9.1.10

El salto del caballo

Érase una vez un hombre que trataba de inventar un juego de guerra, cuando había tallado los contendientes, reyes, reinas, soldados, torres, caballos..., harto del derroche de formas figurativas que había empleado dibujó un paisaje abstracto, un territorio donde librar la batalla: 64 cuadrados, la mitad blancos y la mitad negros, cuadros donde se podían inscribir las figuras talladas. Sólo faltaba asignar a cada pieza un movimiento concreto, eso formaba parte de su idea inicial del juego. Muchas horas empleó en pensar movimientos tan simples y lógicos como el campo de batalla, dejó para el final el desplazamiento del caballo, llevaba horas pensando sin encontrar cómo hacerlo. Maldecía haber creado tantas figuras, no parecía que hubiera más movimientos posibles en aquel territorio, había dispuesto desplazamientos horizontales, verticales, diagonales, lentos y rápidos, para el caballo no parecía quedar movimiento alguno. Desesperado aceptó un movimiento extraño a todos los anteriores, ilógico, mixto, poco natural. Será la excepción, pensó, asumiendo su fracaso.
El hombre murió inventando historias que justificaran el movimiento irregular de su caballo, nunca supo que había creado una referencia universal de lo imprevisible.


Juan Luis Trillo