
Y juntos pensamos de nuevo en aquella lejana tarde de niebla, cuando al hablar del carbón que cargarían a la mañana siguiente, estuvimos de acuerdo en que en el fondo de toda mina de carbón hay siempre un caballo blanco, y que el deber de cada uno de nosotros es encontrar su caballo blanco, cueste lo que cueste.
Giórgos Seféris
Atenas, otoño de 1936
