12.9.09


Obra de la sombra

El Museo Varmland se construye en el año 1927 sobre unos terrenos ganados a las aguas fluviales del lago Dalbosjön, en la ciudad de Karlstadt.
El museo es de planta rectangular con patio. Obra del arquitecto sueco Cyrillus Johanssons.
El estanque anima a avanzar hasta el fondo, más allá del patio, donde aparece el lago; y lo hace, porque el agua del estanque es ya agua de lago: Porque el estanque de forma rectangular, deja entrever en s forma las formas orgánicas de las orillas lacunares.
El estanque prolonga la profundidad de los ingresos y del patio y los transfiere a lugares que no son su posición física exacta. ¿Dónde termina el patio o las jambas?
El estanque acelera el pulso de las imágenes simétricas, fuerza al rectángulo del patio a reunirse bajo el orden de un eje único y le fuerza en un momento en el que se diría que ya era tarde para mentener la simetría. El patio que ligua por lo general la tierra con el cielo, une en Karlstadt la tierra con la tierra. La tierra de detrás y de los alrededores aparece así nueva ante la lente que el estanque funda en el lugar.
El estanque, además, introduce un tamaño al Museo, alarga su fachada más corta y le hace gravitar sobre el cimiento sorprendente de las aguas. Él sólo recoge en su lámina un fragmento trapezoidal del museo y así lo ilimita. Pues el largo eje del estanque encuentra en otro tranversal eje imaginario que ya no es de agua...
Y al ocupar el estanque el eje de acceso, sólo queda el poder ir andando por una de las dos márgenes, izquierda o derecha: es entonces cuando la simetría fundada por el estanque participa de un rival que la mejora al ir rompiéndola.
El estanque traza un camino virtual, un eje hasta la puerta que sólo cabe ser recorrido por las aguas, o por un hombre, si las aceptase como senda nazarena para ir andando sobre ellas. ¿Y cómo no aceptarlas? Es irrefrenable este deseo, ante el agua lisa, de surcarla. El estanque empuja claramente a vivir esta imposibilidad, almacenando el milagro, milagro siempre, de irse acercando.
Y aquello acercado, es la sombra de la enorme hornacina. La superficie del agua, parece estar tendida en su lecho para apreciar solamente la sombra. Sombra: donde la materia y el uso desaparecen. Sombra: desde muy antiguo, lo humanamente esperado de lo construido, reducto donde la luz sea inferior para ser privativa, deformada, como en la cuenca del ojo. Sombra, del latín, umbra, fantasma...
El espacio imaginario de las aguas del estanque, viene a entroncar con el no menos imaginario o fantasmal de las oquedades o sombras que él guarda. En la sombra de la obra, ni una función, ni una definición, ni una materia, no hay puerta, no hay junta, no hay estilo... Sino sólo imágenes que tributan en la libertad, o espacio también, de lo imaginario. Las aguas, habituadas a reflectar la luz sin saber retenerla, acogen, ahora, en esa oscura sombra de la hornacina, una luz remota, una llamarada que sólo corresponde al reino humano. Aparece entonces un signo del hombre en el fondo de las aguas. Obra de la sombra.
La sombra de la hornacina, hace profundas las aguas del estanque, quien, por su parte, oscurece el Museo, ahondándolo.
El Museo Varmland dormita ante el estanque en una profundidad de la que la tierra no sabe nada.


Luis Martínez Santa-María, septiembre 1999.
Publicado en CIRCO. Nº 74 - 2000.