14.9.26

El ojo, Federico García Lorca




TIERRA

Andamos 
sobre un espejo
sin azogue,
sobre un cristal
sin nubes.
Si los lirios nacieran
al revés,
si todas las raíces
miraran las estrellas
y el muerto no cerrara
sus ojos,
seríamos como cisnes.


CAPRICHO

Detrás de cada espejo
hay una estrella muerta
y un arco iris niño
que duerme.

Detrás de cada espejo
hay una clama eterna
y un nido de silencios
que no han volado.

El espejo es la momia
del manantial, se cierra
como concha de luz
por la noche.

El espejo
es la madre-rocío
y el libro que diseca
los crepúsculos, el eco hecho carne.


AIRE

El aire
preñado de arcos iris,
rompe sus espejos
sobre la fronda.


PAISAJE

La tarde equivocada
se vistió de frío.

Detrás de los cristales
turbios, todos los niños,
ven convertirse en pájaros
un árbol amarillo.

La tarde está tendida
a lo largo del río.
Y un rubor de manzana
tiembla en los tejadillos.




El ocho, Federico García Lorca




LA AURORA


La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.


La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible:

a veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.



PEQUEÑO VALS VIENÉS


En Viena hay diez muchachas,

un hombro donde solloza la muerte

y un bosque de palomas disecadas.

Hay un fragmento de la mañana

en el museo de la escarcha.

Hay un salón con mil ventanas.


¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals con la boca cerrada.


Este vals, este vals, este vals,

de sí, de muerte y de coñac

que moja su cola en el mar.


Te quiero, te quiero, te quiero,

con la butaca y el libro muerto,

por el melancólico pasillo,

en el oscuro desván del lirio,

en nuestra cama de la luna

y en la danza que sueña la tortuga.


¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals de quebrada cintura.


En Viena hay cuatro espejos

donde juegan tu boca y los ecos.

Hay una muerte para piano

que pinta de azul a los muchachos.

Hay mendigos por los tejados.

Hay frescas guirnaldas de llanto.


Porque te quiero, te quiero, amor mío,

en el desván donde juegan los niños,

soñando viejas luces de Hungría

por los rumores de la tarde tibia,

viendo ovejas y lirios de nieve

por el silencio oscuro de tu frente.


¡Ay, ay, ay, ay!

Toma este vals del «Te quiero siempre».


En Viena bailaré contigo

con un disfraz que tenga

cabeza de río.

¡Mira qué orillas tengo de jacintos!

Dejaré mi boca entre tus piernas,

mi alma en fotografías y azucenas,

y en las ondas oscuras de tu andar

quiero, amor mío, amor mío, dejar,

violín y sepulcro, las cintas del vals.





Dibujo de Federico García Lorca




TIERRA Y LUNA

Me quedo con el transparente hombrecillo
que come los huevos de la golondrina.
Me quedo con el niño desnudo
que pisotean los borrachos de Brooklyn.
Con las criaturas mudas que pasan bajo los arcos.
Con el arroyo de venas ansioso de abrir sus manecitas.

Tierra tan sólo. Tierra.
Tierra para los manteles estremecidos,
para la pupila viciosa de nube,
para las heridas recientes y el húmedo pensamiento.
Tierra para todo lo que huye de la Tierra.

No es la ceniza en vilo de las cosas quemadas,
ni los muertos que mueven sus lenguas bajo los árboles.
Es la Tierra desnuda que bala por el cielo
y deja atrás los grupos ligeros de ballenas.

Es la tierra alegrísima, imperturbable nadadora,
la que yo encuentro en el niño y en las criaturas que pasan los arcos.
Viva tierra de mi pulso y del baile de los helechos
que deja a veces por el aire un duro perfil de Faraón.

Me quedo con la mujer fría
donde se queman los musgos inocentes.
Me quedo con los borrachos de Brooklyn
que pisan al niño desnudo.
Me quedo con los signos desgarrados
de la lenta comida de los osos.

Pero entonces bajó la luna despeñada por las escaleras
poniendo las ciudades de hule celeste y talco sensitivo,
llenando de pies de mármol la llanura sin recodos
y olvidando, bajo las sillas, diminutas carcajadas de algodón.

¡Oh Diana, Diana! Diana vacía.
Convexa resonancia donde la abeja se vuelve loca.
Mi amor es paso, tránsito, larga muerte gustada,
nunca la piel ilesa de tu desnudo huido.

Es Tierra ¡Dios mío! Tierra lo que vengo buscando.
Embozo de horizonte, latido y sepultura.
Es dolor que se acaba y amor que se consume.
Torre de sangre abierta con las manos quemadas.

Pero la luna subía y bajaba las escaleras,
repartiendo lentejas desangradas en los ojos,
dando escobazos de plata a los niños de los muelles
y borrando mi apariencia por el término del aire.




Nostalgia, Federico García Lorca




DEL SUEÑO AL AIRE LIBRE

Flor de jazmín y toro degollado.
Pavimento infinito. Mapa. Sala. Arpa. Alba.
La niña sueña un toro de jazmines
y el toro es un sangriento crepúsculo que brama.

Si el cielo fuera un niño pequeñito,
los jazmines tendrían mitad de noche oscura,
y el toro circo azul sin lidiadores,
y un corazón al pie de una columna.

Pero el cielo es un elefante,
el jazmín es un agua sin sangre,
y la niña es un ramo nocturno
por el inmenso pavimento oscuro.

Entre el jazmín y el toro
o garfios de marfil o gente dormida.
En el jazmín un elefante y nubes
y en el toro el esqueleto de la niña.


Federico García Lorca
Obra poética

12.9.26

George Lange: Portraits of Francesca Woodman, 1975–1978. Bernal Espacio Galería

09.09.2026 — 17.10.2026




Regressar a um livro, pela fissura de uma frase, de um erro, pela imperfeição de uma 

história. Recomeçar. A alegria de uma deriva


Regresar a un libro, por la fisura de una frase, de un error, por la imperfección de una

historia. Recomenzar. La alegría de una deriva.



Rui Nunes

Suíte e Fúria

21.8.26


 





que nunca por nunca estas linhas tivessem um ar acabado,

quisera apenas que uma urgência das coisas

as reclamasse, uma veemência,

uma potência das coisas,

e aí acabasse a sua breve música

mas já que a mim me devastava

que a ti te devastasse

leitor sempre inimigo

como o fogo cria assim a sua própria sombra


Herberto Helder

Letra Aberta



que nunca, nunca estas líneas tuvieran un aire acabado,
quisiera tan solo que una urgencia de las cosas
las reclamase, una vehemencia,
una potencia de las cosas,
y ahí acabara su breve música,
pero ya que a mí me devastaba,
que a ti te devastase,
lector siempre enemigo,
como el fuego crea así su propia sombra.


Herberto Helder

Letra abierta

20.8.26

Phyllida Barlow




PORT - ESP


O som da chuva no limoeiro era diferente do som da chuva na laranjeira. E o som da chuva na laranjeira era diferente do som da chuva na romãzeira. Os nomes surgiam quando a chuva começava e desapareciam quando a chuva acabava. Entre dois sons, em simultâneo, há qualquer coisa que se recusa, ou se esconde. Os destroços? Ainda hoje, quando chove, o velho passeia por entre as árvores para ver se consegue, para ouvir se consegue, para sentir na pele da cara se consegue. Que está aí a fazer? pergunta-lhe uma criança. Quem? Esqueci-me do teu nome. Um nome que se esqueceu é falta de um nome? Um nome é a falta de todos os nomes. Mas um nome que falta, o que é?

O corpo de um tumulto. Empurrado (atirado) de um lado para o outro. A aprendizagem do provisório. Do ruído incesante que o atravessa. Da perda. E nele todas as perdas são absolutas. A casa foi a primeira coisa que aprendeu a perder, reconstruindo-a, dia a dia, até nada sobrar, vigiado por um olhar sem retorno. Ele via até ao fim, ao fundo, que era continuar a ver, olhos esbugalhados, lábios entreabertos, húmidos de cuspo, o cabelo ralo. Ainda não sabia falar porque nenhuma palavra era dele. As mãos afastavam, as mãos não queriam, ao colo de quem a obstinada recusa, o medo de ver, que era afastar-se tudo cada vez mais. Foi a primeira aprendizagem: não haver medida: olha-se e é interminável.


Rui Nunes
Baixo Contínuo



El sonido de la lluvia en el limonero era diferente del sonido de la lluvia en el naranjo. Y el sonido de la lluvia en el naranjo era diferente del sonido de la lluvia en el granado. Los nombres surgían cuando la lluvia comenzaba y desaparecían cuando la lluvia terminaba. Entre dos sonidos, simultáneamente, hay algo que se niega, o se esconde. ¿Los restos? Todavía hoy, cuando llueve, el viejo pasea entre los árboles para ver si consigue, para oír si consigue, para sentir en la piel de la cara si consigue. ¿Qué está ahí haciendo? le pregunta una criatura. ¿Quién? He olvidado tu nombre. ¿Un nombre que se ha olvidado es falta de un nombre? Un nombre es la falta de todos los nombres. Pero un nombre que falta, ¿qué es?

El cuerpo de un tumulto. Empujado (arrojado) de un lado para otro. El aprendizaje de lo provisional. Del ruido incesante que lo atraviesa. De la pérdida. Y en él todas las pérdidas son absolutas. La casa fue la primera cosa que aprendió a perder, reconstruyéndola, día a día, hasta que nada quedara, vigilado por una mirada sin retorno. Veía hasta el final, hasta el fondo, que era seguir viendo, ojos desorbitados, labios entreabiertos, húmedos de saliva, el pelo ralo. Todavía no sabía hablar porque ninguna palabra era suya. Las manos apartaban, las manos no querían, en el regazo de quien la obstinada negativa, el miedo de ver, que era alejarse todo cada vez más. Fue el primer aprendizaje: no haber medida: se mira y es interminable.


Rui Nunes

Bajo continuo

10.8.26 Fotografía: César Barrio




PORT - ESP


Deixarei os jardins a brilhar com seus olhos
detidos: hei-de partir quando as flores chegarem
                 à sua imagem. Este verão concentrado
                 em cada espelho. O próprio
movimento o entenebrece. Chamejam os lábios
dos animais. Deixarei as constelações panorâmicas destes dias
                 internos.

                 Vou morrer assim, arfando
                 entre o mar fotográfico
                 e côncavo
e as paredes com as pérolas afundadas. E a lua desencadeia nas grutas
                 o sangue que se agrava.

Está cheio de candeias, o verão de onde se parte,
                 ígneo nessa criança
contemplada. Eu abandono estes jardins
                 ferozes, o génio
que soprou nos estúdios cavados. É a dor que me leva
aos precipícios de agosto, a mansidão
traz-me às janelas. São únicas as colinas de ar
palpitando fechado no espelho. É a estação dos planetas.
                 Cada noite é um abismo atómico.

                 E o leite faz-se tenro durante
os eclipses. Batem em mim as pancadas do pedreiro
que talha no cálcio a rosa congenital.
A carne, sufocam-na os astros profundos nos casulos.
                 O verão é de azulejo.
É em nós que se encurva o nervo do arco
                 contra a flecha. Deus ataca-me
                 na candura. Fica, fria,
esta rede de jardins diante dos incêndios. E uma criança
dá a volta à noite, acesa completamente
                 pelas mãos.


Herberto Helder
Ou o poema contínuo




Dejaré los jardines brillando con sus ojos 
detenidos: he de partir cuando las flores lleguen 
                 a su imagen. Este verano concentrado 
                 en cada espejo. El propio 
movimiento lo entenebrece. Arden los labios 
de los animales. Dejaré las constelaciones panorámicas de estos días 
                  internos. 

                  Voy a morir así, jadeando 
                  entre el mar fotográfico 
                  y cóncavo 
y las paredes con las perlas hundidas. Y la luna desencadena en las grutas 
                  la sangre que se agrava. 

Está lleno de candiles, el verano de donde se parte, 
                  ígneo en ese niño 
contemplado. Abandono estos jardines 
                  feroces, el genio 
que sopló en los estudios excavados. Es el dolor el que me lleva 
a los precipicios de agosto, la mansedumbre 
me trae a las ventanas. Son únicas las colinas de aire 
palpitando cerradas en el espejo. Es la estación de los planetas. 
                  Cada noche es un abismo atómico. 

                  Y la leche se vuelve tierna durante 
los eclipses. Golpean en mí los golpes del cantero 
que talla en el calcio la rosa congénita. 
La carne, la sofocan los astros profundos en los capullos. 
                  El verano es de azulejo. 
Es en nosotros donde se encorva el nervio del arco 
                  contra la flecha. Dios me ataca 
en la candidez. Queda, fría, 
esta red de jardines ante los incendios. Y un niño 
da la vuelta a la noche, completamente encendido 
                  por las manos.


Herberto Helder
O el poema continuo

2.8.26

Henri Michaux
 





(PORT - ESP)



O MAR


O que eu percebo, o que é meu, é o mar indefinido.

Aos vinte e um anos, evadi-me da vida das cidades, aventurei-me, foi marujo. A bordo havia muito que fazer. Fiquei espantado. Pensava que num navio a gente fitava o mar, que infindavelmente fitávamos o mar. 

Os barcos forma depois desaparelhados. Era o desemprego dos marítimos que assim começava.

Voltando as costas àquilo, fui-me embora, não disse nada, tinha o mar dentro de mim, o mar eternamente em meu redor.

Mas qual mar? Foi isto justamente que eu depois me vi impedido de explicitar.



À ESPERA


Um ser doido,

um ser farol,

um ser mil vezes suprimido,

um ser exilado do fundo do horizonte,

um ser gritando do fundo do horizonte,

um ser magro,

um ser íntegro,

um ser altivo,

um ser que quereria ser,

um ser na batida de duas épocas que se entrechocan,

um ser nos gases venenosos das consciências que sucumben,

um ser como no primeiro dia,

um ser...



UM CERTO FENÓMENO CHAMADO MÚSICA


(...) 

Música, operação do devir, a mais sã operação humana. A música substitui os seres. a mãe, a mulher, a criança, os amigos, naquilo que têm de maravilhoso mas de que só quereríamos amiúde, sem dar por isso, através duma maravilhosa subtracção do que incomoda, guardar apenas isto que os exprime, para os tornar tão inofensivos como as ondas de delícias que dão náuseas. Música, eixo profundo, eixo arcaico que sustém os eixos múltiplos. Eixo, dir-se-ia, anterior à ambivalência.



LEITURA


Os livros são chatos de ler. Não há neles livre circulação. Somos convidados a seguir. O caminho está traçado, único.

Muito diferente é o quadro: imediato, total. À esquerda, também à direita, em profundidade, sem peias.

Nele não há um trajecto, há mil trajectos, e as pausas não são indicadas. Mal a gente o deseje, de novo o quadro todo, por inteiro. Num instante está ali tudo. Tudo, mas nada ainda é conhecido. É aqui que se deve começar a LER.



OBSERVAÇÕES


Escrevo para me percorrer. Pintar, compor, escrever: percorrer-me. Reside nisto a aventura de estar vivo.

Gosta de alguém, admira-o? Tente de preferência produzir em si aquilo que tão extraordinário lhe parece no outro.

Pergunto-me que língua gostaria eu de ouvir no meu leito de morte, caso tenha uma cama e algum recolhimento. Mas nem pensar. Há-de-ser, aposto, mais uma hora de falhado.

Sincero? Eu escrevo para que aquilo que era verdade deixe de o ser. Prisão mostrada já não é prisão.

Conheço tão pouco o meu rosto que se me mostrassem um do mesmo género seria incapaz de ver a diferença (a não ser, talvez, desde que comecei a fazer estudos de rostos).

(...) As artes comprazem-se ainda muito nas suas servidões.



LINHAS

Sobre umas linhas traçadas sem objectivo no papel; 

sobre umas páginas de linhas.


Enobrecida por um traço de tinta, uma linha fina, uma linha onde já nada fede

Não para explicar, não para expor, não em terraços, não monumentalmente

Mas antes de maneira como pelo Mundo há anfractuosidades, sinuosidades, antes da maneira como há cães vadios

uma linha, uma linha, mias ou menos uma linha...

Em fragmentos, em primeiros germes, apanhada de súbito, uma linha, uma linha, uma linha... uma legião de linhas

Peixe miúdo da água nova de um sentimento que desponta, fala, se ri, se arrebata ou que às vezes se põe a apunhalar

Fugidas das prisões recebidas como herança, vindas não para definir, mas para indefinir, para passar o ancinho por cima, para voltar a escapar à escola, linhas, aqui e ali, linhas,

Que descem, ziguezagueiam, mergulham para sonhadoramente, para distraidamente, para multiplamente... em desejos que se espreguiçam, que libertam.



Guarda a tua fraqueza intacta. Não procures ganhar forças, sobretudo dessas que não são para ti, que te não estão destinadas, de que a natureza te preservava, preparando-te para outra coisa.

Vai até ao fim dos teus erros, pelo menos de alguns, de modo a observares muito bem o género deles. De contrário, parando tu a meio caminho, avançarás sempre cegamente, voltando a cometer o mesmo género de erros, do principio ao fim da tua vida, realizando aquilo a que alguns hão-de chamar a teu "destino". Força o inimigo, que é a tua estrutura, a descobrir-se. Se não pudeste entortar o teu destino, terás sido apenas um apartamento alugado.



Eu o que vejo é sobretudo o movimento deles. Sou dos que gostam do movimento, do movimento que rompe a inércia, que enreda as linhas, desfaz os alinhamentos, me livra das construções. Do movimento como desobediência, como novo arranjo.

Uma vez mais posso ser espontâneo, totalmente, sem correcções, sem segunda versão, sem ter de voltar atrás, de fazer retoques. Logo à primeira.

O traço como uma bofetada que torna inúteis as explicações. Pintura para o acaso, para que dure a aventura do incerto, do inesperado. Anos depois ainda e sempre essa aventura.



Por querer apanhar os insectos, apanhar tornara-se dominante, coisa em mim tão pouco natural (aquisição tardia), apanhar cujo oposto é "recolher-se", não se enriquecer com, manter-se reservado.


Por fim, APANHAR não era senão dinamismo, um apanhar abstracto, a isso se tendia.


Por falta do principal

apanhar desordenadamente, de modo exagerado,


Aturdir-me com isso


Fazer-me insecto para melhor apanhar

com patas de gancho para apanhar melhor

insecto, aracnídeo, miriápode, acarídeo

se preciso for, para apanhar melhor.


Voltar a encontrar a dança original dos seres para além da forma

e dé todo o tecido conjuntivo de que está atafulhada, para além

deste imóvel empacotamento que é a pele dos seres.


A linha não é um resumo de volume ou de superficie,

é um resumo de cem gestos e atitudes e impressões

e emoções.


Voltar a encontrar um todo em simultáneo.

Um resumo dinâmico feito de lanças, não de formas.



Por fim edificadas

por fim à imagem da nossa desmesurada medida

dominando vertiginosamente metrópoles e aldeias

unidos, nós e elas, apesar da sua massa e dureza

como irmãos gémeos colados pela boca

pela raiva, pelos rins, pelo ânus

pela abjecção comum impossível de esquecer

por tudo o que é falhado implacavelmente desde o princípio


pela desgraça de posição

por toda a velha cola reumatismal

pela nova instalação que fere mais

ainda mais deformadora

pela todavia inextinguível tendência para sublimar


catedrais

monstruosamente escoradas ao rosto do céu

nossas catedrais

quando vos veremos nós?



Henri Michaux

O retiro pelo risco. Antologia poética





EL MAR


Lo que percibo, lo que me pertenece, es el mar indefinido.

A los veintiún años huí de la vida de las ciudades, me lancé a la aventura, fui marinero. A bordo había muchísimo trabajo. Me quedé atónito. Yo pensaba que, en un barco, uno contemplaba el mar, que contemplábamos el mar interminablemente.

Los barcos fueron después desarmados. Así comenzaba el desempleo de los hombres del mar.

Di la espalda a todo aquello y me marché sin decir palabra; llevaba el mar dentro de mí, el mar eternamente a mi alrededor.

Pero ¿qué mar? Eso fue precisamente lo que después me vi incapaz de explicar.



A LA ESPERA


Un ser loco,

un ser faro,

un ser mil veces suprimido,

un ser desterrado del fondo del horizonte,

un ser que grita desde el fondo del horizonte,

un ser enjuto,

un ser íntegro,

un ser altivo,

un ser que querría llegar a ser,

un ser en el latido de dos épocas que chocan entre sí,

un ser entre los gases venenosos de las conciencias que sucumben,

un ser como en el primer día,

un ser...



UN CIERTO FENÓMENO LLAMADO MÚSICA


(...)

La música, operación del devenir, la más saludable de las operaciones humanas. La música sustituye a los seres: a la madre, a la mujer, al niño, a los amigos, en aquello que tienen de maravilloso, pero de quienes tan a menudo querríamos, sin siquiera advertirlo, mediante una maravillosa sustracción de todo cuanto incomoda, conservar únicamente aquello que los expresa, para volverlos tan inofensivos como las oleadas de deleite que llegan a provocar náusea. La música, eje profundo, eje arcaico que sostiene los ejes múltiples. Un eje, se diría, anterior a la ambivalencia.



LECTURA


Los libros son tediosos de leer. En ellos no existe la libre circulación. Se nos invita a seguir un camino. El recorrido está trazado, y es único.

Muy distinto es el cuadro: inmediato, total. A la izquierda, también a la derecha, en profundidad, sin trabas.

En él no hay un solo itinerario, sino mil; y las pausas no vienen señaladas. En cuanto uno lo desea, el cuadro entero reaparece, íntegro. En un instante está allí todo. Todo, pero aún nada es conocido. Es aquí donde debe comenzar la LECTURA.



OBSERVACIONES


Escribo para recorrerme. Pintar, componer, escribir: recorrerme. En eso reside la aventura de estar vivo.

¿Te gusta alguien, lo admiras? Procura, antes que nada, producir en ti aquello mismo que tan extraordinario te parece en el otro.

Me pregunto qué lengua me gustaría oír en mi lecho de muerte, suponiendo que tenga una cama y algún recogimiento. Pero ni pensarlo. Apuesto a que será una hora más de fracaso.

¿Sincero? Escribo para que aquello que era verdad deje de serlo. Una prisión mostrada ya no es una prisión.

Conozco tan poco mi rostro que, si me mostraran otro del mismo género, sería incapaz de advertir la diferencia (salvo, quizá, desde que empecé a hacer estudios de rostros).

(...) Las artes siguen complaciéndose demasiado en sus servidumbres.



LÍNEAS


Sobre unas líneas trazadas sin propósito sobre el papel;

sobre unas páginas rayadas.


Ennoblecida por un trazo de tinta,

una línea fina,

una línea donde ya nada hiede.


No para explicar,

no para exponer,

no en terrazas,

no monumentalmente.


Sino más bien del mismo modo que en el mundo hay anfractuosidades,

sinuosidades,

del mismo modo que hay perros vagabundos,

una línea,

una línea,

más o menos una línea...


En fragmentos,

en sus primeros gérmenes,

sorprendida de improviso,

una línea,

una línea,

una línea...

una legión de líneas.


Pececillo de las aguas nuevas de un sentimiento que despunta,

que habla,

que ríe,

que se arrebata

o que, a veces, se pone a apuñalar.


Escapadas de las prisiones recibidas en herencia;

venidas no para definir,

sino para indefinir,

para pasar el rastrillo por encima,

para volver a escapar de la escuela;

líneas,

aquí y allá,

líneas,


que descienden,

zigzaguean,

se sumergen,

soñadoramente,

distraídamente,

múltiplemente...

en deseos que se desperezan,

que liberan.



Conserva intacta tu debilidad. No procures adquirir fuerzas, sobre todo de esas que no son para ti, que no te están destinadas, de las que la naturaleza te preservaba, preparándote para otra cosa.

Llega hasta el final de tus errores, al menos de algunos de ellos, para observar muy bien de qué clase son. De lo contrario, si te detienes a mitad de camino, avanzarás siempre a ciegas, reincidiendo en la misma clase de errores desde el principio hasta el fin de tu vida, realizando aquello que algunos llamarán tu «destino». Obliga al enemigo, que es tu propia estructura, a descubrirse. Si no has podido torcer tu destino, no habrás sido más que un apartamento de alquiler.




Lo que yo veo es, sobre todo, su movimiento. Soy de quienes aman el movimiento; el movimiento que rompe la inercia, que enreda las líneas, deshace las alineaciones, me libra de las construcciones. El movimiento como desobediencia, como una nueva disposición.

Una vez más puedo ser espontáneo, enteramente espontáneo, sin correcciones, sin segunda versión, sin tener que volver atrás, sin hacer retoques. Desde el primer trazo.

El trazo como una bofetada que vuelve inútiles las explicaciones. Pintura para el azar, para que perdure la aventura de lo incierto, de lo inesperado. Años después, sigue siendo siempre esa aventura.




Por querer atrapar los insectos, atrapar se había convertido en lo dominante, en algo tan poco natural en mí (una adquisición tardía); atrapar, cuyo opuesto es «recogerse», no enriquecerse con nada, mantenerse reservado.

Al fin y al cabo, ATRAPAR no era sino dinamismo, un atrapar abstracto; hacia eso se tendía.

Por carecer de lo principal,

atrapar desordenadamente,

de manera exagerada,

aturdirme con ello,

hacerme insecto para atrapar mejor,

con patas de garfio para atrapar mejor,

insecto,

arácnido,

miriápodo,

ácaro,

si fuera preciso,

para atrapar mejor.


Volver a encontrar la danza original de los seres más allá de la forma

y de todo el tejido conjuntivo del que están atiborrados,

más allá

de este inmóvil embalaje que es la piel de los seres.


La línea no es un resumen del volumen ni de la superficie;

es un resumen de cien gestos,

de cien actitudes,

de cien impresiones

y emociones.


Volver a encontrar un todo simultáneo.

Un resumen dinámico hecho de lanzas,

no de formas.



CATEDRALES


Por fin edificadas,

por fin a imagen de nuestra desmesurada medida,

dominando vertiginosamente metrópolis y aldeas,

unidos, nosotros y ellas,

a pesar de su masa y de su dureza,

como hermanos gemelos pegados por la boca,

por la rabia,

por los riñones,

por el ano,

por la común abyección imposible de olvidar,

por todo cuanto ha fracasado implacablemente desde el principio,


por la desgracia de nuestra condición,

por toda la vieja cola reumática,

por la nueva implantación, que hiere más,

todavía más deformadora,

por la, sin embargo, inextinguible tendencia a sublimar,


catedrales,

monstruosamente apuntaladas contra el rostro del cielo,

nuestras catedrales,

¿cuándo os veremos?



Henri Michaux

El retiro por el riesgo. Antología poética

18.7.26

Dibujo infantil. Colección Antonio Machón






14.7.26

Jacarandás, mayo 2026. César Barrio




Todo sentido visible, todo lo visible produce y niega su sentido.


(...) Una muesca

o inciso por el que cupiera, pudiera

caber la rama respirable de la acacia

que ante la casa crece. Algo para 

decir y repetir, murmurar por el rumor,

por un girar de ecos. Un hueco entre sustancias.


(...) Desde cavernas trae

presentes verdor y velos

blancos.

                ¿De qué hablamos cuando hablamos

solos? Pentimento. Dibujar otra ves

los nervios de las hojas,

qué luz

hubo,

y ahora viaja en avión, línea 

anaranjada bordeando los pájaros, eso

de lo que habla.


(...) Lo irreal se refiere a la vida,

el mundo –árboles, animales, el campo, los objetos– es plenamente real,

lo irreal corresponde al estar, al presente, a la actividad del ser.

Por una parte, lo aleatorio –vivir aún–, lo delgado de nuestra presencia

y lo inestable, evanescente de nuestra relación con los otros

–qué epidérmico, o acotado, limitado según el tipo de relación,

es nuestro contacto–,

si a ello se une la velocidad del hacer y acontecer, resulta ese 

vertiginoso deslizarse de imágenes, sensaciones, sonidos, de

lo irreal forma parte la contigüidad indistinta de los tiempos

–repentización del pasado, extrañeza del presente...

la escritura retiene ese deslizarse, o da cuenta de él, lo hace su

objeto,

y dar cuenta de lo real que, en cambio, aparece el mundo.


La memoria –lo ensimismado de la memoria– como topos

de rara incongruencia: a un tiempo, lugar de refugio y de intemperie.


(...) Cuerpo es lo otro.

Irreconocible. Dolor.

Sólo cuerpo. Cuerpo es no yo.

No yo.

Lo quieto de las cosas

en el atardecer. La quietud,

por ejemplo, de los edificios.

El ensombrecimiento

mudo y apagado.


Pensar es pensar el cuerpo, pensarnos en el mundo –lo que significa: estamos y no estamos. En el mundo. El mundo de un poeta, de una poeta es reducido; su mirada focaliza aspectos limitados, obsesivos, enfermos; manifestaciones o sintomas de una disposición del ánimo. Ese mundo además es lento; las transformaciones (condensaciones, acotaciones novedosas, hallazgos de los mismo –aquí, aquello–) son lentas; años para un giro, para otro matiz, para un caer en la cuenta. Quien trabaja el poema es pájaro y caracol a un tiempo, leve, y audaz y concentrado en sí, quieto, ensimismado. La obra responde a las calidades muy precisas de su percepción y su memoria; a una sensibilidad formada en carnosas dependencias familiares y en mecanismos asociativos irreductibles. El modo en que construye su mundo es su aportación a la lengua. Pienso en Vallejo, en Rosalía, en Else Lasker-Schüler, en Lezama, en Traki, en Jaime Saenz... La forma pasa cada uno de ellos es la única posible, y esa forma es pensamiento, un modo de un mirar el mundo, una manera de relacionarse con los muertos, de ir a la muerte.


La poesía, como la filosofía, trabaja a la contra, por ejemplo, contra la cultura, contra la lengua de la cultura, contra el método, contra lo que se sabe hacer, y contra la idea de musicalidad que parece perseguirla, idea que actúa con frecuencia diluyendo la precisión, esa cualidad irrenunciable de lo poético –y el llamado rigor formal es sólo el modo de alcanzar la precisión.


(...) El sonido

que bandadas de gaviotas producen

es externo, el encharcamiento

estacional de las tierras

llanas, ese espejo, pecho desnudo,

graznidos para lo vulnerable.



Olvido García Valdés

El mundo es un jardín

Círculo de Bellas Artes, Madrid. Primavera de 2009

10.7.26

Maqueta, 2026. César Barrio





Qui parle (dans le récit) n'est pas qui écrit (dans la vie) et qui écrit n'est pas qui est.


El que habla (en el relato) no es el que escribe (en la vida) y el que escribe no es el que es.



Roland Barthes

7.6.26

Lugar del elogio, Carlos León

MUSAC, León


6 de junio, 2026 - 18 de octubre, 2026





He arrojado al fuego el mapa de todos los caminos, he quemado también planos y apuntes, no llevo conmigo carta de navegación. La definitiva tirada de dados aguarda en el aire. Surco las aguas del que marcha hacia la guarida del sueño, hacia el palacio del último invierno, hacia el salón del último baile.
Abrazado a mi propio sino, intento vislumbrar la costa. La voz pegada a mi oído solo repite: ahora, ahora, ahora…
Voy al encuentro de lo prometido, de lo más secretamente ahorrado. Me espera el regazo de una nueva estancia interior que toma cuerpo en la opacidad de un nuevo Deseo.
Relámpagos constantes iluminan la penumbra de lo salvaje de este tránsito: pared de oro alcanzada por la antorcha del furtivo.
Recuerdo una vez más las vendimias de antaño, el bulto y el peso de los racimos sobre las manos abiertas. Y el rebosar de los cestos sobre los carros de madera.
Nunca ví color semejante al de aquellas uvas recién cortadas. Nunca después sentí con tal claridad la presencia de lo mistérico en lo natural. Como una herida floreciendo en el cuerpo mismo de la Belleza.
Tal vez la última razón de cuanto uno hace no sea sino el intento de regresar, siquiera por unos instantes, siquiera mediante ese simulacro que llamamos arte, a un revivir momentos semejantes. A esos que uno llama “ los del pequeño esplendor del existir “.


Carlos León
Marzo, 2024 

19.5.26

Noé Sendas





CANCIÓN


La belleza es una concha

nacida en el mar

donde invicta reina

hasta que el amor la doblega.


Vieiras y

veneras

esculpidas al

son de olas en retirada.


Acentos imperecederos

repetidos hasta

que ojos y oídos se acuestan

juntos en la misma cama.



William Carlos Williams

12.5.26

Lightning Fields, 2009. Hiroshi Sugimoto





Si habitamos un relámpago, es el corazón de lo eterno.


René Char

11.5.26

Job burlado por su mujer, 1620-1650. Georges de La Tour




La reproducción en color del Prisionero de Georges de La Tour que he clavado en la pared de cal de la habitación donde trabajo parece,  con el tiempo, reflejar su sentido sobre nuestra condición. Oprime el corazón, mas ¡qué bien apaga la sed! Desde hace dos años, ni un solo refractario ha podido atravesar la puerta sin quemar sus ojos en las pruebas de esta candela. La mujer explica, el emparedado escucha. Laspalabras que van cayendo de su terrestre silueta de ángel rojo son palabras esenciales, palabras que auxilian inmediatamente. Al fondo del calabozo, los minutos de sebo de la claridad estiran y diluyen los rasgos del hombre sentado. Esa su delgadez de ortiga seca, no veo ni un recuerdo que pueda hacerla temblar. La escudilla es una ruina. Pero la falda hinchada de repente llena todo el calabozo. El Verbo de la mujer hace nacer lo inesperado mejor que cualquier aurora.

René Char
Furor y misterio

5.5.26

Figuras, 2023 - 2025. Manuel Rosa. Galeria Fernando Santos, Porto






Conviene que la poesía sea inseparable de lo previsible, pero todavía no formulado.

Tierra movediza, horrible, exquisita, y condición humana heterogénea se apropian una de otra y se cualifican mutuamente. La poesías e extrae de la suma exaltada de sus reflejos.

El alojamiento del poeta es uno de los más imprecisos: el abismo de un fuego triste licita su mesa de madera blanca.
La vitalidad del poeta no es una vitalidad del más allá, sino un punto diamantado actual de presencias transcendentes y de tormentas peregrinas.

No te demores en el surco de los resultados.

A nadie pertenecemos salvo al punto de oro de esa lámpara, desconocida e inaccesible para nosotros, que mantiene la vigilia del valor y el silencio.

Uno no pelea sino por las causas que él mismo moldea: al identificarse, arde con ellas.

Actuar como primitivo y prever como estratega.

Las cosechas más puras se siembran en un suelo que no existe. Eliminan la gratitud y solamente están en deuda con la primavera.

Acercar una cerilla a la lámpara y lo que se enciende no alumbra. Es lejos, muy lejos de tí, donde el círculo ilumina.

El fruto está ciego. Es el árbol quien ve.

La lucidez es la herida más cercana al sol.

¿Estamos destinados a no ser sino comienzos de verdad?

En tu cuerpo consciente, la realidad adelanta algunos minutos de imaginación. Ese tiempo nunca recuperado es un abismo extraño a los actos de este mundo. Nunca se trata de una sombra simple a pesar de su aroma de clemencia nocturna, de supervivencia religiosa, de infancia incorruptible.

De manera brusca, recuerdas que tienes un rostro.

En el bucle de la golondrina se forma una tormenta, se construye un jardín.


René Char
Furor y misterio

22.4.26

El hombre que camina, 1900 - 1907. Auguste Rodin





Toda respiración propone un reino: la tarea de perseguir, la decisión de mantener, el entusiasmo de liberar. El poeta comparte en la inocencia y en la pobreza la condición de unos, condena y rechaza la arbitrariedad de los otros. 

Toda respiración propone un reino: hasta que se cumpla el destino de esta cabeza monotipo que llora, se obstina y se suelta para romperse en el infinito, exenta cabeza de lo imaginario.


René Char



Los torsos se consuman porque el tiempo ha roto las cabezas.


Maurice Blanchot

14.4.26

Roman Rock Crystal Icosahedron. Roman Empire, 2nd - 3rd century AD. Louvre Museum, Paris






Tercer punto, que será muy importante para nosotros, porque a esto es a lo que quería llegar. ¿Qué quiere decir la expresión que empleamos, a veces "semiótica", otras veces "semiología"? Y bien, no es difícil. Cuando consideramos a los semiólogos, cuando nos damos cuenta de que si hay una noción de la que no hablan, es la del signo, al principio uno queda un poco sorprendido. ¿Cómo puede ser que algunos semiólogos no hablen del signo? En un segundo momento, estamos aún más sorprendidos ya que nos damos cuenta de que detestan esa noción y la declaran precientífica. tienen en contra algo muy, muy profundo. De modo que si quieren una definición de semiología, diría provisoriamente que es una semiótica que no les habla del signo y que opera sin signo. Lo dice ella misma, ya que pretende constituirse realmente como disciplina rigurosa con la condición de renunciar a la noción de signo. (...)

Explican que en un primer momento –un momento puramente lógico– la semiología se encontraba con el hecho siguiente: la famosa distinción saussuriana significante/significado, siendo el significante y el significado las dos caras de una misma realidad lingüística. El signo era verdaderamente bifaz: significante sobre significado. la semiología se desarrolló percibiendo que el equilibrio entre las dos caras era necesariamente inestable, y que o bien seríamos llevados a darle prevalencia al significado, y recaeríamos en la peor metafísica antigua, o bien había que darle la prevalencia al significante. ¿Qué quería decir esto último? Que en todo significado subsistía la huella del significante y que el significante primaba en la relación significante/significado. Muy esquematizado, de un modo muy básico, es el pensamiento de Derrida en el momento de De la gramatología: hacer estallar la noción de signo a favor del significante. Y nos amenaza diciéndonos que, de lo contrario, estaríamos obligados a concederle el primado al significado, y que si le concedemos el primado al significado, regresaremos a la vieja metafísica de las esencias y lo inteligible, como primero respecto del lenguaje. 

El segundo golpe fatal –y hablo lógicamente, porque puede preceder al primero en el tiempo– fue el golpe de Lacan. Que ni siquiera planteaba el problema en el nivel del significante en sus relaciones con el significado, sino que lo planteaba en el nivel de lo que llama la "cadena significante". La cadena significante por sí sola bastaba para quebrar la noción de signo y volverla radicalmente inútil. ¿En qué medida? En la medida en que sus famosas fórmulas Lacan iba a interpretar el guión de la relación significado-significante de Saussure e iba a comprenderlo como una barra. Por lo tanto, la semiología sería la ciencia de la cadena significante o la disciplina que se ocupa de las cadenas significantes, es decir, el psicoanálisis como disciplina del inconsciente en sus relaciones con el lenguaje.

El tercer estadio consistió en superar el signo ya no solamente hacia la cadena significante, sino hacia una noción original de Julia Kristeva, que presenta como la "significancia". Encontrarán reseñas sobre esto, si les interesa.

Seguramente hay un cuarto momento, pero con esto alcanza. Llamamos entonces "semiología" a una disciplina que no trata del signo, sino del significante, las cadenas significantes, o la significancia, en la lengua y en cualquier clase de lenguaje. Desde entonces, tanto los tipos de lenguajes no verbales, por ejemplo, así como la lengua, excluirán todo lo que puede ser llamado signo. Y en efecto, si vuelvo a Christian Metz, encontrarán en el libro Lenguaje y cine una denuncia explícita de la noción de signo.

Veamos del otro lado. Siguiendo a Peirce, llamo "semiótica" a una disciplina que presenta los dos caracteres siguientes: mantener el carácter absolutamente indispensable del signo y engendrar las operaciones del lenguaje, las determinaciones del lenguaje –y digo del lenguaje, no solamente del habla– a partir de una materia no lingüística que implica a los signos.

Es un sentimiento, puede que no tenga razón, pero yo me siento muy cerca de la semiótica y muy lejos de la semiología. ¿Qué quiere decir esto? Ya casi hemos terminado entonces con lo difícil.

Retomo las dudas que expresaba respecto de la semiología en el nivel del cine. Decía que me parecía que la semiología cinematográfica estaba fundada sobre tres puntos. Tenía duda sobre cada uno de esos tres puntos. El primer punto era que nos presentaban la narración como un hecho. Me parecía que la narración jamás era un hecho, que no era ni un dato de la imagen ni el efecto de una estructura bajo la imagen, sino que era únicamente el resultado –ven que sostengo mis promesas semióticas– de un proceso que afecta a las imágenes y a los signos: proceso de especificación, movimiento de especificación. Yo no necesito retomar los movimientos de Guillaume, que estaban determinados en función de la gramática. Si me ocupo del cine, evidentemente hace falta encontrar movimientos completamente distintos. Digo que el primer movimiento de las imágenes es el movimiento de la especificación de la imagen-movimiento.

Y vimos que el proceso de especificación de la imagen-movimiento constituye tres tipos de imágenes-movimiento: imagen-percepción, imagen-afección, imagen-acción. Ahí no tengo absolutamente narrativo. Obtengo la narración cuando combino estos tres tipos de imágenes siguiendo una ley que es la ley del esquema sensorio-motor. Ven entonces que aquí me siento muy discípulo de Guillaume. Digo exactamente que hay un proceso de especificación que agita a las imágenes, pura materia-movimiento que nos entrega los tres tipos de imágenes y que constituye precisamente un proceso no formado lingüísticamente y que sin embargo es plenamente el primer piso de la semiótica. El proceso de especificación de la imagen-movimiento en tres tipos de imágenes no está formado lingüísticamente, aunque cinematográficamente esté perfectamente formado.

Segundo punto. ¿Podemos asimilar la imagen cinematográfica a un enunciado, como hace la semiología? No. Finalmente mis perturbaciones provienen de esto. Si la asimilamos a un enunciado, será un enunciado analógico. Ahora bien, solo se puede asimilar la imagen cinematográfica a un enunciado analógico si ya pusimos entre paréntesis el movimiento.

De hecho, en este segundo nivel la imagen cinematográfica es inseparable de un proceso que vimos que era el de diferenciación e integración, proceso muy diferente al de especificación. El proceso de especificación era la especificación de la imagen-movimiento en tres tipos de imágenes principales. El proceso de la diferenciación-integración es el doble aspecto de la imagen-movimiento en cuanto que, por una parte, remite a un Todo cuyo cambio expresa –integración–, y por otra parte, el movimiento se distribuye, se reparte entre los objetos encuadrados en la imagen –diferenciación–.

Los dos se comunican, hacen un circuito de manera incesante. ¿En qué sentido? En el sentido de que el encadenamiento de las imágenes especificadas en tres tipos de imágenes  –ven que vuelvo a mi primer proceso– no se produce sin que las imágenes así encadenadas se interioricen en un Todo al mismo tiempo que el Todo se exterioriza en las imágenes. Puedo decir que mi segundo proceso de diferenciación-integración se encadena directamente con el primero.

Si ahora hablara del tiempo, para la imagen-tiempo retomaría dos procesos concernientes a las imágenes, su materia, sus relaciones, pero evidentemente no serían los mismos de Guillaume. Lo vimos, voy muy rápido. Distinguiría un proceso de seriación del tiempo, la serie del tiempo, y un porceso de ordenación del tiempo, las relaciones de tiempo, la coexistencia de las relaciones de tiempo.

Digo que esos dos procesos no tienen nada de lingüísticos. Al reaccionar sobre las imágenes cinematográficas, constituyen los signos del tiempo, tal como hace un momento tenía signos del movimiento.

En otros términos, el conjunto de estos procesos y el juego de las imágenes y de los signos que derivan de ellos no son en nada un lenguaje, como tampoco una lengua. ¿Qué son entonces? Son el correlato no formado lingüísticamente de todo lenguaje y toda lengua posible. Son la materia de Hjelmslev, la materia no formada lingüísticamente. Son el significado de potencia de Guillaume. Por eso necesitaba hacer este largo análisis. Por mi cuenta, es lo que llamaré "lo enunciable". No son enunciados, son lo enunciable como materia. Son el objeto de la semiótica pura. La semiótica pura opera con imágenes, signos, y procesos no lingüísticos que determinan a esas imágenes y esos signos. Por eso forman un enunciable. Lo enunciable no pertenece ni a la lengua, ni al lenguaje, es el correlato ideal de todo lenguaje. No es un proceso lingüístico. Vimos que los procesos lingüísticos eran en especial el sintagma y el paradigma, la sintagmática y la paradigmática. Los procesos de los que hablé, de especificación, de diferenciación-integración, de seriación, de ordenación, no tienen nada que ver, no son procesos lingüísticos.

No puedo comprender cómo en la semiología pueden escapar de lo que me parecía un círculo vicioso, esto es, decirnos que la imagen cinematográfica es un enunciado porque está sometida a los procesos lingüísticos del sintagma y del paradigma, y decirnos al mismo tiempo que está sometida a los procesos lingüísticos del sintagma y el paradigma porque es un enunciado.

Para mí, la imagen cinematográfica no es un enunciado, sino un enunciable. La diferencia es inmensa. Para mí, la imagen cinematográfica no está sometida a los procesos lingüísticos del sintagma y el paradigma, sino que está determinada semióticamente, y no lingüísticamente, por la lista de los procesos no lingüísticos que acabo de evocar. En este sentido, soy partidario de una semiótica antisemiológica.

No digo para nada que tengo razón. Me sobraría con que ustedes me digan que comprenden la diferencia entre los dos puntos de vista. Si me dicen que con esta concepción de lo enunciable sostengo una vieja metafísica, digo: "Bueno, bueno es un honor".


(...)

Olvidé una pequeña conclusión que era esencial. Todo el problema de partida era por qué los primeros pensadores del cine, o los primeros grandes autores, podían asimilar el cine al monólogo interior. Ven que ya no hay problema para nosotros. Yo les decía que el monólogo interior es algo muy interesante. ¿Pero por qué? Estuvo la tentativa de los soviéticos: comprender el monólogo interior como un protolenguaje. Un protolenguaje puede querer decir muchas cosas. Puede querer decir una lengua primitiva, una lengua infantil... Vimos eso, hice alusión a ese autor muy interesante, Vygotski... En fin. Nosotros, por nuestra cuenta, como resultado de nuestras conclusiones, podemos decir únicamente que el monólogo interior no es lenguaje. Comprenden que ni siquiera hay razón para inventar un protolenguaje, no necesitamos un protolenguaje. Pero diremos que sí, que el cine es monólogo interior. ¿En qué sentido? El monólogo interior no es lenguaje, es lo enunciable, es lo enunciable del lenguaje. Es decir, es la materia no formada lingüísticamente, y sin embargo, formada cinematográficamente. Si no se tratara del cine, diría que es la materia formada estéticamente y no formada lingüísticamente. Por lo tanto, puedo decir que sí, que l cine es monólogo interior, si le di al monólogo interior ese estatus de ser la materia no lingüística que condiciona el lenguaje y a las operaciones del lenguaje.



Gilles Deleuze

Cine IV. Las imágenes del pensamiento