28.11.10


Fotograma de Vorágine, 1900. G. A. Smith




En lógica del sentido recorre la pregunta: ¿qué es pensar? Pregunta que Deleuze siempre escribe dos veces a lo largo de su libro: en el texto de una lógica estoica de lo incorporal y en el texto del análisis freudiano del fantasma. ¿Qué es pensar? Escuchemos a los estoicos que nos dicen como puede haber pensamiento de lo pensado; leamos a Freud que nos dice como el pensamiento puede pensar. Tal vez, consiguamos aquí por vez primera una teoría del pensamiento que esté totalmente liberada del sujeto y del objeto. Pensamiento-acontecimiento tan singular como un golpe de azar; pensamiento-fantasma que no busca lo verdadero, sino que repite el pensamiento.
En cualquier caso, comprendemos por qué surge sin cesar, de la primera a la última página de Lógica del sentido, la boca . Boca por la que Zenón sabía que pasaban tanto las carretadas de alimentos como los carros del sentido ("Si dices carro, un carro pasa por la boca"). Boca, orificio, canal donde el niño entona los simulacros. Los miembros fragmentados, los cuerpos sin voz; boca en la que se articulan las profundidades y las superficies. Boca donde cae la voz del otro, haciendo revolotear por encima del niño los altos ídolos y formando el super-yo. Boca donde los gritos se recortan en fonemas, morfemas, semantemas: boca donde la profundidad de un cuerpo oral se separa del sentido incorporal. En esta boca abierta, en esta voz alimenticia, la génesis del lenguaje, la formación del sentido y la chispa del pensamiento hacen pasar sus series divergentes. Me gustaría hablar del riguroso fonocentrismo de Deleuze si no se tratase de un perpetuo fonodescentramiento.
Que reciba Deleuze el homenaje del gramático fantástico, del sombrío precursor que perfectamente anotó los puntos relevantes de este descentramiento:

Los dientes, la boca
Los dientes la interceptan
Ayudándole la boca
Feas por la boca
Leche en la boca, etc.


Michel Foucalt
Theatrum Philosophicum