La reproducción en color del Prisionero de Georges de La Tour que he clavado en la pared de cal de la habitación donde trabajo parece, con el tiempo, reflejar su sentido sobre nuestra condición. Oprime el corazón, mas ¡qué bien apaga la sed! Desde hace dos años, ni un solo refractario ha podido atravesar la puerta sin quemar sus ojos en las pruebas de esta candela. La mujer explica, el emparedado escucha. Laspalabras que van cayendo de su terrestre silueta de ángel rojo son palabras esenciales, palabras que auxilian inmediatamente. Al fondo del calabozo, los minutos de sebo de la claridad estiran y diluyen los rasgos del hombre sentado. Esa su delgadez de ortiga seca, no veo ni un recuerdo que pueda hacerla temblar. La escudilla es una ruina. Pero la falda hinchada de repente llena todo el calabozo. El Verbo de la mujer hace nacer lo inesperado mejor que cualquier aurora.
René Char
Furor y misterio

