyecto. La proyección choca o se atasca, se frustra siempre, en algún momento, en el espesor del cuadro, precisamente porque la dimensión de la superficie (subjectile), en su complejidad, produce el retorno, el reenvío, la retirada del proyecto, en el destiempo del lanzamiento. Ésta es la razón por la que, en este caso, sólo puede hablarse de superficie precisando su naturaleza inductiva, no proyectiva, y reinyectando, más allá de sus cualidades de extensum (de tamaño extensivo, de superficie de plano), la cualidad intensiva del spatium, de la “profundidad implicada” de la que Jean Clay dice que es una estructura de recubrimientos, de borraduras, y al mismo tiempo de descubrimientos, de ecos.

“Los nudos tienen una prioridad lógica sobre las líneas”, escribe Lévi Strauss, plantean un problema antes incluso de que se formulen los problemas del diseño, incluso los del designio de la pintura. Hubert Damisch, desarrollando el enunciado-programa de Leví-Strauss, ha propuesto sobre esta cuestión el más pertinente de los paradigmas: el de la trenza. “Allí donde el semiólogo se empeña en vano en descubrir las “unidades mínimas” que le autorizarían a considerar a la pintura como un “sistema de signos”, la pintura demuestra, en su misma textura, que el problema requiere ser planteado al revés, en el contexto de las relaciones entre los términos, no en el de las líneas sino en el de los nudos”.

No es casualidad que Merleau-Ponty, cuando se ocupa de la noción de carne, lo haga precisamente a través de los aspectos del nudo y de la trama, de la vuelta y del fondo, del tránsito y de la abertura (béance), del tacto y de la distancia, del tejido y de la diferencia; no fue casualidad que tal página, ejemplar en todo el proceso, concerniera también al color rojo: “Ese rojo no es lo que es más que relacionándose con los otros rojos de su alrededor, con los que forma una constelación, o con otros colores que domina o que le dominan, que atrae o que le atraen, que rechaza o que le rechazan. En resumidas cuentas, se trata de cierto nudo en la trama de lo simultáneo y lo sucesivo. Es una concreción de la visibilidad, pero no es un átomo. (…) Cierto rojo es también un fósil traído desde las profundidades de los mundos imaginarios. Si tuviéramos en cuenta todas estas particularidades, nos daríamos cuenta de que un color puro, y en general algo visible, no es un trozo de ser consciente, insecable, expuesto completamente desnudo a una mirada que sólo podría ser total o nula, sino más bien una especie de estrecho entre horizontes exteriores y horizontes interiores siempre abiertos, algo que viene a rozar y hace que resuenen a distancia diversas regiones del mundo coloreado o visible, cierta diferenciación, una modulación efímera de ese mundo, menos color o cosa, por tanto, que diferencia entre cosas o colores, cristalización momentánea del ser coloreado o de la visibilidad. Entre los colores y las pretensiones visibles, se encontrará el tejido que nos refuerza, que los sostiene, los nutre, y que, él, nos es ninguna cosa, sino posibilidad, latencia y carne de las cosas”.

Concierne a todo lo que se abisma en el cuadro: lo que hace que, cuando creemos estar viendo un cuadro, de hecho somos nosotros los que estamos siendo observados.

Lienzo sería aquí la palabra que nombra el efecto, estructural tanto como fenomenológico, mediante el cual el extensum del cuadro se convierte de repente en punctum, pero al mismo en spatium: profundidad implícita, intensa, temporal. El lienzo denominaría una capacidad de metamorfosis del cuadro, el extremo punzante del “debate de la trenza en el plano”: denominaría al cuadro con su efecto de plano punzante. Éste es un efecto paradójico. Es algo que tiene que ver con el instante, la escansión, el suplemento, el fantasma. Constituye el punzón (abertura, agujero, mancha, corte, impresión), el punzón figural del fantasma en la clausura del cuadro. Concierne al detalle, o más bien al jirón, y su fulgor. Barthes no se olvidó de señalar el “poder expansivo” del punctum. Y es también esta expansión lo que se trataría de nombrar en el lienzo del pintor. En cuanto efecto metafórico, el lienzo es un más acá (un reverso, una dislocación) de la metáfora; interviene como un agua turbia, incluso como una catástrofe, en el elemento iconográfico de la pintura figurativa. En cuanto punzante, es también un acá, una “dislocación local” del plano y de la red; planus significa en latín lo plano, lo llano, lo claro y lo evidente: “lo que se da por supuesto”; el lienzo sería más bien un efecto de deslegitimación de la evidencia, lo que denominaré una violencia, una precipitación disyuntiva. Tendremos que buscar esta disyunción en las sucesivas clases del obstáculo y de la profundidad, de lo táctil y de lo óptico, del cuerpo y del cuadro, del deseo y del ideal, de lo visto y de lo no visto, de lo local y de lo global, en fin, de la belleza y del duelo. Volvamos a empezar.

“LIENZO, S. M., significa antiguamente la extensión de un cuerpo a lo largo y a lo ancho.”

Georges Did-Huberman
La pintura encarnada.