26.7.22
20.8.21
7.8.21 First Song. Cacela, Portugal
César Barrio, Leonor Pereira, Mafalda Estacio y Francisco Henriques
Ó mar anterior a nós, teus medos
Tinham coral e praias e arvoredos.
Desvendadas a noite e a cerração,
As tormentas passadas e o mistério,
Abria em flor o Longe, e o Sul sidério
Splendia sobre as naus da iniciação.
Linha severa da longínqua costa -
Quando a nau se aproxima ergue-se a encosta
Em árvores onde o Longe nada Tinha;
Mais perto abre-se a terra em sons o cores:
E, no desembarcar, há aves, flores,
Onde era só, de longe, a abstracta linha.
O sonho é ver as formas invisíveis
Da distancia imprecisa, e, com sensíveis
Movimentos da esp´rança e da vontade,
Buscar na linha fria do horizonte
A árvore, a praia, a flor, a ave. a fonte -
Os beijos merecidos da Verdade.
Fernando Pessoa
Oh, mar anterior a nosotros, tus miedos
Tenían coral y playas y arboledas.
Despejadas la noche y la cerrazón,
Pasadas las tormentas y el misterio,
Se abría en flor lo Lejano, y el Sur astral
resplandecía sobre las naves de la iniciación.
Línea severa de la lejana costa -
Cuando la nave se aproxima se yergue la cuesta
En árboles donde lo Lejano nada tenía;
Más cerca, se abre la tierra en sonidos y colores:
Y, en el desembarco,hay aves, flores,
Donde era sólo, de lejos, la abstracta línea.
El sueño es ver las formas invisibles
De la distancia imprecisa, y, con sensibles
Movimientos de la esperanza y de la voluntad,
Buscar en la línea fría del horizonte
El árbol, la playa, la flor, el ave, la fuente -
Los besos merecidos de la Verdad
Oh ocean preceding us, your fears
Had coral and beaches and forests to them.
Were the night and fog unveiled,
The past´s storms and mystery,
The Afar would blossom, and the starlit South
Shine resplendent on the ship of initiation.
Austere line of the distant coast -
Upon the ship´s approach, the slope of the land rises
In trees with nothing Far about them;
Closer by, the earth opens up in sounds and colours:
And upon landing there are birds and flowers
Where from afar there was only an abstract line.
The dream is to see the invisible forms
Of imprecise distances, and, with sensitive
Movements of hope and will,
To seek out in the cold line of the horizon
The tree, the beach, the flower, the bird, the fountain -
The much-deserved caresses of Truth.
2.3.15
2 piezas de Dalila Gonçalves. Arco 2015, Madrid.
Dia
Como un oásis branco era o meu dia
Nele secretamente eu navegava
Unicamente o vento me seguia
Sophia de Mello Breyner
Chuva Oblíqua
Atravessa esta paisagem o meu sonho dum porto infinito
E a cor das flores é transparente de as velas de grandes navios
Que largam do cais arrastando nas águas por sombra
Os vultos ao sol daquelas árvores antigas...
Fernando Pessoa
Tu corazón se eleva sobre el negro horizonte
con un largo sonido de granada furiosa,
de brasa conmovida por obscuros temblores,
como un ángel surgido de tu materia dura.
Hay un permanecer entre relámpagos.
Hay un puro sentirse aparecido.
Hay un temblor brutal sobre las sombras.
Hay un desfiladero de esmeraldas.
Hay una conjunción de radiaciones.
Hay una esfera roja que se ensancha.
Hay una certidumbre de jazmines.
Hay un obscuro cántico inefable.
Hay un participar en los incendios.
Hay una dimensión resplandeciente.
Hay un significado en haber sido.
Hay un rumor de espiga o de manzano.
Hay una externa luz que nos golpea.
Hay un oro de soles transparentes.
Hay una ordenación de magnitudes.
Hay un conocimiento de lo abierto.
Hay un cuerpo desnudo entre los brazos.
Hay una roca ardiente que persiste.
Hay un sublime tránsito infinito.
Hay un camino blanco entre la niebla.
Hay un regreso cierto desde el humo.
Hay un cáliz, un agua, un pensamiento.
Juan Eduardo Cirlot
La apariencia de lo real siempre se nos presenta con fisuras, con alteraciones y dudas, como si la realidad misma no estuviese suficientemente fundamentada, como si en ella siempre se instaurase una brecha problemática que el fantasma justamente viniese a ocupar, pero que, precisamente a causa de su caracter excesivo somos incapaces de integrar.
El fantasma sería, así, lo que en definitiva es más real que la realidad misma, lo Real mismo insoportable, una posición ciertamente inhabitable.
Alberto Ruiz de Samaniego
Ser y no ser, esa es la cuestión
22.5.14
Sátiro de Mazara del Vallo, Sicilia. Siglo IV d.C.
Los dioses no murieron: lo que murió fue nuestra visión de ellos. No se fueron: los dejamos de ver. O cerramos los ojos o alguna niebla se interpuso entre ellos y nosotros. Subsisten, viven como vivieron, con la misma divinidad y la misma calma.
Hablamos mucho, y con hipocresía, del sentimiento que tenemos de la belleza antigua y de las civilizaciones madres de la nuestra y que fueron paganas. Pero nosotros no tenemos el alma griega ni el alma romana. Los amamos de perfil, incorpóreamente. Nada del alma antigua está en nosotros o con nosotros. Nuestra ansia de belleza clásica es por entero cristiana en su furia de perfección, en su desasosiego.
El sentimiento que llevamos, para amarlos, hasta el pedestal de las estatuas helénicas es un insulto para ellos. Amamos la belleza con demasía: los griegos no la amaron así. En su sentimiento poseían la calma de la lucidez con que veían. Ver muy lúcidamente dificulta sentir en exceso. Y los griegos veían muy lúcidamente. Por eso sentían poco.
El Sensacionismo (Prolegómena)
1. En el principio, en Grecia -y después en Roma, esa América de Grecia- reinó el Objeto, la Cosa, lo Definido. Existía de un lado la Cosa; de otro existía, en bloque, la Sensación, la sensación inmediata y vivida. Y así, cuando el arte era del Objeto, el objeto surgía perfecto y nítido en la realización. Y, como el espíritu concibe siempre el sujeto a semejanza del objeto, las sensaciones (cuando la sensación se tornaba sensación de la sensación, introspectiva, autoanalítica) eran concebidas como concretas, definidas, separadas unas de otras. Por eso no había vaguedad, indecisión, penumbra en la poesía de alma de los griegos y de los romanos. Todo está detallado y detallado a plena luz.
La sensación de la realidad era directa en los griegos y en los romanos, en toda la "antigüedad" clásica. Era inmediata. Entre la sensación y el objeto -fuese este objeto cosa del exterior o un sentimiento- no se interponía ninguna reflexión, ningún elemento extraño al acto mismo de sentir. La atención era por eso perfecta, ceñía los objetos de uno en uno, les delineaba los contornos, los recortaba para la memoria. Cuando era dirigida al interior incidía atentamente sobre cada detalle de la vida espiritual, concentrándolo con la agudeza equilibrada de su atención.
2. Pasado por las almas el cristianismo, desmenuzado enfermizamente el espíritu por sí mismo, la claridad de la sensación se perturbó. La presencia en el pensamiento de las ideas de espíritu, de Dios, de otra vida, concebidas como lo eran, llevaron a una descomposición de la Realidad, tal cual los griegos la habían concebido. Entre la sensación y su objeto -fuese ese objeto una cosa exterior o un sentimiento- se intercaló todo un mundo de nociones espirituales que desvirtuaba la visión directa y lúcida de las cosas. Los griegos habían tenido de los dioses y del Olimpo una noción tal que se les manifestaban como similihumanos, como mera prolongación de la humanidad, concebidos, sin embargo, sub specie humanitatis, como mayores, más poderosos, más libres; no como opuestos, sino en la medida en que "superior" se opone a "inferior". Incluso su inmortalidad no era inhumana, porque era una inmortalidad transcurrida humanamente a lo largo de una eterna duración.
(El concepto del superhombre de Nietzche es un concepto pagano... Pero compárese su antiintelectualismo.)
Otras eran las nociones cristianas. Aquí lo invisible, lo ultrahumano, lo divino, por groseramente que fuese concebido, lo era como opuesto a la Realidad Exterior. Ahora bien, un alma que encara las cosas con tal concepto en el espíritu, no las puede encarar directamente, por mucho que quiera tener esa preocupación. La noción de alma, concebida como diferente del cuerpo y superior a él, empieza por hacer menos importantes las cosas para el espíritu. La noción de Dios sustituía el concepto de las cosas, al que se llamaba Naturaleza. La noción de sobrenatural invitaba a una descreencia en la utilidad, porque lo era en la estabilidad, de lo concreto. Esta nueva noción de milagro llevaba al desprecio, cuando no a la indiferencia, por la posible existencia de las leyes naturales.
Esto, si conducía a un debilitamiento de la atención, a una perturbación de la visión, a una incomprensión instintiva de los hechos, a su vez tenía origen también precisamente en una flaqueza de la voluntad, en una perturbación de la visión, en una incomprensión instintiva de los hechos que tenían en común los griegos y romanos decadentes, precisamente porque tales fenómenos de degeneración psíquica eran naturales en los decadentes y los bárbaros invasores. (...)
¿Cuál es la perturbación que se nos revela en los poemas de los grandes poetas del Renacimiento, abarcando con el Dante y Petrarca, respecto a los antiguos en lavisión de la naturaleza?
Los poetas cantan las cosas indirectamente, viéndolas ya a través de suemoción. Se ven nítidamente, es cierto pero uno, acompañadas de una emoción que se sobrepone a las cosas, y dos, fundidas unas con otras por el sentimiento de su fraternidad en Dios, por ser todas creadas por Dios (S. Francisco de Asís).
Como la noción de lo exterior siempre iba acompañada de la noción de que era creado por Dios, de que el alma le es superior, de que era temporal y transitorio, se sigue que la noción (visión) del objeto exterior viene siempre, espontáneamente, como visión, acompañada de una emoción que lo deforma.
La sensación es nítidamente de lo exterior, pero, al mismo tiempo, ese sentimiento (o sensación) de lo exterior, de lo físico, está siempre acompañada por una oscura conciencia de lo interior, de lo psíquico.
(...) Puede llamarse al arte del Renacimiento el arte de lo físico y de lo psíquico; la atención se divide, pero la preocupación de lo físico está acompañada siempre de la percepción de lo psíquico. Pero no se funden: coexisten. La nitidez absoluta, la lucidez fuerte desaparece. La actitud es, en el fondo, la misma que la antigua; sólo cambia el centro de la atención, que se dirige aquí sobre la sensación y no ya sobre el objeto exterior o interior.
Explicándolo mejor: el hombre del Renacimiento mira las cosas como los griegos, y mira las almas como el griego; pero, mientras que el griego miraba primero las cosas exteriores y las almas después, moldeando su concepto primordial de la realidad según la materia, según los objetos exteriores, el hombre del Renacimiento miraba primero el alma y después las cosas exteriores, moldeando las cosas exteriores según su concepto del alma. Este concepto del alma, como todavía era en parte el concepto antiguo,era todavía nítido, porque tenía aún algo de sus orígenes y había sido moldeado sobre la noción de los contornos de las cosas exteriores. De modo que era relativamente ligera la deformación que el concepto de alma había sufrido. Pero se había dado el hecho capital de que el alma había pasado a ser el centro al que se dirigía la atención. (Deformación del Renacimiento)
3. Romanticismo. Progreso de la centralización de la atención en el alma. La sensación pasa a ser la realidad primordial. El objeto exterior cesa como independiente de la sensación, pasa a ser sentido sólo como sentido. Todas las manifestaciones románticas y cisrománticas pertenecen a esta categoría, incluso el llamado realismo.
(...) Dijo Chateubriand que el romanticismo era la literatura representativa del cristismo; dijo bien. El cristismo sólo con el romanticismo alcanza su perfecta expresión literaria... Las épocas anteriores dependían todavía artísticamnete (como incluso el empleo de los dioses paganos manifiesta) de las fórmulas construidas por el paganismo.
El período en que se deshace el cristismo es el período en que libera más energía; el período en que sus elementos, al descomponerse, pasan a vivir independientes es el período donde cada uno puede mostrar mejor lo que es.
Nadie se admire de que el romanticismo esté contaminado de metafísica pante´sta. El cristismo, al ser emanacionista en su sustancial filosofismo neoplatónico, es panteísta. Sólo no ve ni comprende este hecho quien no haya reducido, por el análisis, el sistema religioso cristista a sus elementos constitutivos.
De los elementos constitutivos del cristismo, vemos cómo el elemento humanitario decadente aparece en la revolución francesa; vemos que el elemento místico, neoplatónico y gnóstico, surge en la florescencia de las escuelas ocultistas; vemos que el elemento imperialista, aparte de acentuarse nítidamente dentro del catolicismo que trata de renacer, aparece en las naciones occidentales con un cuño de brutalidad y de incomprensión de las leyes sociales que no permite olvidar el origen en el imperio de la decadencia; que finalmente el cosmopolitismo asume un carácter acentuado en aquellas naciones que no se cuidan de un imperialismo nítido. ¿Qué se ha hecho, sin embargo, del quinto elemento cristista, el paganismo, sobre el cual el cristismo se irguió y se vitalizó? (...)
El sensacionismo afirma, primero, el principio de la supremacía de la sensación -que la sensación es la única realidad para nosotros.
Partiendo de ahí, el sensacionismo señala las dos especies de sensaciones que podemos tener -las sensaciones procedentes en apariencia del exterior y las sensaciones procedentes en apariencia del interior. Y verifica que hay un tercer orden de sensaciones resultantes del trabajo mental: las sensaciones de lo abstracto.
Preguntando cúal es el fin del arte, el sensacionismo verifica que no puede ser ni la organización de las sensaciones del exterior, porque ése es el fin de la ciencia, ni la organización de las sensaciones procedentes del interior, porque ese es el fin de la filosofía; pero sí, por lo tanto, puede ser la organización de las sensaciones de lo abstracto. El arte es un intento de crear una realidad enteramente diferente de la que las sensaciones aparentemente de lo exterior y las sensaciones aparentemente de lo interior nos sugieren.
Pero el el arte debe obedecer a condiciones de Realidad (esto es, debe producir cosas que tengan, en la medida de lo posible, un aspecto concreto, ya que, siendo el arte creación, debe intentar producir cuato sea posible una impresión análoga a la que las cosas exteriores producen). El arte debe también obedecer a condiciones de Emoción porque debe producir la impresión que los sentimientos exclusivamente producen, que es emocionar sin provocar la acción, los sentimientos de ensoñación, entiéndase, que son los sentimientos interiores en su estado más puro.
Debiendo, pues, reunir el arte las tres cualidades de Abstracción, Realidad y Emoción, no puede dejar de tomar conciencia de sí como concreción abstracta de la emoción (la concreción emotiva de la abstracción).
Así, el arte tiene por asunto no la realidad ( por lo demás, no hay realidad, sino solamente sensacioes artificialmente coordinadas), no la emoción (por lo demás, no hay propiamente emoción, sino solamente sensaciones de emoción), sino la abstracción. No la abstracción pura, que genera la metafísica, sino la abstracción creadora, la abstracción en movimiento. Mientras que la filosofía es estática, el arte es dinámico; es precisamente ésta la única diferencia entre arte y filosofía.(...)
Fernando Pessoa
Sobre literatura y arte
8.5.12
Luis Moreno Mansilla en su estudio de Madrid.
Autopsicografía
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.
Y quienes leen lo que escribe,
en el dolor leído sienten,
no los dos que el poeta vive
sino sólo aquél que no tienen.
Y así por las vías rueda
entreteniendo a la razón,
el tren de juguete con cuerda
al que llamamos corazón.
Fernando Pessoa
11.12.11
Vista de Toledo. El Greco (Domenikos Theotokopoulos)
Primeramente el objeto no es real, sino un buen conductor de lo real.
Benjamín Fondane
17 de diciembre. Cuando, de un modo apremiante, le preguntaron a Zenón si había algo en reposo, dijo: sí, la flecha que vuela está en reposo.
Franz Kafka
Diarios
No es como es nuestra tenebrosa morada, donde los sonidos sólo pueden compararse a los sonidos, los colores a los colores, una sustancia a su análoga; allí todo era homogéneo.
La luz daba sonidos, la melodía engendraba la luz, los colores tenían movimiento, porque estaban vivos, y los objetos eran a la vez sonoros, diáfanos y lo bastante móviles para penetrarse unos a otros y recorrer de una vez toda la extensión.
Louis-Claudel de Saint-Martin
L´Homme du désir
Sueño Triangular.
La luz se había tornado de un amarillo exageradamente lento, de un amarillo sucio de lividez. Habían crecido los intervalos entre las cosas, y los sonidos, más espaciados de una manera nueva, se producían inconexamente. Cuando se oían, terminaban de repente, como cortados. El calor, que parecía haber aumentado, parecía estar, siendo calor, frio. Por la leve rendija de las contraventanas se veía la actitud de exagerada expectativa del único árbol visible. El silencio le había entrado con el color. En la atmósfera se habían cerrado pétalos. Y en la propia composición del espacio una interrelación diferente de algo como planos había alterado y roto el modo como los sueños, las luces y los colores usan la extensión.
Fernando Pessoa
El libro del desasosiego
Así el carácter sacrificado por la psicología de la imaginación que no se ocupa más que de la constitución de las imágenes es un carácter esencial, evidente, de todos conocido: es la movilidad de las imágenes. Existe oposición -en el reino de la imaginación como en tantos otros dominios- entre la constitución y la movilidad. Y, como la descripción de la formas es más fácil que la descripciónde los movimientos, se explica que la psicología se ocupe antes de nada de la primera tarea. Sin embargo, la segunda es la más importante. Para una psicología completa, la imaginación es, sobre todo, un tipo de movilidad espiritual, el tipo de movilidad espiritual más grande, más vivaz, más viva. Por lo tanto, es preciso añadir sistemáticamente al estudio de una imágen particular el de su movilidad, su fecundidad, su vida. Tal estudio es posible porque esa movilidad no es indeterminada. Con frecuencia la movilidad de una imagen particular es una movilidad específica. Entonces una psicología de la imaginación del movimiento debería determinar directamente la movilidad de las imágenes. Debería inducir a trazar, para cada imagen, una verdadera gráfica que definiera su cinetismo.
Gaston Bachelard
El aire y los sueños
Me interesan mucho más no tanto mis ideas mientras pinto sino sus movimientos.
Pablo Picasso
Para Paul Celan, Cuaderno del artista. Anselm Kiefer
"¿Cómo leer una página ya quemada de un libro que arde -escribe Jabés- sino recurriendo a la memoria del fuego?"
Palabra que renace de sus propias cenizas para volver a arder. Incesante memoria, residuo o resto cantable: "Singbarer Rest", en expresión de Paul Celan. Pues, en definitiva, todo libro debe arder, quedar quemado, dejar sólo un residuo de fuego.
José Angel Valente
La memoria del fuego
¿No puede hacerse un film apasionante a partir del plano de París, del desarrollo en orden temporal de sus distintas configuraciones, del condensar el movimiento de sus calles, sus bulevares, sus pasajes y sus plazas a lo largo de un siglo en el espacio de una media hora?
Walter Benjamin
Obra de los pasajes
Mesa lunar, 61-65. Isamu Noguchi
Qué luna tan fuerte cuando levanto
la taza de la mesa
queda un agujero de silencio, y entonces enseguida
pongo la palma de mi mano encima
para no mirar dentro: pongo la taza en su lugar;
también la luna es un agujero en el cráneo del
universo - no mires,
es una fuerza magnética que te atrae - no mires, no
miren,
oigan lo que les digo - caerán dentro. Este vértigo
atractivo, ligero -caerás-
la luna es un pozo de mármol,
sombras que se mueven y alas mudas; y voces
misteriosas.
Yannis Ritsos
Sonata del claro de luna
21.5.11
El hombre de Porlock
La historia marginal de la literatura recoge, como curiosidad, la manera en que se compuso y escribió el Kubla Khan de Coleridge. Ese cuasi-poema es uno de los poemas más extraordinarios de la literatura inglesa, la mayor, a excepción de la griega, de todas las literaturas. Y lo extraordinario del contexto se identifica con lo extraordinario del origen.
Este poema se compuso -cuenta Coleridge- en un sueño. El poeta vivió durante un tiempo en una finca solitaria, entre las aldeas de Porlock y Linton. Un día, en virtud de un calmante que había tomado, se adormeció; y durmió tres horas, durante las cuales, afirma, compuso el poema, al tiempo que de su espíritu surgían sin esfuerzo las imágenes y las expresiones verbales correspondientes.
Al despertar, se dispuso a escribir lo que había compuesto; ya había escrito treinta líneas, cunado le anunciaron la visita de "un hombre de Porlock". Coleridge se sintió obligado a atenderlo. Se entretuvo con él cerca de una hora. No obstante al proseguir la transcripción de lo que había compuesto en sueños, se percató de que había olvidado cuanto le quedaba por escribir; sólo recordó el final del poema, veinticuatro líneas más.
Y así ha llegado hasta nosotros ese Kubla Khan, como un fragmento de fragmentos; el principio y el fin de algo espantoso, de otro mundo, creado en unos términos de misterio que la imaginación no puede humanamente explicarse, y del cual ignoramos, con horror, cuál podría haber sido la intriga. Edgar Allan Poe (discípulo, lo supiera él mismo o no, de Coleridge) nunca alcanzó el Otro Mundo, ni en verso ni en prosa, de esa forma tan natural, ni con esa siniestra plenitud. En todo lo que escribió Poe, en toda su frialdad, algo queda de humano, aunque sea negativo; en el Kubla Khan todo es ajeno, todo pertenece al Más Allá; y la extraña historia transcurre en un Oriente imposible, pero que el poeta ciertamente vio.
No se sabe -Coleridge nunca lo dijo- quién fue aquel "Hombre de Porlock" al que tantos, como yo, habrán maldecido. ¿Será por una coincidencia caótica que aquel intruso misterioso apareciera para interrumpir una comunicación entre el abismo y la vida? ¿Nació la aparente coincidencia de alguna oculta presencia real, de las que parecen impedir conscientemente la revelación de los Misterios, aun cuando es intuitiva y lícita, o la transcripción de los sueños, cuando en ellos duerme alguna forma de esa revelación?
Sea como fuere, creo que el caso de Coleridge representa -de forma excesiva, destinada a formar una alegoría vívida- lo que nos ocurre a todos cuando, a través de la sensibilidad con la que se crea arte, intentamos comunicar, falsos pontífices, desde este mundo con el Otro Mundo de nosotros mismos.
Y es que aunque estemos despiertos al componer, componemos en sueños. Y a todos nosotros, aunque nadie nos visite, acude desde dentro el "Hombre de Porlock", el intruso previsto. Todo cuanto verdaderamente pensamos o sentimos, todo cuanto verdaderamente somos, sufre (en el momento de expresarlo, aunque sólo sea para nosotros mismos) la interrupción fatal de aquel visitante que también somos, de aquella persona externa que cada uno de nosotros tiene en sí mismo, más real en la vida que en nosotros mismos: es la acumulación viva de lo que aprendemos, de lo que creemos que somos, y de lo que deseamos ser.
A este visitante, eternamente misteriosos -porque, al ser nosotros, no es "alguien"-, a ese intruso, eternamente anónimo -porque al estar vivo, es impersonal-, cada uno de nosotros ha de recibirlo, por propia honestidad, entre el principio y el final de un poema, perfectamente terminado, que no nos permitimos que quede escrito. Y lo que entre todos nosotros -artistas grandes o pequeños- realmente sobrevive, son fragmentos de lo que no sabemos qué es, pero que sería, si hubiera sido, la propia expresión de nuestra alma.
¡Quién pudiera ser niño para que nadie nos visitara, ni tuviéramos visitantes a los que atender! Pero no queremos hacer esperar a quien no existe, no queremos ofender "al extraño", que somos nosotros. Y así, de lo que podía haber sido, sólo queda lo que es -del poema, o de la opera omnia, sólo el principio y el fin de cualquier cosa perdida- disjecta membra que, como dice Carlyle, es lo que queda de cualquier poeta, o de cualquier hombre.
Fernando Pessoa
Crítica: ensayos, artículos y entrevistas
El sueño de Coleridge
El fragmento lírico Kubla Khan (cincuenta y tantos versos rimados e irregulares, de prosodia exquisita) fue soñado por el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, en uno de los días del verano de 1797. Coleridge escribe que se había retirado a una granja en el confín de Exmoor; una indisposición lo obligó a tomar un hipnótico; el sueño lo venció momentos después de la lectura de un pasaje de Purchas, que refiere laedificación de un palacio por Kublai Khan, el emperador cuya fama occidental labró Marco Polo. En el sueño de Coleridge, el texto casualmente leído procedió a germinar y a multiplicarse; el hombre que dormía intuyó una serie de imágenes visuales y, simplemente, de palabras que las manifestaban; al cabo de algunas horas se despertó, con la certidumbre de haber compuesto, o recibido, un poema de unos trescientos versos. Los recordaba con singular claridad y pudo transcribir el fragmento que perdura en sus obras. Una visita inesperada lo interrumpió y le fue imposible, después, recordar el resto. "Descubrí, con no pequeña sorpresa y mortificación -cuenta Coleridge-, que si bien retenía de un modo vago la forma general de la visión, todo lo demás, salvo unas ocho odiez líneas sueltas, había desaparecido como las imágenes en la superficie de un río en el que se arroja una piedra, pero, ay de mí, sin la ulterior restauración de estas últimas." Swinburne sintió que lo rescatado era el más altoejemplo de la música del inglés y que el hombre capaz de analizarlo podría (la metáfora es de John Keats) destejer un arco iris. Las traducciones o resúmenes de poemas cuya virtud fundamental es la música son vanas y pueden ser perjudiciales; bástenos retener, por ahora, que a Coleridge le fue dada en un sueño una página de no discutido esplendor.
El caso, aunque extraordinario, no es único. En el estudio psicológico The world of Dreams, Havelock Ellis lo ha equiparado con el del violinista y compositor Giuseppe Tartini, que soño que el Diablo (su esclavo) ejecutaba en el violín una prodigiosa sonata; el soñador, al despertar, dedujo de su imperfecto recuerdo el Trillo del Diavolo. Otro clásico ejemplo de celebración inconsciente es el de Robert Louis Stevenson, a quien un sueño (según él mismo ha referido en su Chapters on Dreams) le dio el argumento de Olalla y otro, en 1884, el de Jekyll & Hide. Tartini quiso imitar en la vigilia la música de un sueño; Stevenson recibió del sueño argumentos, es decir, formas generales; más afín a la inspiración verbal de Coleridge es la que Beda el Venerable atribuye a Caedmos (Historia ecclessiastica gentis Anglocum, IV, 24). El caso ocurrió a finales del siglo VII, en la Inglaterra misionera y guerrera de los reinos sajones. Caedmon era un rudo pastor y ya no era joven; una noche, se escurrió en una fiesta porque previó que le pasarían el arpa, y se sabía incapaz de cantar. Se echó a dormir en el establo, entre los caballos, y en el sueño alguien lo llamó por su nombre y le ordenó que cantara. Caedmon contestó que no sabía, pero el otro le dijo: "Canta el principio de las cosas creadas". Caedmon, entonces, dijo versos que jamás había oido. No los olvidó, al despertar, y pudo repetirlos ante los monjes del cercano monasterio de Hild. No aprendió a leer, pero los monjes le explicaban pasajes de la historia sagrada y él "los rumiaba como un limpio animal y los convertía en versos dulcísimos, y de esta manera cantó la creación del mundo y del hombre y toda la historia del Génesis y el éxodo de los hijos de Israel y su entrada en la tierra de promisión, y muchas otras cosas de la Escritura, y la encarnación, pasión, resurección y ascensión del Señor, y la venida del Espíritu Santo y la enseñanza de los apóstoles, y también el terror del Juicio Final, el horror de las penas infernales, las dulzuras del cielo y las mercedes y los juicios de Dios". Años después, profetizó la hora en que iba a dormir y la esperó durmiendo. Esperemos que volvió a encontrarse con su ángel.
A primera vista, el sueño de Coleridge corre el albur de parecer menos asombroso que el de su precursor. Kubla Khan es una composición admirable y las nueve líneas del himno soñado por Caedmon casi no presentan otra virtud que su origen onírico, pero Coleridge ya era un poeta y a Caedmon le fue revelada una vocación. Hay, sin embargo, un hecho ulterior, que magnifica hasta lo insondable la maravilla del sueño en que se engendró Kubla Khan. Si este hecho es verdadero, la historia del sueño de Coleridge es anterior en muchos siglos a Coleridge y no ha tocado aún a su fin.
El poeta soñó en 1797 (otros entienden que en 1798) y publicó su relación del sueño en 1816, a manera de glosa o justificación del poema inconcluso. Veinte años después apareció en París, fragmentariamente, la primera versión occidental de una sw esas historias universales en que la literatura persa es tan rica, el Compendio de Historias de Rashid ed-Din, que data del siglo XIV. En una página se lee: "Al este de Shnag-tu, Kubla Khan erigió un palacio, según un plano que había visto en un sueño y que guardaba en la memoria". Quien esto escribió era el visir de Ghazan Mahmud, que descendía de Kubla.
Un emperador mongol, en el siglo XIII, sueña un palacio y lo edifica conforme a la visión; en el siglo XVIII, un poeta inglés que no pudo saber que esa fábrica se derivó de un sueño, sueña un poema sobre el palacio. Confrontadas con esa simetría, que trabaja con almas de hombres que duermen y abarca continentes y siglos, nada o muy poco son, me parece, las levitaciones, resurrecciones y apariciones de los libros piadosos.
¿Qué expicación preferimos? Quienes de antemano rechazan lo sobrenatural (yo trato, siempre, de pertenecer a ese gremio) juzgarán que la historia de los sueños es una coincidencia, un dibujo trazado por el azar, como las formas de leones o de caballos que a veces configuran las nubes. Otros argüirán que el poeta supo de algún modo que el emperador había soñado el palacio y dijo haber soñado el poema para crear una espléndida ficción que asimismo paliara o justificara lo truncado y rapsódico de los versos. Esta conjetura es verosímil, pero nos obliga a postular, arbitrariamente, un texto no identificado por los sinólogos en el que Coleridge pudo leer, antes de 1816, el sueño de Kubla. Más encantadoras son las hipótesis que trascienden lo racional. Por ejemplo, cabe suponer que el alma del emperador, destruido el palacio, penetró en el alma de Coleridge, para que éste lo reconstruyera en palabras, más duraderas que los mármoles y metales.
El primer sueño agregó a la realidad un palacio; el segundo, que se produjo cinco siglos después, un poema (o principio de poema) sugerido por el palacio; la similitud de los sueños deja entrever un plan; el período enorme revela un ejecutor sobrehumano. Indagar el propósito de ese Inmortal o de ese longevo sería, tal vez, no menos atrevido que inútil, pero es lícito sospechar que no lo ha logrado. En 1691, el P. Gerbillon, de la Compañia de Jesús, comprobó que del palacio de Kubla Khan sólo quedaban ruinas; del poema nos consta que apenas se rescataron cincuenta versos. Tales hechos permiten conjeturar que la serie de sueños y de trabajos no ha tocado a su fin. Al primer soñador le fue deparada en la noche la visión de un palacio y lo construyó; al segundo, que no supo del sueño del anterior, el poema sobre el palacio. Si no marra el esquema, alguien, en una noche de la que nos apartan los siglos, soñará el mismo sueño y no sospechará que otros lo soñaron y le dará la forma de un mármol o de una música. Quizá la serie de los sueños no tenga fin, quizá la clave esté en el último.
Ya escrito lo anterior, entreveo o creo entrever otra explicación. Acaso un arquetipo no revelado aún a los hombres, un objeto eterno (para usar la nomenclatura de Whitehead), esté ingresando paulatinamente en el mundo; su primera manifestación fue el palacio; la segunda el poema. quien los hubiera comparado habría visto que eran esencialmente iguales.
Jorge Luis Borges
Otras inquisiciones
1.12.10
Pessoa en la plaza del Comercio, Lisboa
Contenido de la sensación:
a) sensación del mundo exterior.
b) sensación del objeto que se percibe en ese momento.
c) ideas objetivas asociadas con el mismo.
d) ideas subjetivas asociadas con el mismo (estado mental en ese momento).
e) el temperamento y la base mental del que siente.
f) el fenómeno abstracto de la conciencia.
Así, cada sensación es un cubo, que se puede considerar apoyado sobre el lado que representa F, teniendo hacia arriba el lado que representa A. Los otros lados son, naturalmente, B, C, D y E.
Ahora, este cubo puede ser observado de tres modos:
1) Sólo de un lado, de forma que ninguno de los otros se vea;
2) Con un lado de un cuadrado (sostenido) paralelo a los ojos para que se vean dos lados del cubo.
3) Con un vértice sostenido ante los ojos, para que se vean tres lados.
Desde un punto de vista objetivo, el Cubo de la Sensación se compone de:
ideas = líneas
imágenes (internas) = planos
imágenes de objetos = sólidos.
Examinando de la forma 1, el cubo de las sensaciones se resuelve en un cuadrado, de forma que la base del arte son las ideas,e imágenes de objetos, qua imágenes mentales. Es este el arte clásico que, en contra de lo que se piensa, no va directamente a la naturaleza, sino a la imagen mental de ésta (...).
No existe nada, ninguna realidad, excepto las sensaciones. Las ideas son sensaciones, pero de cosas no situadas en el espacio, y a veces ni siquiera en el tiempo.
La lógica, el lugar de las ideas, es otra clase de espacio.
Los sueños son sensaciones de dos dimensiones solamente. Las ideas son sensaciones de una sola dimensión. Una línea es una idea.
Cada sensación (de una cosa sólida) es un cuerpo sólido delimitado por planos, que son imágenes internas (de la naturaleza de los sueños -de dos dimensiones), delimitadas ellas mismas por líneas (que son ideas, de una sola dimensión). El Sensacionismo pretende, consciente de esta auténtica realidad, realizar en arte la descomposición de la realidad en sus elementos psíquicos geométricos.
El fin del arte es sencillamente incrementar la conciencia humana. Su criterio es la aceptación general (o semigeneral), más pronto o más tarde, pues esa es la prueba que tiende a aumentar la autoconciencia de los hombres.
Cuanto más descomponemos y analizamos en sus elementos psíquicos nuestras sensaciones, más aumentamos nuestra autoconciencia. El arte tiene, pues, el deber de hacerse cada vez más consciente. En la época clásica, el arte desarrolló la conciencia al nivel de la sensación tridimensional, esto es, el arte se aplicó a una visión perfecta y clara de la realidad considerada como sólida. De ahí la actitud mental griega, que nos parece tan extraña, de introducir conceptos tales como el de la esfera en las abstracciones más abstractas, como en el caso de Parménides, cuyo concepto idealista de un universo altamente abstracto admite, sin embargo, que se describa como esférico.
El arte poscristiano ha ido acercándose paulatinamente a la creación de un arte bidimensional.
Nosotros debemos crear un arte de una dimensión.
(...)
El cubismo, el futurismo y escuelas análogas son aplicaciones erróneas de intuiciones que son fundamentalmente correctas. El error reside en el hecho de que intentan resolver un problema que ellos suponen en términos de arte tridimensional; su error fundamental consiste en que atribuyen a las sensaciones una realidad exterior, que de hecho tienen, pero no en el sentido que los futuristas y otros creen.
Interseccionismo de primer grado -o interseccionismo material- intersección de las realizaciones artísticas. El de los futuristas y de los cubistas, que interseccionan pintura y literatura, escultura y literatura.
Interseccionismo de segundo grado: el de los procedimientos artísticos.
Interseccionismo de tercer grado: el de los tipos de inspiración.
Los románticos intentan juntar. Los interseccionistas procuran fundir. Wagner quería música + pintura + poesía. Nosotros queremos música x pintura x poesía.
Fernando Pessoa
Sobre literatura y arte
27.4.10
Encontro. Amália Rodrigues - Don Byas.
Respuesta a un cuestionario sobre el fado
Toda poesía -y la canción no es otra cosa que una poesía socorrida- refleja lo que el alma no tiene. Por eso la canción de los pueblos tristes es alegre, y la canción de los pueblos alegres es triste.
Sin embargo, el fado no es alegre ni triste. Es un episodio de intervalo. El alma portuguesa lo creó cuando no existía y lo deseaba todo sin tener fuerza para desearlo.
Las almas fuertes lo atribuyen todo al destino; sólo los débiles confían en la voluntad propia, porque ésta no existe.
El fado expresa, o es, el cansancio del alma fuerte, la mirada de desprecio de Portugal al Dios en que creía y que también lo abandonó.
En el fado, los Dioses regresan, legítimos y distantes. Ése es el segundo sentido de la figura del rey Sebastián.
Fernando Pessoa
Crítica: Ensayos, artículos y entrevistas
27.1.10
Es regla de vida que podemos y debemos aprender de todo el mundo. Hay cosas de la seriedad de la vida que podemos aprender de charlatanes y bandidos, hay filosofías que nos suministran los estúpidos, hay lecciones de firmeza y de ley que por azar nos llegan desde aquellos que el azar eligió. Todo está en todo.
En ciertos momentos muy claros de mi meditación, como aquellos en los que, al comienzo de la tarde, me paseo de observador por las calles, cada persona me aporta una noticia, cada casa me ofrece una novedad, cada cartel tiene un aviso para mí.
Mi paseo silencioso es una conversación continua, y todos nosotros, hombres, casas, piedras, carteles y cielo, somos una gran multitud amiga, acodándose con palabras en la gran procesión del Destino.
Fernando Pessoa
Libro del desasosiego
5.1.10
Supongo que es por ser lo que se llama un decadente por lo que hay en mí, como definición externa de mi espíritu, esos débiles destellos tristes de una extrañeza postiza que incorporan en palabras inesperadas un alma ansiosa y malabar. Siento que soy así y que soy absurdo. Por eso busco, por una imitación de una hipótesis de los clásicos, representar al menos en una matemática expresiva las sensaciones decorativas de mi alma sustituida. A cierta altura de mi meditación escrita, ya no sé donde tengo el centro de atención -si en las sensaciones dispersas que procuro describir, como tapicerías desconocidas, si en las palabras con las que, queriendo describir la propia descripción, me embreño, me desencamino y veo otras cosas. Se me forman dentro de mí asociaciones de ideas, de imágenes, de palabras -todo lúcido y difuso-, y estoy diciendo tanto lo que siento como lo que supongo que siento, sin distinguir ni lo que el alma me sugiere de lo que las imágenes, que el alma fue dejando caer, van floreciéndome en el suelo, ni siquiera un sonido de palabra bárbara o un ritmo de frase intercalada no me apartan del asunto ya incierto, de la sensación ya aparcada, y me absuelven de tener que pensar y decir, como grandes viajes hechos para distraerse. Y todo esto, que, si lo repitiera, debería darme una sensación de futilidad, de fracaso, de sufrimiento, no consigue sino darme alas de oro. Siempre que hablo de imágenes, tal vez porque fuera a condenar su abuso, me nacen imágenes; siempre que me alzo desde mí mismo para rechazar lo que no siento, lo estoy sintiendo ya y el propio rechazo es una sensación con bordados; siempre que, perdida ya la fe en el esfuerzo, me quiero abandonar al extravío, un término clásico, un adjetivo espacial y sobrio, me hacen de repente, como una luz solar, ver clara frente a mí la página escrita durmiendo, y las letras de la tinta de mi pluma son un mapa absurdo de señales mágicas. Y me deposito como deposito la pluma, y trazo la capa de mi reclinarme sin nexo, lejano, intermedio y súcubo, final como un naúfrago ahogándose a la vida de islas maravillosas, que aquellos mismos mares dorados de violeta que en remotos lechos había soñado de verdad.
Fernando Pessoa
Libro del desasosiego
22.12.09
3.11.09

Líbrenme los dioses
en su arbitrio
superior y urdido a escondidas
de amor, gloria y riqueza.
Líbrenme, pero déjenme,
déjenme tan sólo
la conciencia lúcida y solemne
de las cosas y de los seres.
Poco me importa
amor o gloria.
La riqueza es un metal, la gloria un eco
y el amor una sombra.
Mas la concisa
atención puesta
en las formas y en las maneras de los objetos
tiene abrigo seguro.
Sus fundamentos
son todo el mundo,
su amor es el plácido universo,
su riqueza la vida.
Su gloria
es la suprema
certeza de la solemne y clara posesión
de las formas de los objetos.
El resto pasa
y teme la muerte.
Sólo nada teme o sufre la visión clara
e inútil del Universo.
Tirem-me os deuses
Em seu arbítrio
Superior e urdido às escondidas
Amor, glória e riqueza.
Tirem, mas deixem-me
Deixem-me apenas
A consciência lúcida e solene
Das coisas e dos seres.
Pouco me importa
Amor ou glória.
A riqueza é um metal, a gloría é um eco
E o amor uma sombra.
Mas a concisa
Atençao dada
Às formas e às maneiras dos objectos
Tem abrigo seguro.
Seus fundamentos
Sao todo o mundo,
Seu amor é o plácido universo,
Sua riqueza a vida.
A sua glória
É a suprema
Certeza da solene e clara posse
Das formas dos objectos.
O resto passa,
E teme a morte.
Só nada teme ou sofre a visao clara
E inútil do Universo.
Ricardo Reis
Fernando Pessoa
Un corazón de nadie.Antología poética (1913-1935).
26.8.09
2.- El arte es la personalización de la sensación, esto es, la sustracción de la sensación es ser común con las demás.
3.- Primera regla: sentirlo todo de todas las maneras. Abolir el dogma de la personalidad: cada uno de nosotros debe de ser muchos. El arte es la aspiración del individuo a ser el universo. El universo es una cosa imaginada: la obra de arte es un producto de la imaginación. La obra de arte añade al universo la cuarta dimensión de lo superfluo.
4.- Seguna regla: abolir el dogam de la objetividad. La obra de arte es una tentativa de probar que el universo no es real.
5.- Tercera regla: abolir el dogma del dinamismo. La obra de arte se propone fijar lo que sólo aparentemente es pasajero.
6.-Éstos son los tres principios del sensacionismo considerado sólo como arte.
7.- Considerado como metafísica, el sensacionismo se propone la no comprensión del universo. La realidad es la incomprensibilidad de las cosas.
Fernando Pessoa.
Máscaras y paradojas.
1.7.09
tuyo exagera o excluye.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas.
Así en cada lago la luna toda
brilla, porque alta vive.
Para ser grande, sê inteiro: nada
Teu exagera ou exclui.
Sê todo em cada coisa. Poe quanto és
No mínimo que fazes.
Assim em cada lago a lua toda
Brilha, porque alta vive.
Ricardo Reis.
Fernando Pessoa.
Antología poética.
10.6.09
Un dios, en el sentido pagano, esto es, verdadero, no es más que la inteligencia que un ente tiene de sí mismo, pues esa inteligencia que tiene de sí mismo es la forma impersonal, y por eso ideal, de lo que es. Formándonos un concepto intelectual de nosotros, formamos un dios de nosotros mismos. Pocos, sin embargo, se forman un concepto intelectual de sí mismos, porque la inteligencia es esencialmente objetiva. Incluso entre los grandes genios son raros los que existieron para sí mismos con plena objetividad.
Vivir es pertenecer a otro. Morir es pertenecer a otro. Vivir y morir son la misma cosa. Pero vivir es pertenecer a otro por fuera, y morir es pertenecer a otro por dentro. Las dos cosas se asemejan, pero la vida es el lado de fuera de la muerte. Por eso la vida es la vida y la muerte es la muerte, pero el lado de fuera es siempre más verdadero que el lado de dentro, tanto que es el lado de fuera el que se ve.
Toda emoción verdadera es mentira en la inteligencia, pues no se da en ella. Toda emoción verdadera tiene por tanto una expresión falsa. Expresarse es decir lo que no se siente.
Los caballos de la caballería forman la caballería. Sin las monturas, los caballeros serían peones. El lugar hace la localidad. Estar es ser.
Fingir es conocerse.
Alvaro de Campos.
Sobre arte y literatura.
Fernando Pessoa.
4.5.09
Fernando pessoa.
Libro del desasosiego.
La mayoría de los hombres vive con espontaneidad una vida ficticia y ajena.La mayoría de las personas son otras personas, dijo Oscar Wilde, y qué razón tenía.Unos gastan su vida persiguiendo alguna cosa que no quieren; otros la emplean en la búsqueda de lo que quieren y no les sirve; otros más se pierden.
Pero la mayoría es feliz y goza de la vida sin darle la menor importancia.
Fernando Pessoa.
Libro del desasosiego.












