Bajo los limoneros
En el Capo Taormina
El caballero contempla el Golfo de Naxos
El caballero contempla circunstancias claras
Incontestables
Plácidas
Discretamente serenas
Amables
El agua como un plato
Asustada y quieta
Encastillada en la mansedumbre
En una paz inmensa
Sorprendida sólo por algún hecho extraordinario
Un barquichuelo que merodea
Sin rumbo fijo
Al desgaire
Barquitos sin decisión para emprender misiones
Comprometidas
Tareas de mucho calado
Empresas de alto bordo
Igual que hombres paseando
En un parque
Por caminos que no conducen a ninguna parte
Al otro lado del Golfo
La vida brinca en el extendido caserío
Es Giardini Naxos
Con abundante clientela de gentes
Que vienen de lejos
A disfrutar y a reir
Buscando una solución
A la escasez de belleza
Que albergan sus vidas
Una determinación encaminada
A la felicidad
Como la de Goethe gritándole a Europa
Que acudiese a Taormina
A curarse las heridas
De todas las guerras
De las ilusiones muertas
De las ambiciones fallidas
De las horas perdidas
En pasiones condenadas
Al fracaso
Ramón Ayerra.
Bajo los limoneros.
