Lunes, 5 de junio de 1826.
Pongamos que al pasear junto a un arroyo me encuentro con piedras admirablemente formadas cuyas caras expuestas a la intemperie están bellamente recubiertas de musgo. Pues bien, no es sólo la humedad del agua la que ha hecho que el musgo creciera en ellas , sino que también, por ejemplo, cierta pendiente encarada al norte, o unos árboles y arbustos que le den sombra, habrán influido en este punto concreto del arroyo para que se forme este musgo. Si dejo fuera de mi cuadro estas influencias causales, carecerá de veracidad y le faltará toda fuerza de convicción.
J. P. Eckermann
Conversaciones con Goethe
